Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

En aquel tiempo dijo Gestas a Jesús, estando ambos en la cruz… “Jesús, acuérdate de mí cuando vayas a tu Reino. Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso»”. Palabra de Dios que consta en el evangelio según san Lucas, capítulo 23, versículos 42 y 43…

Eso es lo que muchos quisieran decir ahora, nada más que con un pequeño cambio; una ligerísima fe de erratas: en donde dice paraíso, que mejor diga empleo, o presupuesto. Eso quisieran decirle a alguien, y más aún teniendo en cuenta que el tiempo se agota. Pero he aquí que el tema no está del todo resuelto… Todavía. La moneda permanece girando en el aire, a la espera de caer, y mientras esto ocurre unos y otros se muerden las uñas, dejan en el suelo un rastro de pétalos de margarita; una estela como de Airbus 380 en vuelo a París, porque esperan que la moneda caiga hacia una cara determinada para, entonces sí, correr y clamar: “acuérdate de mí cuando vayas a tu Reino“, es decir, cuando asumas el cargo para el que fuiste electo. Pero más que decir esto, quisieran escuchar la misma respuesta.

¿En qué irá a acabar todo? ¿Se confirmará el triunfo del ganador, o se anulará? Cada quien hace sus apuestas según sus intereses, a la espera de que los magistrados del tribunal electoral se pronuncien, en tanto muchos nos preguntamos qué sentido tiene que se gaste tanto dinero, tiempo y esfuerzo, en la organización de elecciones, si a final de cuentas van a ser tres o cuatro personas quienes decidan; tres o cuatro que ni siquiera son de aquí, ni saben cómo está el rollo aquí, etc. -o ¿acaso seremos nosotros los que no sabemos cómo está el asunto?-.

En los mentideros y en los mentaderos no se habla de otra cosa, que si la Iglesia, que si los votos perdidos y encontrados, y no precisamente en el templo, etc.; pero el hecho de que el asunto no esté resuelto no parece importarles a los hacedores de rumores, que siguen repartiendo cargos, oficinas, sillas y presupuestos, como si ya se hubiera dado vuelta a la página y el camino al Teatro de Aguascalientes en la mañana del uno de diciembre estuviera allanado, mientras que otros elaboran programas, propuestas, que buscan entregar, porque no han sido solicitadas, sobre la forma de mejorar tal o cual cosa o actividad, claro, siempre y cuando los incluya…

Mientras tanto en Ciudad Gótica la zozobra crece por todo lo que fafalta… Menos días y restando. Los más preocupados son los mandos intermedios, aquellos que merecida o inmerecidamente vislumbran su posible despido y una no muy jugosa liquidación. Entonces, como si se tratara de una liturgia de adivinación del futuro escondido en las entrañas de algún animal, intentan establecer de manera clara, contundente e inobjetable, quien quedará en dónde, para acercarse y ponerse a las órdenes de los nuevos próceres de la Suave Matria. ¡Una dos tres por mí, que estoy aquí y, de paso, no te olvides de mí!

El legendario, omnipresente y esquivo Radio Pasillo está a todo lo que da. Como si se tratara de aquel juguetito tan socorrido en el pasado, el Cubo Rubik, los gabinetes se hacen y se deshacen. Un día el bueno para tal dependencia es fulano, sólo para ser desbancado al siguiente por zutano, y por perengano el día después. ¡Nada seguro bajo el Sol, hasta que el preciso se pronuncie! Pero nada, ¡el Señor Gobernador Electo no dice nada! Se reúne con todo el mundo, se refiere a la problemática estatal, establece compromisos, saluda a las personas, ríe y sonríe, monta a caballo, se deja ver en la sierra, pero nomás no suelta prenda. ¡Ni un nombre!

Los columnistas nutren sus líneas con pirotecnia verbal que es sólo eso; sólo eso, y entre todos no faltan aquellos que aseguran saber “de buena fuente”, porque se lo escucharon a un amigo que a su vez lo es de otro que trabaja cerca de alguien que tiene derecho de picaporte con el elegido, o con la Señorita Presidenta Municipal Electa; digo que aseguran saber que ya se pronunció sobre éste o aquél, e incluso tirar línea: “díganle a –ponga el nombre que guste– que deje de andar diciendo que es el bueno para –ponga aquí la dependencia que guste– porque no es cierto; todavía no hay nombramientos”. ¡Todavía no hay nombramientos! ¡Cuánta angustia!, ¡Qué desazón!

Entonces, los suspirantes cantan con sincero fervor, porque ya sienten como la soga comienza a estrecharse en su cuello, la lumbre en los aparejos, el agua en los tobillos, claman y proclaman el salmo No. 13; aquel que dice: ¿Hasta cuándo, Señor, me tendrás olvidado? ¿Por siempre? ¿Hasta cuando me ocultarás tu rostro? ¿Hasta cuándo tendré congojas en mi alma, en mi corazón angustia, día y noche? ¿Hasta cuándo triunfará sobre mí mi enemigo? ¡Mira, respóndeme, Yavé, Dios mío!

Pero escrito está que, de acuerdo con la legislación vigente, el Señor no responderá; no se pronunciará sino hasta despuesito de que lo haga el tribunal electoral. Así que ni maiz paloma. Por lo pronto sigan rezando, prendiendo veladoras, revisando caras y gestos, periódicos, declaraciones, redes sociales, etc.

Los que no se turban, ni se disturban, ni se perturban son los que se encuentran en la base de la pirámide del poder; aquellos que cruzarán el Rubicón del 30 de noviembre sin mayor contratiempo porque señora, señor: alguien tiene que cobrar impuestos, escribir oficios, dar información, entregar correspondencia, dirigir el tráfico, escoltar al Señor Gobernador en sus desplazamientos por esta vida, etc.

Aunque no se crea, porque nadie tiene la vida segura. El otro día, por ejemplo, escuché a un servidor de tercero o cuarto nivel, soñar con que Dios, la vida, la muerte o lo que sea, le haga el milagrito de que su jefe se vaya antes del 30/11, porque ya no lo aguanta… Después de todo las cosas siempre pueden empeorecer –según palabra no reconocida por el sacrosanto Diccionario de la Real Academia Española, pronunciada por mi amigo Alejandro Velasco Rivas–. O de plano estos sufridos soldados rasos se han sentado y cruzado los brazos, a la espera de que ese tal por cual que los ha hecho ver su suerte durante años se vaya a donde debió quedarse, porque ya todo está inaugurado -o consumado-, o en proceso de.

Menos días, y restando… (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).