Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Una mujer de tez angelical yace ensangrentada en un sillón bañada en luz fría y mostrada con un manejo de luz y escenario exquisitos. Este es el cuadro con el que abre la cinta, manifestando que la belleza no es más que la máscara que usa la inhumanidad para seducir y devorar al hombre. Tal reflexión es la tesis con la que el polarizante director de ascendencia danesa Nicolas Winding Refn construye su más reciente parábola antropocéntrica: “El Demonio Neón”, un filme que, como la incandescente y colorida emisión gaseosa referida en el título, brilla atractivamente por su bien balanceado acto plástico de delicada y estilizada puesta en escena, en contraste con las grotescas entidades que habitan un universo artificial, pero queda debiendo en cuanto a exploración narrativa, algo que a Refn le está ocurriendo últimamente y que preocupa, pues su innegable talento parece más atento al sacio de sus necesidades visuales que a un desarrollo profundo de los ricos temas que propone. La escuálida y etérea Elle Fanning estelariza interpretando a Jesse, una jovencita de 16 años que desea probar suerte en el mundo del modelaje. Su falta de pretensión, su carisma y disposición inocente hacen que todos con quien logra concretar entrevista de trabajo la consideren para sesiones fotográficas. Esto despierta el interés de Ruby (Jena Malone), maquillista profesional que divide su trabajo entre embellecer los rostros de mujeres favorecidas genética y quirúrgicamente para vociferar calladamente las virtudes del narcisismo en portadas de revista y ornar la carne muerta que cada noche se le ofrenda en la morgue de la ciudad, acicalando cadáveres. Belleza en vida y muerte. Ruby traba amistad con Jesse, protegiéndola y aconsejándola debido al hostigamiento generado por Sarah (Abby Lee) y Gigi (Bella Heathcote), dos modelos profesionales quienes ven amenazada su fuente de trabajo ante esta adolescente de seráficos rasgos. Mas nada es lo que parece, y tanto Jesse como sus amigas/enemigas terminarán mostrando su verdadera naturaleza en un horrendo clímax que acelera el pausado y cadencioso ritmo orquestado por Refn hasta llegar a un espectáculo de diabólicas y antropófagas dimensiones. La cinta se consolida como un logro estético que, en su mayor parte, justifica estas inquietudes plásticas al acoplar la hermosura de los escenarios, la fotografía y la de las protagonistas pero que sí logra irritar en ocasiones al llevarse más allá de la propuesta y semejar un mero ejercicio estilístico. Sin embargo, esto logra minarse gracias a las excelentes actuaciones de todo el reparto, particularmente Malone quien inyecta de credibilidad a su personaje mediante una trabajada y sutil evolución en su psicología y aspectos mórbidos / truculentos/ ominosos de su personalidad, al grado de que una escena donde practica necrofilia lésbica no se percibe forzada ni gratuita gracias a su sólido desempeño actoral. “El Demonio Neón” pudiera ser el hijo putativo de “Caprichos de la Moda (Altman, E.U., 1994)” y “Suspiria” (Argento, Italia, 1977)”, al punto de sustraer varios elementos atmosféricos y fotográficos del maestro del “Giallo” -incluyendo el hipnótico score de Cliff Martínez, la mejor partitura que el grupo “Goblin” jamás compuso-, pero logra producir una voz propia, inquietante y alucinante. Nicolas Winding Refn es uno de esos directores que producen exasperación y adoración, y esta película sólo logrará confundir / atraer aún más a sus seguidores, pero de eso se trata el cine y el arte, embelesar y repugnar a quien logre verlo. Igual que una supermodelo.

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