COLUMNA CORTE 31ª Función
“PIXELES” (“PIXELS”)
Tal vez haya algo de verdad en eso de que morir sea fácil y hacer reír a las personas es lo difícil, pero cuando cualquier conducto de expresión mediática pretende extraer sus carcajadas a costa de un humor mentecato disfrazado de escapismo supurante de postmodernidad infecta, entonces es la audiencia la que encontrará un bálsamo en la muerte, pues esta película no sólo resulta una afronta a la neurona de cualquier edad, sexo o condición mental, es también un penoso dictamen sobre las atropelladas decisiones que toman las cabezas de Hollywood para procurar productos de consumo masivo que alimenten lo que al parecer es una bestia hambrienta por experiencias con sabor a retro, aun si esto tiene más que ver con “retrógradas” que con el gozo pueril que debería significar la recreación de elementos producto de la cultura pop de antaño. “Pixeles” es una cinta que lucha denodadamente por atrincherarse en la vía del escapismo facilón sin manifestar alguna idea creativa o interesante que justifique su existencia, y ni siquiera realiza un mínimo esfuerzo por escapar de ese pesado molde ya desgastado por uso a ultranza en otras producciones similares, al punto que la premisa ni siquiera puede atraer a quienes vivimos la época a la que se alude: la Tierra es blanco una vez más de invasores alienígenas, quienes utilizan como estrategia el empleo de personajes de videojuegos ochenteros que hicieron la delicia de incontables dueños de un Atari 2600 (me incluyo) hace 30 años. La razón sobre el porqué de un ataque de esta naturaleza jamás queda clara, quedando en el éter una frágil explicación que involucra el envío a principios de aquella década, de diversas imágenes de estas creaciones pixeladas al espacio sin un fin específico, allende al de tener un pretexto para realzar esta cinta. Para frustrar el plan de ataque, el baquerón e inepto presidente (Kevin James) acude a su mejor amigo, un exjugador que cosechara glorias en su niñez llamado Sam Brenner (Adam Sandler) y formar un equipo con otro de sus amigos de la infancia, el miope hígado Ludlow (Josh Gad) y Violet (Michelle Monaghan), mujer que labora en las altas esferas de la milicia estadounidense, amén de ser la chica que hará perder la cabeza a Sandler y uno de los personajes femeninos más insulsos de los últimos años que bien podría rayar en la ofensa para cualquier mujer con estómago para soportar la película. Los espectadores con algo de kilometraje (como su servidor) podrían encontrar entretenido identificar las numerosas referencias mediáticas y culturales, pero el entusiasmo se sofoca casi de inmediato en cuanto los personajes principales abren la boca, se mueven o hacen lo que sea, pus todo lo que sucede en la cinta no procura la más mínima inteligencia en su proceder o discurso, por lo que son tan sólo los niños de seis años para abajo quienes ríen con fruición ante esta muestra de comicidad tan singularmente imbécil y personajes de pacotilla. El proyecto tuvo su génesis en un cortometraje dirigido, escrito y animado por Patrick Jean, un joven francés talentoso que manifiesta más empeño y trabajo argumental en los pocos minutos que dura su atractiva labor, que la hora y media de duración de este filme donde cualquier situación, chiste o secuencia de acción languidece penosamente. Y así, una vez más, queda de manifiesto que jamás debería dejársele el megáfono ni autorizarle presupuestos millonarios a un pelmazo como Chris Columbus (“Mi pobre angelito”, “Papá por siempre”, “Harry Potter y la piedra filosofal”), un mejor escritor (“Gremlins”, “Los Goonies”) que director. Mejor quedarse en casa con algún emulador de juegos en 8-bits como Pac-Man o Q-Bert, un reto mucho más estimulante e infinitamente más entretenido que lo que esta cinta jamás proveerá.

2ª Función
“ESTÁ DETRÁS DE TI” (“IT FOLLOWS”)
El género de horror representa un reto para aquel o aquella que decide abordarlo, pues su estructura como género se ha visto debilitada al paso de los años por la cantidad ingente de improvisados que acuden a él tan sólo para ganar unos billetes fáciles (James Wan, Eli Roth, Leigh Wannel, et al.), produciendo variedad de fórmulas que a la postre son seguidas al pie de la letra por sus imitadores, desgastando el potencial lírico y de observación sociocultural que un adecuado filme de terror puede alcanzar (“El exorcista”, “La profecía”, “El bebé de Rosemary”). “Está detrás de ti” pretende erigirse como un trabajo más ceñido en este último apartado con una premisa intrigante y un manejo de puesta en escena atractivo, pero todo se viene abajo cuando las pretensiones del novicio director David Robert Mitchell sucumben a la pedantería y a una floja exploración de personajes y temas, quedando en una buena intención sin que ésta logre cuajar correctamente. La adolescente Jay (Maika Monroe, quien bien podría beneficiarse de unas clases de actuación) contrae una maldición por vía sexual cuando, después de tener coito con un atractivo muchacho, éste le notifica que una entidad misteriosa la seguirá gradualmente hasta alcanzarla y aniquilarla, por lo que debe transferir dicho maleficio a otra persona mediante un acto sexual. De esta forma, Jay comenzará su ordalía por tratar de desprenderse de esta aparición, la cual cambia de apariencia y cuyo pesado andar produce el mejor impacto visual en la cinta. La idea de un espectro venéreo es interesante, pero durante el desarrollo de la cinta jamás se provee de una explicación aunque sea somera de tal situación, cómo es que el portador original lo contrajo y en sí por qué esta entidad, sobre la cual jamás se revela su carácter físico / espiritual, por lo que no sabemos nunca si se trata de un ánima, un ser intradimensional, un demonio o similar, procura la destrucción de quien sigue. Muchas preguntas sin respuesta brotan alrededor de esta premisa que a su vez son distractores sobre el proceder narrativo del filme: ¿Por qué se contagia mediante el sexo? ¿Si ella se masturba, pierde a su espectral seguidor? Y de ser así, ¿sólo se adquiere mediante el orgasmo o basta con penetrar a la víctima? Es aquí cuando detectamos la tomadura de pelo y la necesidad del director por que aceptemos dicha premisa sin cuestionar nada, lo que resta posibilidades de dimensionarla más allá de un efecto narrativo curioso, pues si la intención es la de presentarla como una metáfora sobre las relaciones carnales despreocupadas y la adquisición de males terminales como el SIDA, entonces resulta forzado y muy gratuito. Aunado a esto, las interpretaciones son insufriblemente amateur y el personaje de Jay jamás se desdobla lo suficiente para que el espectador se preocupe por su porvenir, produciendo un filme convulso que culmina en un clímax hilarante y absurdo. Si de monstruos de transmisión sexual se trata, prefiero lidiar con sífilis que con esta cinta.

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