COLUMNA CORTE 2En el siglo XIX, la novela policiaca logró consolidarse como género narrativo gracias a Edgar Allan Poe. Su obra “Los crímenes de la calle Morgue” sentó una base sólida para el desarrollo del nuevo tema novelístico, lo que abrió las puertas a escritores ahora míticos como Gabonnau, Collins y Arthur Conan Doyle. Este último, intelectual atraído por la línea de pensamiento académica como el estudio de la historia y la antropología, publica en 1887 la novela “Estudio en escarlata”. Los protagonistas de este texto son un adusto inglés aficionado al violín y adicto a la morfina, pero de brillante mente deductiva llamado Sherlock Holmes y un médico de apellido Watson. En poco tiempo este detective se convierte en el héroe predilecto de muchos lectores, quienes le exigen con vehemencia y frecuencia a Doyle, nuevas aventuras. El escritor se siente un esclavo de su obra y a la postre decide aniquilarlo, mas poco tiempo después de cometido el ficticidio es obligado a revivirlo ante la exigencia de sus admiradores.
Para el cine, la popularidad de Sherlock Holmes no podía pasar desapercibida y en 1903 se filma la primera cinta sobre el célebre personaje: “Sherlock Holmes Baffled”, producida por la American Mutoscope y la compañía Biograph. El nombre del actor pionero se ha perdido con el tiempo y la recuperación de su identidad es un caso digno del mismo Holmes. En 1905, Maurice Costello se registra en los anales de la historia como el primer Sherlock en “The Adventures of Sherlock Holmes”, de la Vitagraph. Su nombre atraviesa fronteras terrestres y marítimas y en 1908 se filma en Dinamarca el primer serial sobre el personaje a cargo de la Nordisk Film. Pero la inmortalidad de Holmes quedaría asegurada cuando Basil Rathbone -enemigo mortal de Errol Flynn dentro y fuera de la pantalla- se ciñera el característico gorro victoriano y gabardina en una serie de filmes realizados entre 1938 y 1946. Posteriormente, la Hammer Films se sumaría al desarrollo de la mitología en dos proyectos protagonizados por los legendarios Peter Cushing y Christopher Lee, rivales acérrimos en la saga de Drácula ya consolidada por esta compañía, pero ahora hermanados por este fascinante personaje. Ambas cintas fueron dirigidas por Terrence Fisher, la carta fuerte del estudio y las interpretaciones de los iconos del horror fueron bastante fidedignas a lo que Conan Doyle escribió sobre Holmes, mientras que la dirección de Fisher saturó de ricas atmósferas góticas las pantallas, sustentando la iconicidad del investigador en el cine.
A partir de la década de los setenta, Sherlock Holmes comienza a ser abordado desde diversas ópticas, viéndose envuelto en aventuras que su creador jamás imaginó. Así, el comediante Gene Wilder protagonizó y dirigió en 1975 la película “El hermano más listo de Sherlock Holmes”, mientras que Herbert Ross realizó en 1970 “The Seven Percent Solution”, donde Holmes (Nicol Williamson) es llevado por Watson (Robert Duvall) a Viena para ser tratado por Sigmund Freud (Alan Arkin), de un trauma psíquico a la vez que debe enfrentar a su némesis Moriarty (Laurence Olivier). Por su parte, el consagrado Billy Wilder aporta a tan rica narrativa “La vida privada de Sherlock Holmes”, cinta que pretende construir el cotidiano del investigador y su ayudante, desde sus momentos de descanso y modorra, hasta las dinámicas persecuciones habituales cuando deben trabajar en un caso, desmitificándolo como sólo un admirador a los textos clásicos podría hacerlo.
El impacto cultural del personaje logró incluso colarlo en la conciencia de escritores como Umberto Eco, quien lo homenajea en “El Nombre de la Rosa” (no es fortuito que el monje detective protagonista lleve como apellido “Baskerville”, referencia a uno de los relatos más reverenciados de Conan Doyle), o de creadores cinematográficos aparentemente ajenos al universo detectivesco como Buster Keaton, quien con su “Sherlock Holmes Jr.” consiguió una de sus comedias más logradas. Incluso Steven Spielberg no pudo resistirse y probó suerte en 1985 con “El secreto de la pirámide”, fantasía ochentera que pretende explicar con demasiada simplicidad varias de las manías e idiosincrasias de Holmes.
La apuesta posmoderna ha permitido que incluso mentecatos como Guy Ritchie pretendan poner “al día” al personaje, matando la línea clásica de su proceder e hilo argumental en aras de escenas de acción ralentizadas. A pesar de ello, Holmes siempre habitará en la mente de los aficionados a la deducción inteligente en el 221 de la calle Baker, donde por siempre se escuchará la sentencia de “Elemental, mi querido Watson”.
Correo: corte-yqueda@hotmail.com