Por Jesús Alejandro Aizpuru Zacarías

En un mundo nihilistaEl miedo y la ignorancia son el principal aliado de los populismos. Los expertos y los analistas, advertían sobre las consecuencias de la salida del Reino Unido, sin embargo, políticos de ocurrencias, de momentos y sin preparación, lograron, a través del discurso mesiánico, que las mayorías tomaran una decisión, el resultado fue: el Brexit.

Una mayoría carente de preparación política (los más viejos y con menor nivel educativo votaron a favor de la separación) poco informada y desilusionada por el statu quo, seducida por Nigel Farage y Boris Johnson entre otros, obtuvo un 51.9 por ciento, sobre un 48.1 que se negaba a salir de la Unión Europea; aquí es donde surge la interrogante: ¿porqué o cómo es que se logró esto? se sabe que cuando un sistema o bien algunos políticos no logran satisfacer las necesidades de las mayorías, genera un disgusto, un hartazgo generalizado por la traición de la clase política tradicional, esto sin duda se gestó en la Gran Bretaña; además, el sentimiento de reivindicación siempre genera, si es manejado a través del discurso romántico y nacionalista, un flujo de emociones que van más allá de la razón, máxime cuando se exaltan ideas de recuperación de territorio, manejo de fronteras y toma de decisiones propias, y no de intereses económicos globales; si agregamos al coctel un mensaje de que en el pasado las cosas eran mejores, que solos fuimos potencia y que existe la posibilidad de volver a serlo, ganará el sentimiento sobre el razonamiento, y es eso precisamente lo que sucedió.

El discurso esperanzador no es algo nuevo, mucho menos para nosotros los mexicanos, los políticos populistas los conocemos desde hace décadas y deberíamos estar vacunados contra ellos, sin embargo, no es así, y siguen y seguirán proliferando por todo el globo, ya sean de izquierda o de derecha. Personajes como Maduro, y AMLO, o bien Trump y los ultraderechistas europeos tienen más en común de lo que imaginamos. Todos ellos son populistas, exaltan el enojo y la frustración social sin reparo con tal de llegar al poder, ofrecen “soluciones mágicas” a problemas reales y complejos, y ofrecen un espectáculo mercadológico más que una verdadera oferta política.

Como ciudadanos debemos ser conscientes del verdadero peligro de este tipo de personajes (sin importar si son de izquierda o de ultraderecha) en ambos casos la demagogia y el nacionalismo son parte esencial de su discurso, buscan culpables ya sea al interior o al exterior, a los cuales les echan la culpa de los “fracasos del pueblo” y una vez adoctrinados sus seguidores emprenden campañas de odio y polarización social.

Debemos ser conscientes de la importancia de no votar de forma visceral, hoy el ejemplo lo tenemos con Gran Bretaña, así como en Estados Unidos con el efecto Trump, por nuestro bien, debemos reflexionar sobre estos personajes que parecieran salidos de la ficción, pero son reales; es por ello, que debemos aspirar a convertirnos en una ciudadanía critica, informada, que sea difícil de seducir mediante populismos inverosímiles, una sociedad que cuente con las herramientas necesarias para poder emitir un voto razonado y no basado en sentimientos de falso patriotismo reivindicatorio.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura, y los espero una vez más, la próxima semana.