Noé García Gómez

Ayotzinapa y Tlatlaya, la fuga del Chapo, el desplome del precio del petróleo, las añoradas y en su momento aclamadas reformas que siguen sin cuajar, los escándalos de corrupción que involucran al Presidente y a su Secretario de Hacienda, la cuestionada Reforma Hacendaria, la devaluación del peso frente al dólar, y un fracaso en el combate a la pobreza, son datos que con toda claridad señalan el rumbo que tiene la actual administración. Todo lo anterior se trató de poner debajo de una alfombra maquilada con cientos de densas cifras y conceptos maniqueos en su Tercer Informe.

El Informe y los cambios en el gabinete parecieran, para los futurólogos, carne que alimenta sus teorías e hipótesis. Analistas y columnistas comienzan a ver, expurgar y analizar los movimientos, gestos y palabras del presidente para detectar señales o mensajes que comiencen a dar luz de quien es el elegido, el tapado (como lo nombró el pintor y caricaturista Abel Quezada en sus sátiras a quien sería el designado por el presidente para sucederlo) y sea el próximo candidato “oficial”.

Que si a los inamovibles, cercanísimos al presidente, Videgaray, Secretario de Hacienda y Osorio Chong, de Gobernación, se agregaron al club de los presidenciables, Aurelio Nuño hoy secretario de Educación y José Antonio Meade quien fue nombrado en SEDESOL, aunamos a que en su nuevo decálogo Peña Nieto incluye programas y por ende recursos para estas dos secretarías. Dicen los que dicen que saben, que es una señal de cómo la carrera interna es de cuatro.

Pero su servidor, sin ese ojo microscópico es más simple, mi experiencia me dice que el candidato que a lo largo del sexenio y lo que falta de la administración del Presidente Peña Nieto y del PRI es sin lugar a dudas Andrés Manuel López Obrador, preguntará usted ¿Cómo alguien que es de oposición y que critica el mas mínimo movimiento del Ejecutivo Federal es quien impulsa el presidente? Precisamente por eso, al igual que Fox en su momento con sus malas decisiones políticas aderezado por el Desafuero, después Felipe Calderón y su desastroso gobierno y el constate combate contra “el peligro para México”.

Hoy la crisis que vive la administración peñista y cómo está permeando en el país, su abrumadora impopularidad, además del claro mensaje “la demagogia y el populismo son una ´amenaza´ para México” que tiene destinatario sin siquiera nombrarlo, son la plataforma perfecta para que, como “ave fénix” resurja una tan anunciada tercera candidatura presidencial de AMLO.

Ante los tradicionales partidos de oposición (PAN y PRD) menguados y divididos, además con una fama de negociadores y subordinados al gobierno federal (Pacto por México), ni sus intentos por dar la imagen de regresar a la oposición son congruentes, como ejemplo Jesús Zambrano dirigente del PRD y presidente de la Cámara de diputados, exigió al Presidente “que diera la cara al poder Legislativo”, minutos después se le veía como un entusiasta “aplaudidor” flanqueándolo en el mensaje que pronuncio Peña Nieto.

En síntesis, las malas decisiones, corta visión y erróneas política públicas, la obsesión por combatir a su “antítesis”, y la descafeinada y light oposición; querámoslo o no, simpaticemos o no, perfilan a López Obrador como un candidato altamente competitivo y como una oposición real al actual sistema.

Pero faltan dos años para iniciar campaña y los escenarios cambian de un día para otro; pero lo que sí podemos garantizar que como una cíclica historia, veremos a AMLO nuevamente en la boleta electoral y al titular del ejecutivo preocupado y haciendo todo para combatirlo.

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