Luis Muñoz Fernández.

El “éthos” homérico es muy simple. Es dudoso que a los personajes homéricos se les pueda atribuir algo parecido a la responsabilidad. Desempeñan la función que el destino les ha otorgado: El rey, la función de gobernar; el padre de familia, la de proteger a los suyos, y la mujer, la de ser discreta, casta y fiel. En ningún caso puede hablarse propiamente de un agente moral que decide qué debe hacer, porque uno vive condicionado por su suerte al nacer, una suerte imposible de cambiar.

Victoria Camps. Breve historia de la ética, 2013.

Ante la acalorada controversia que se ha desatado en torno al matrimonio entre las personas del mismo sexo o la que se da sobre temas muy controvertidos como el aborto y la eutanasia, los argumentos que se emplean en uno u otro sentido, no sólo permiten fundamentar con mayor o menor solidez las posturas de quienes los esgrimen, sino que revelan ciertos mecanismos íntimos del pensamiento que resultan también muy interesantes.
En la Breve historia de la locura de Roy Porter (Turner-FCE, 2003), puede leerse que para los griegos arcaicos, es decir, los que vivieron en tiempos de Homero unos 700 u 800 años antes de Cristo, “la vida y la conducta, tanto la normal como la anormal, estaban a merced de fuerzas externas y sobrenaturales; los humanos son llevados literalmente a la locura por el odio, la angustia o la venganza. Los protagonistas de la Ilíada son títeres que dependen de fuerzas terribles más allá de su control (dioses, demonios y Furias), que castigan, que se vengan, que destruyen; el destino de estos humanos, pues, se decide primordialmente por un decreto superior…”.
Siguiendo nuevamente a Porter, “las actitudes de los griegos arcaicos en este respecto pueden inferirse de los mitos y los poemas épicos; en ellos no se presentan facultades como la razón y la voluntad del modo como se presentarán en la medicina y la filosofía griegas posteriores […] El hombre homérico no era el ser introspectivo y consciente de sí mismo que poblaría los diálogos socráticos unos cuantos siglos más adelante…”.
Cuando se escuchan o se leen los argumentos que exponen algunos de los más conspicuos opositores del matrimonio igualitario y promotores de las marchas multitudinarias de las que hemos sido testigos recientemente, o los de los que ahora amenazan con expurgar las páginas “demasiado biológicas” dedicadas a la sexualidad humana en los libros de texto gratuitos, no se puede evitar asociarlos con la forma de pensar de los griegos arcaicos y la mayor parte de los pueblos primitivos de quienes eran contemporáneos: El ser humano sin autonomía moral, en manos de fuerzas sobrenaturales siempre crueles e inmisericordes. Curiosamente, un ser humano mucho más cercano a los animales no humanos (más “biológico”), que no pueden adueñarse de su propio destino, que lo que considera la visión moderna del hombre centrada en los Derechos Humanos.
¿Cuáles son las amenazas sobre las que nos alertan quienes se oponen a la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo? De acuerdo a lo que puede leerse en la página electrónica del autodenominado “Frente Nacional por la Familia” (consultado el 21 de septiembre de 2016 en http://frentenacional.mx), son las siguientes:

El 25 de mayo de 2016, el presidente Peña Nieto promovió un paquete de iniciativas que pretenden modificar el artículo 4 de la Constitución y el Código Civil para reconocer que las uniones entre personas del mismo sexo sean llamadas matrimonio, pero esto va más allá. El paquete incluye lo siguiente:
• Que los niños de México sean adoptados y vivan con homosexuales.
• Que nuestros niños puedan cambiar de sexo sin la intervención de padres de familia o tutores.
• A través de los libros de texto de la SEP y desde preescolar, les enseñarán a los niños la homosexualidad, transexualidad y actividades sexuales, y como padre de familia no te podrás oponer.
• Cambiar las leyes de género, es decir los hombres podrán entrar al baño de mujeres y viceversa.
• México ya forma parte de los países que promueven la ideología de género.
• Si como padre de familia o tutor te opones a la ideología de género, serás castigado.

Basta conocer el contenido de la iniciativa presidencial para que los puntos expuestos en el párrafo precedente, que resumen lo que según el Frente Nacional por la Familia “está pasando”, queden no sólo como francas exageraciones, sino como auténticas mentiras.
Falacias que no son inocuas, pues apelan a esa parte de la naturaleza humana ubicada anatómicamente en los estratos más arcaicos del encéfalo que, por llamarla de alguna manera y haciendo respetuosa alusión a aquel homínido primitivo que fue nuestro ancestro y que habitó el oriente africano de 2 a 4 millones de años atrás, denominaremos “el australopiteco que todos llevamos dentro”.
Es una forma de decir que, lejos de los argumentos racionales bien sustentados en las evidencias científicas sólidas que están hoy a nuestra disposición, en el fondo se está recurriendo al miedo, a la pasión y a la irracionalidad para poner a un significativo segmento de nuestra población en pie de guerra. Una incitación al odio, a la discriminación hacia quienes son diferentes, aquellos que no forman parte de la tribu. Un llamado ancestral como el que agrupaba en la copa de un árbol a aquellos curiosos primates ante la amenaza del leopardo que les rugía desde el suelo.
Eso no significa que todos los que participan en las marchas que han sido convocadas, obedezcan solamente a estos mecanismos primordiales, pero sí que su manipulación forma parte de las motivaciones que los impulsan. Junto a las creencias religiosas personales y los argumentos falaces señalados, cohabitan viejos instintos y temores que se remontan a la noche de los tiempos.
Uno de los rasgos que caracterizan a las sociedades modernas, es el respeto a los derechos de las minorías, lo que lleva implícito también el respeto a los derechos de las mayorías. Es evidente que la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, derecho sancionado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación desde junio de 2015, no afecta en lo absoluto al matrimonio entre un hombre y una mujer, no amenaza en modo alguno la estabilidad de una familia formada a partir de ese vínculo matrimonial que es abrumadoramente mayoritario en nuestra sociedad, ni va a alterar significativamente la composición de la población ni su capacidad reproductiva.
Y si para un creyente el matrimonio igualitario es un pecado que no se puede permitir, entonces bastará con que él no lo cometa, sin pretender que lo imite la totalidad de la sociedad. Ni en el ámbito internacional, ni en el nacional, son ya tiempos en los que la ley civil deba someterse a las creencias religiosas particulares, ni siquiera cuando sean las que comparte una ostensible mayoría. No olvidemos que el cuidado de las relaciones entre los diferentes grupos sociales está a cargo del Estado laico. Su laicidad es la mayor garantía de respeto para todos los integrantes de la sociedad, sin importar los aspectos diferenciales que distinguen a unos de otros como las creencias religiosas.
Las demás teorías que se han escuchado sobre una conspiración internacional de un “lobby gay” y su “ideología de género” para expoliar los recursos humanos y materiales no sólo de México, sino de toda la América Latina, no pueden considerarse sino disparates; otra apelación al australopiteco que todos llevamos dentro.

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