Josemaría León Lara

Lo que durante poco más de un año parecía para muchos como una broma, esta semana tras la Convención Nacional del Partido Republicano ha quedado confirmada la candidatura del magnate Donald Trump rumbo a la presidencia de los Estados Unidos. Resulta difícil de creer que el capricho del pelucón sea hoy en día una realidad aplastante, cuando en el momento de hacer públicas sus aspiraciones se hallaba en contra de todo pronóstico.

Para los muchos que llegamos a dudar sobre su nominación como candidato, ahora es importante reconocer de una vez por todas que es posible que pueda ganar la elección y convertirse en el presidente número cuarenta y cinco de la Unión Americana; no hacerlo sería caer una vez más en el mismo error.

Como buen empresario el señor Trump conoce la balanza comercial de oferta y demanda, y de esta manera logró vender su imagen a tal grado que hoy en día ya tiene la candidatura en su bolsillo. Independientemente de cómo haya vendido su imagen y discurso, algo es cierto, y es que nunca se habló de otro precandidato a nivel internacional como de él.

Su retórica de odio, de racismo, de desprecio y el ensalzamiento absurdo del nacionalismo estadounidense, lo ayudó a crear la polémica necesaria para que los medios de su país y del resto del mundo hablaran de él, siempre de él. Y aunque rara vez se habló bien de él, logró demostrar una vez más la frase que dice: no existe la mala publicidad.

Sin embargo, no se puede pasar por alto su condición de W.A.S.P. (White Anglo Saxon Protestant), Donald J. Trump califica dentro de las características de ser un hombre blanco, de origen anglosajón y de credo protestante; mismo que representa el poder fáctico y económico de quienes históricamente han controlado las decisiones de los Estados Unidos de América.

Además de haber sabido encontrar el nicho de mercado perfecto dentro de su partido y durante las elecciones primarias, Donald Trump representa el estereotipo de supremacía racial blanca y xenofobia contra los inmigrantes. Situación que es percibida y practicada en su mayoría por la clase media y la trabajadora, que en términos generales suelen ir aparejadas de la ignorancia allá en el gabacho.

Existen algunas personas que opinan que el discurso del ahora candidato republicano no es nada más que demagogia, por la propia imposibilidad de realización con la que cuentan sus propuestas, como la del famoso muro y de la expulsión masiva de indocumentados mexicanos. Es posible que sean palabras que a la fecha ya se las ha llevado el viento y que solo hizo uso de esos recursos para ganar popularidad.

Pero algo sí es muy cierto, sus palabras han hecho eco y la tensión racial es cada vez más latente de aquel lado del Río Bravo, con las recurrentes muertes violentas de jóvenes afroamericanos a manos de policías blancos, y viceversa. Quizá en un odio sembrado por omisión por parte de Trump, pero si la situación social no mejora en su país, de ganar seguramente tendría una presidencia de solo cuatro años.

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@ChemaLeonLara