Luis Muñoz Fernández

El título no se refiere al conocido libro de Jacques Monod, aquel científico francés del siglo pasado que recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1965 junto a sus colegas André Lwoff y François Jacob por sus descubrimientos sobre ciertos procesos de la biología molecular. Más bien hace referencia a dos de los factores que más influyen en la probabilidad de que un ciudadano de nuestro medio con un problema de salud reciba oportunamente y con la calidad óptima, es decir, acorde con los estándares nacionales e internacionales, la atención sanitaria que requiere. En pocas palabras, que el sistema de salud le resuelva su problema hasta donde sea técnica y humanamente posible en este mundo con una atención humana (comprensiva y sensible a los infortunios ajenos, según el Diccionario de la Real Academia).

Partamos de ciertas premisas indispensables que nos sitúan en el contexto apropiado para entender de qué estamos hablando. La primera es que en lo tocante a la realidad de la vida social en nuestro país, la mentira o la media verdad (una forma matizada de mentira) están a la orden del día. La otra es que hay cosas que nunca se dicen, que se ocultan sistemáticamente, hasta que se llega al punto de que quienes las esconden se convencen (y buscan convencernos) de que nunca existieron. El tono triunfalista y complaciente, sin rastro de autocrítica, domina el discurso oficial.

Aunque puede sonar anecdótico, y por tanto carente de sustento científico, quienes trabajamos en el sistema de salud escuchamos casi a diario casos de personas enfermas que son objeto de una atención sanitaria deficiente, incluso un trato inhumano, con consecuencias negativas de gravedad variable para su calidad de vida. Es muy probable que si se investigara con el adecuado rigor metodológico el número de casos de este tipo, se llegaría a la conclusión de que los distintos niveles de atención están desarticulados y el sistema de salud es disfuncional.

Como para otras carencias y fallas de los servicios públicos, aquí también se tienen excusas. De inmediato se esgrime la finitud de los recursos frente a la infinitud de las necesidades de la población. Es cierto que en términos absolutos los recursos son finitos. Eso explica que en el ámbito de la bioética exista todo un campo de estudio que se llama economía de la salud. Pero ante las evidencias de los cuantiosos recursos disponibles para ciertos sectores de nuestra sociedad (léase la clase política), se puede concluir sin dudar que, si bien los recursos son limitados, estamos a años luz de ese límite del que tanto se habla. Por tanto, su escasez es claramente relativa.

¿Por qué el azar y la necesidad, entre otras cosas, llegan a determinar la atención sanitaria en nuestro medio? Empecemos por la última. La necesidad, es decir, qué tan pobre es una persona, define no sólo su acceso a los servicios sanitarios, sino el tipo de problemas de salud que la aquejan. Basta hojear Los determinantes sociales de la salud. Los hechos sólidos, documento publicado por la Oficina Regional Europea de la Organización Mundial de la Salud que dice: el campo de los determinantes sociales de la salud es tal vez el más complejo y desafiante de todos. Entre nosotros, a menos recursos, mayor es la probabilidad de recibir una atención sanitaria deficiente.

¿Y el azar? Ilustrémoslo con un ejemplo. Supongamos que alguien es atropellado y queda inconsciente y malherido en una carretera cualquiera. ¿De qué dependerá que reciba la atención oportuna y eficiente que necesita en un momento tan delicado para que se salve su vida o quede con las secuelas mínimas? Del concurso de varios factores. Por ejemplo, de que alguien avise cuanto antes a los socorristas. De que estos dispongan en ese momento de una ambulancia adecuadamente equipada para que los lleve con celeridad al lugar del accidente. De que el infortunado sea trasladado a un centro sanitario abastecido de lo material y humanamente necesario. Y lo mismo puede decirse de alguien con una enfermedad, en especial si es compleja. Hoy por hoy, en nuestro medio la coincidencia de esos factores depende no pocas veces del azar, es decir, de la casualidad.

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