Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

A partir del uno de diciembre pasado el saludo en muchas oficinas públicas estatales es el de Menos días –en el Congreso del Estado fue el 15 de noviembre y en los ayuntamientos la fecha de arranque de la impopular congratulación fue el uno de enero–¡Menos días!, claman los valientes alzando la mano. Son aquellos que la sienten venir, y que estoicamente saludan a sus compas como quien dice: ¡Ave César, los que van a ser sacrificados en el cambio de administración te saludan!, los mismos que preparan su pecho para gritar: ¡Viva la revolución! ¡Muera el supremo gobierno!, justo en el instante de recibir la descarga de su liquidación… Es el principio del fin; el crepúsculo de los dioses, o más bien, de los que se creyeron dioses y que ahora verán que sólo eran humanos; apenas eso…

Ahora la vida va a demostrarles que no son divinos, y que todo es vano y pasajero… “Vanidad de vanidades; todo es vanidad”, dice el libro del Eclesiastés. Ahora comprenderán el justo significado de estas frases, y en más de algún caso este conocimiento será revelado mediante formidable golpazo. Por favor abróchense el cinturón de seguridad, porque a partir de ahora y hasta diciembre, ese poder adorado con una adoración tal que celaría a la mujer más hermosa y deseable, migrará hacia otras manos… ¡Ya lo está haciendo! Descaradamente, sin compasión alguna, de manera irremisible les da la espalda y se escapa de sus manos, se esfuma. Entonces entenderán al grupo Kansas cuando canta: “Polvo en el viento. Todos somos polvo en el viento; todo es polvo en el viento (traducción libre de este adorador de la Suave Matria).

El temor invade las oficinas cual nube tóxica que repta por el suelo y se trepa a las paredes, callada y lentamente, en busca de sus víctimas, y se acrecentará conforme se acerque la fecha en que los tiempos llegarán a su plenitud, unos porque creen que serán despedidos, y otros, los que tienen el empleo seguro, porque vendrá un nuevo jefe sintiéndose que lo hicieron a mano y en París, al que deberán conquistar para recuperar esa pequeña prebenda que habían conseguido del que se fue. ¿Y si no le caes bien al nuevo, y si no te cae bien? ¿Quién viene; quién viene? La incertidumbre se apodera de todo el mundo, y entre tanto todos contemplan el futuro, unos deseando que llegue lo más pronto posible; ahorita ya, y otros, que se retrase hasta volver veloz al caracol más lento del jardín. El trabajo irá en descenso y los tiempos muertos revivirán con el auge de Radio pasillo, esa emisora que transmite sus mensajes de boca en boca, lejos de paredes que oyen y techos que escuchan, es decir, en medio de los patios de los palacios, o ya de plano en la Plaza de Armas. ¿Quién viene, quién viene? Los periódicos serán revisados con avidez y los noticieros radiofónicos escuchados con concentrada atención. Todo el mundo buscará lo mismo: los signos de los tiempos; aquella señal discreta, apenas perceptible, que les ofrezca elementos para seguir de frente en lo que están, o, con un pragmatismo a prueba de ideologías, realizar el viraje discreto, patriótico, hacia posturas que les permitan sobrevivir al crepúsculo de estos dioses.

Mientras tanto en Ciudad Gótica se hacen planes, se reúnen equipos, y calladamente, con toda discreción, comienzan a preparar(se), a estudiar(se), unos a otros y a nosotros, los supremos electores, a fin de llegarnos al corazón. Las campañas están en marcha desde… ¿Desde hace cuánto tiempo? ¿Un año, dos, seis? Por lo pronto todo el mundo se las arregló para anunciarse sin incurrir en desacato a la legislación electoral vigente, y así como Cristo denunció a Judas con toda discreción (Mt 14-20), así mismo, todo aquel que se anunció públicamente durante los meses pasados, buscaba algo; algo buscaba. ¡Pero eso sí: lo hizo con toda discreción! Unos nos enseñaron a su linda familia, otros nos anunciaron el medio comunicativo en que aparecen. Otros, por su parte, se convirtieron en promotores de lectura, o nos platicaron sobre lo que han hecho con nuestros recursos. Finalmente, los meno$ dotado$ abrieron páginas en facebook y engendros conexos, en donde alternan acertadas críticas a la situación actual con fotografías en las que aparecen codeándose con la eternidad.

Desde luego llama la atención que el ambiente esté tan caldeado en fecha tan fría como enero. Ha de ser por el cambio climático, bromeó mi amigo Alejandro Velasco Rivas, porque ahora resulta que suceden cosas que nunca antes se veían. ¡Todo está desquiciado!, y la política cuantimás… ¿No andaba el otro día un huracán en el Océano Atlántico, cuando falta mucho para que comience la temporada?…

Pero no, en realidad no es por eso, sino por la legislación electoral, que cambió la fecha de los comicios al primer domingo de junio. Esto explica que ya para el 11 de enero hubiera candidatos, cuando en el pasado las designaciones ocurrían en marzo; a más tardar a principios de abril.

Por lo menos a principios del siglo anterior, y durante muchas ocasiones, las elecciones tuvieron lugar el primer domingo de agosto. Luego, con las alteraciones de la revolución, se registraron algunos cambios. Por ejemplo, la elección constitucional de 1911 se verificó en octubre. En 1930, cuando el electorado se inclinó por Rafael Quevedo, este hecho ocurrió el 19 de enero. Sin embargo, aquí habría que recordar que esto no formó parte de la, digamos, normalidad democrática de Aguascalientes, dado que dicha elección fue obligada por la muerte del gobernador Carpio en un accidente aéreo ocurrido en noviembre de 1929. Más recientemente, el ingeniero Miguel Ángel Barberena Vega fue elegido gobernador el primer domingo de octubre de 1986, y el licenciado Otto Granados Roldán recibió el mandato de los aguascalentenses el primer domingo de agosto de 1992.

Por cierto… sigo sin entender por qué cuando Cristo identificó al traidor pública, pero discretamente, los demás no le echaron montón, le abrieron una averiguación previa, desmantelado su conspiración, leído sus derechos y deslindado responsabilidades, y todos felices a continuar con la cena, que no sería la última. En verdad os digo que nos hubiéramos evitado un embrollo que dura hasta nuestros días… (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).