Carlos Reyes Sahagún

 

Cronista del municipio de Aguascalientes

30 de mayo de 2015. La Universidad Autónoma de Aguascalientes entrega títulos a sus más recientes egresados, a quienes hay que ver: ellas con traje de noche –telas vaporosas, largas, muchos brillos, piedritas y mucho movimiento, según me explicaron- o de coctel, peinado de salón y maquillaje de día de fiesta, y ellos, la mayoría, de traje y corbata…

En el mejor de los casos quienes reciben su documento egresaron en diciembre anterior, pero tampoco faltan los que se fueron rezagando, porque les faltaba algún requisito de titulación, porque no habían concluido la tesis o, simplemente, porque no tenían dinero para sufragar todos los gastos que deben hacerse.

Inicia la ceremonia con la lectura de una frase de Eleanor Roosevelt, que expresa el sentido de esta gala: El futuro pertenece a los que creen en la belleza de sus sueños… Luego de la presentación de las autoridades, viene la interpretación del Himno Universitario por el coro Maybezy, bajo la dirección del profesor Oscar Malo Flores, autor de la música y la letra del mismo.

Al finalizar el himno viene el primer grupo de quienes reciben su título. Los nuevos profesionistas se ponen de pie y van al lado derecho del escenario, para subir por una rampa, apersonarse ante el presídium, recibir el documento y bajar por el lado izquierdo, en donde hay un pequeño corredor reservado para los fotógrafos familiares. Ahí se van ubicando padres, hermanos, esposos, esposas, para tomar la fotografía del festejado con su título en mano. En algunos casos toman la imagen y luego el joven se acerca al padre y se abrazan. Luego regresa a su lugar mientras este enjuga una lágrima.

Terminado este primer grupo habla, en nombre de quienes reciben el título, Lorena González González, egresada de la primera generación de Nutrición, que de entrada expresa lo que la universidad debió hacer con todos los que pasan por sus aulas: abrir las puertas de un mundo nuevo y transformar sus vidas. Rápidamente repasa los años recientes, las experiencias de clase, los momentos de convivencia, los compañeros y profesores, para concluir con la idea de que es ahora el momento de afrontar nuevas responsabilidades consigo mismos y con la comunidad, y dice: no hay recetas mágicas, ni buena o mala suerte. Sólo constancia y aplicación para aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Por ello debemos estar preparados para asumir los desafíos de nuestra época con una actitud proactiva. No todo el mundo atiende a la ceremonia con los cinco sentidos. Ahí están, por ejemplo, esas novísimas psicólogas, atrapadas por una de las plagas de este, nuestro siglo: el facebook en los teléfonos móviles…

Luego de la intervención de la nutrióloga continúa la entrega de documentos para los egresados del Centro de Ciencias de la Salud. La de historias contaría este ramillete de jóvenes –y unos cuantos no tanto-; historias de éxito, en algunos casos de auténtica terquedad, de voluntad de salir adelante, superar el miedo al fracaso, la angustia por ese obstáculo que en un momento se siente insuperable, o ese profesor al que no se le halla el modo, etc. Pero también el gozo por el conocimiento, la satisfacción de ir subiendo peldaños, las horas pasadas en la cafetería, o en los jardines. Todo se mezcla en este momento y todo queda atrás, de cara a las nuevas tareas que hay afrontar; nuevas angustias y alegrías.

Lo que podría decir aquella muchacha que recibe ahora su título… Esa que lleva en brazos a una niña; las que debió pasar para llegar a este momento…

Como haya sido, es esta una ceremonia relajada, dado que ya todo lo difícil pasó, pero no faltan quienes de todos modos están de nervios. Ahí está, por ejemplo, Norita Salcedo Saldívar, a quien le preocupa, no algún pendiente académico, sino la posibilidad de caerse a la hora de recibir su título de historiadora…

Corresponde ahora turno a los egresados del Centro de Ciencias Sociales. De todos los que han subido, no hay persona que no reciba, cuando menos, un aplauso procedente de allá lejos, en la parte destinada a los invitados, o de sus compañeros, aunque también hay casos en que pareciera que trajeron porra, gritos y silbidos.

Ahora suben los egresados de Historia, 12 en total… Ahí va Norita. Sube firme, segura, despacito… Recibe su título, apretón de manos, uno, dos, tres, otro más, y baja lentamente por la rampa de la izquierda. No se cayó… Ahora sí, la muchacha respira aliviada.

Los egresados regresan a su lugar, se sientan, y por unos momentos se concentran en el documento, lo observan una y otra vez, por el anverso y en reverso. La fotografía, los sellos, las firmas, los registros. Acarician el objeto, y vuelven a leer…

Al final del ritual habla el maestro Mario Andrade, rector de la institución, quien reflexiona sobre el significado del acto, y dice: Aunque parezca contradictorio, esta despedida es afortunada, pues nos sentimos felices de verlos partir al encuentro de su destino; y porque sabemos que esa búsqueda no será aventurada, pues durante varios años se han preparado adecuadamente para alcanzar este sueño que han alimentado, y que hoy se concreta en una prometedora realidad…

Luego viene la protesta, ese gesto de compromiso con la sociedad, el brazo derecho extendido hacia delante, y cuya culminación se enmarca en un grito unánime y una fanfarria. Finalmente viene la toma de fotografía, con los egresados levantando el documento, tal y como se levanta un trofeo al final de un arduo campeonato.

Concluida la ceremonia vienen los abrazos y besos, los apretones emocionados, la entrega de los ramos de flores comprados en la entrada, y alguna comida familiar. Ya después habrá tiempo para nuevas angustias; nuevos retos y, desde luego, nuevos triunfos. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.hotmail.com).