El compromiso de una verdadera sociedad civil

David Reynoso Rivera Río

En esta ocasión, consideré propicio dejar a un lado los temas político-electorales, que seguramente abarcan la mayoría de los espacios en medios de comunicación masiva, para tratar un tema poco explotado pero cuyas repercusiones efectivamente conciernen a todos nosotros como sociedad.
Se dice que el hombre vive para el hombre, es decir, somos un ser dependiente que no puede vivir aislado de sus semejantes. A lo largo de la historia diversas teorías han explicado este fenómeno, entre ellas destaca la de Jean-Jaques Rousseau al hablar sobre el contrato social y cómo es que a través del acuerdo de voluntades humanas se busca la subsistencia y mejora del individuo en sociedad, logrando así la esencia de seres humanos que actúen de forma justa y respeten los intereses de los terceros.
Al ser una sociedad en constante evolución, ese contrato social se ve actualmente reflejado en el cúmulo de leyes, reglamentos y demás disposiciones aplicables que se han creado para mantener el orden. En nuestro país, son muchas las herramientas con las que contamos a través de un ordenamiento jurídico sumamente extenso y sólido que ha avanzado a pasos agigantados para velar siempre por nosotros los mexicanos y por la máxima protección de los derechos humanos.
Muy a pesar de ello, existe en la sociedad un sentimiento generalizado de desconfianza y desafortunadamente se cree que todo lo que sucede es producto de un mal desempeño de la función o una mala gestión en cualquier nivel u orden de gobierno; sin embargo, es importante que no nos dejemos llevar por los comentarios vagos y sin fundamento que llegan a través de las redes sociales o en notas amarillistas. Esto no quiere decir que nuestras autoridades no se equivocan, ya que afirmar lo anterior sería completamente ilógico, por lo que sí es importante aclarar y recordar que el hombre es un ser que comete errores por naturaleza.
El motivo principal de estas líneas es hacer una atenta invitación a creer y participar activamente en el sistema jurídico mexicano, sin importar nuestra condición, edad o profesión. Dicho lo anterior, debemos entonces tomar el respeto a la ley como bandera inicial de un verdadero comportamiento como sociedad. Busquemos y colaboremos entonces en conjunto con la aplicación de la ley en el ámbito que nos corresponda.
Definitivamente debemos generar una confianza; pero es preciso subrayar que la confianza no es dejar en manos de otros lo que podemos y queremos hacer. La confianza es y debe ser una actitud de vida en la que impere el trabajo y la colaboración para consolidar resultados. Tenemos nuestro propio contrato social que palpa y refleja nuestra sociedad, que regula nuestras necesidades y nos brinda protección, pero de nada sirve tener montón de hojas de papel escritas si no creemos y respetamos lo que estipulan.
Es momento de poner manos a la obra: si deseamos ser una sociedad que tenga confianza en el sistema jurídico que la rige, no podemos quedarnos esperando el resultado sin hacer nada a cambio, la credibilidad en nuestras leyes depende y se relaciona directamente con la educación y el fomento de una cultura jurídica.
Agradezco enormemente a Carolina Ponce de Luna la colaboración al presente texto y me despido esperando su amable lectura por esta misma vía el próximo jueves.

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