Jesús Orozco Castellanos

La prensa de cobertura nacional está inmersa en el tema de la contingencia ambiental en la Ciudad de México. Ciertamente se trata de un asunto preocupante que tiene que ver con la salud de millones de capitalinos. Sin embargo, sin restarle importancia al problema, estamos una vez más ante el fenómeno del centralismo exacerbado que padece nuestro país. De entrada, el hecho afecta a cinco entidades del país: la Ciudad de México, el estado de México, Hidalgo, Tlaxcala y Puebla. Sólo se pone énfasis en la Ciudad de México. El resto de los gobernadores se frota las manos, dejando que caiga todo el peso de la opinión pública sobre el doctor Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la capital del país. Además, es un buen pretexto para intentar sacarlo de la jugada en la lucha por la sucesión presidencial del 2018. Mancera ha reiterado su intención de participar en esa contienda. En realidad el problema de la contaminación reciente es en muy buena medida el resultado de una decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que permitió la circulación de automóviles con más de diez años de antigüedad, a condición de que estén en buenas condiciones, esto es, que no contaminen. La Corte se lava las manos pero la verdad es que en muchos centros de verificación vehicular en todo el país hay letreros en los que se lee algo así como: “aquí pasa porque pasa”. O sea que con un soborno todo se resuelve. Seguramente es lo que está ocurriendo porque si el millón 200 mil vehículos que se han incorporado a la circulación en los últimos meses dentro del Valle de México estuvieran en buenas condiciones, no tendría por qué haber contaminación excesiva, más allá de la que se produce normalmente.

El problema del centralismo va mucho más allá de una contingencia ambiental. La mayor parte de los asuntos importantes sólo se resuelve en la capital del país. Está el caso de los pasaportes. Casi todos hay que recogerlos en la Ciudad de México. Me viene a la mente un ejemplo concreto: un primo hermano mío que es sacerdote estuvo varios años en Estados Unidos y después lo enviaron a Guadalajara. En la aduana le decomisaron una caja con su ropa y algunos libros. No hubo forma de convencer al agente aduanal de que le devolvieran su caja. Lo más probable es que esperaba un soborno que nunca le dieron. Tuvieron que hablar unos colegas de mi primo con los dueños de una empresa muy importante y éstos se comunicaron con el secretario de Hacienda Luis Videgaray, quien arregló el asunto en cinco minutos con una llamada telefónica al director nacional de aduanas. A esos extremos se llega. Eso es centralismo puro. Se practica día con día y a todas horas.

El cambio de embajador

No tenía ni siete meses en el cargo cuando fue destituido el Dr. Miguel Basáñez como embajador de México en Estados Unidos. En su lugar fue nombrado Carlos Sada, actual cónsul de México en Los Ángeles. Sólo se espera que el Senado mexicano ratifique el nuevo nombramiento. Adicionalmente fue nombrado José Paulo Carreño King, en la Subsecretaría de Relaciones Exteriores para América del Norte. La versión oficial del cambio es que se ha modificado el escenario de las relaciones entre ambos países, en alusión a la política antiinmigrante de Donald Trump y de Ted Cruz, aspirantes a la candidatura presidencial del Partido Republicano.

El Dr. Miguel Basáñez es un académico destacado. Es mexiquense y se le considera un hombre muy cercano al presidente Peña Nieto. Por eso no deja de extrañar el cambio. Hay quienes señalan que si a Basáñez le hubiera faltado firmeza frente a las declaraciones antimexicanas de Donald Trump, la solución era una fuerte reprimenda en la cancillería mexicana, sin llegar al extremo de destituirlo. Por eso corre una versión paralela. El Dr. Basáñez fue invitado a dictar una conferencia en Inglaterra, en la London School of Economics. Allí dijo que Margarita Zavala de Calderón era la más indicada entre los aspirantes panistas a la candidatura presidencial del 2018. Si así fue, cualquiera pensaría que hay una piel muy delgada en la cancillería y/o en Los Pinos. Lo que dijo Basáñez es lo que piensa todo el mundo. En este espacio hemos comentado sobre la posibilidad de una alianza entre el PRI y el PAN para enfrentar juntos a Andrés Manuel López Obrador, quien ya hizo públicas sus aspiraciones para contender como candidato en la elección presidencial del 2018. Y de concretarse una alianza de ese tipo, el PRI no cuenta con una figura política de la importancia de Margarita Zavala. Es lo que muestran las encuestas. De hecho, en el más reciente sondeo publicado por el periódico Reforma, Zavala y AMLO aparecen prácticamente empatados. En un lejano tercer lugar está el secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong.

Por lo visto, para el sector tradicional del PRI es impensable una alianza con el PAN en una elección presidencial. Quizá podrían pactar con el PRD, pero nunca con el PAN. Pensemos en lo que dijo el ex presidente Adolfo Ruiz Cortines cuando le preguntaron si el gobierno estaría dispuesto a respetar el resultado de una elección para presidente municipal en Ciudad Juárez, que había sido ganada por el PAN. Declaró, palabras más o menos: “Jamás permitiremos que la reacción gobierne en una ciudad que lleva el nombre de Juárez”. Corrían los tiempos del partido único, cuando las elecciones eran un mero trámite y estaban definidas de antemano.

En alguna ocasión fui invitado a una conferencia impartida por don Juan Maldonado Pereda, un político veracruzano de la vieja guardia. Dijo allí que el ex presidente Ernesto Zedillo debería ser considerado traidor a la patria por haber entregado el poder a la oposición, tras el triunfo electoral de Vicente Fox. Le dije a don Juan que en México, de acuerdo con la Constitución, el delito de traición a la patria se debe pagar con la pena de muerte, aunque en la práctica nunca ha ocurrido. Don Juan me contestó que no era para tanto. Después de eso abandoné la conferencia y nunca más volví a ver a  don Juan Maldonado, quien  murió unos años después. También debo decir que admiro la valentía de Ernesto Zedillo. Con un nudo en la garganta tuvo que reconocer el triunfo de Fox. En la democracia se gana y se pierde. Zedillo lo entendió.

Por cierto, el nuevo subsecretario de la SRE Paulo Carreño es hijo del respetado columnista José Carreño Carlón, quien fuera Director General de Comunicación Social del ex presidente Carlos Salinas de Gortari. Un comentarista señaló que el Lic. Salinas se mueve a sus anchas en el actual gobierno. La canciller Claudia Ruiz-Massieu es su sobrina política; el director de PEMEX José Antonio González Anaya (licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico de Massachusetts y doctor en esa misma especialidad por la Universidad de Harvard, de la que es egresado el propio Salinas) es su concuño; a estas dos figuras se agrega Paulo Carreño, de quien se dice que es un joven con una alta formación académica y con un conocimiento preciso de los asuntos de Estados Unidos, donde vivió varios años.Que sea para bien.