Fernando López Gutiérrez
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 @ferlog14

Ayer por la mañana, en el portal de internet de Aristegui Noticias se publicó un video en el que Carmen Aristegui invitaba a ver la transmisión que, por la noche, habría de realizarse para mostrar los resultados de una investigación sobre “una faceta no conocida de Enrique Peña Nieto.” El tono utilizado por la periodista al dirigirse a la audiencia y el contenido del mensaje —expuesto de manera difusa— me parecieron tan dramáticos y poco claros que consideré hacer una crítica al respecto en este espacio.
La referencia que se hacía en el video respecto a la formación académica y el perfil intelectual del Presidente Peña Nieto me pareció el anuncio de una nota menor, preparada con el objetivo de volver a cuestionar la capacidad del mandatario, sin que se tuvieran elementos adicionales a los que se han expuesto hasta el tedio desde lo acontecido en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en el 2011. La mención a la reforma educativa y la cita del escritor Carlos Fuentes —en la que se alude a la ignorancia de Peña— me resultaron demasiado forzadas y cargadas de sensacionalismo, como para considerarlas parte de un argumento.
A partir de mi percepción, sólo la demostración puntual de algún acto de deshonestidad académica podía ser suficientemente relevante para discutir por enésima vez respecto al historial educativo del Presidente y eso fue lo que Aristegui (al parecer con bases muy sólidas) buscó presentar. Mi aversión inicial hacia la manera en que se anunció la realización de la investigación y la presentación de sus resultados se transformó en consternación por las implicaciones de lo difundido.
Aunque muchos —tratando de defender sus intereses— busquen minimizar la relevancia de la investigación del equipo de periodistas de Aristegui Noticias y la gravedad del asunto, lo que se ha develado respecto a la manera en que Peña obtuvo su grado académico es un tema serio. La mayoría de los casos similares, en el país y en el extranjero, que se han hecho públicos, terminaron en la renuncia de los plagiarios a sus cargos y en la pérdida de los grados que ostentaban. Considero que si lo acontecido no genera una respuesta más precisa y detallada a la expresada por el vocero de Presidencia y nuestra sociedad no la exige con firmeza, tendremos que sentirnos avergonzados de los extremos que podemos tolerar como mexicanos.
Se argumenta que lo que presentan los periodistas como plagio es tan sólo un “error de estilo” y en la definición de estos conceptos existen criterios claramente establecidos para conocer si se trata de una cosa o la otra. Que se revisen pues, a detalle, de manera pública y objetiva, los elementos que se tienen y que se aclare a nuestra sociedad si el Presidente incurrió en las faltas que se le imputan o si los periodistas lo calumnian sin justificación.