Carlos Reyes Sahagún

El pasado viernes 22 de julio –fecha entrañable para este servidor de la palabra– recibí un correo electrónico de mi amigo Gustavo Arturo de Alba Mora. No era un correo personal específicamente dirigido a mí, sino a todos los colaboradores de “Crisol Plural” y “Cineforever”, las publicaciones que él ha animado desde octubre de 1990. El mensaje anunciaba el cierre de ambos sitios de Internet, a partir del 20 de julio, por las razones que usted imagina…

Para mí, y estoy seguro que para más de alguno, esta es una mala noticia, porque de esta forma se cierra un espacio abierto; una alternativa de difusión de ideas, de reflexión sobre el acontecer de Aguascalientes, tan plural como personas se animaron a teclearle a la computadora y a hacer llegar sus textos a la redacción.

Conocí a Gustavo la noche del 13 de noviembre de 1989. Lo recuerdo, no porque haya sido el gran acontecimiento de mi vida, ni mucho menos, sino porque esa noche tuvo lugar la mesa redonda “Ideas, legado y permanencia de la Convención de Aguascalientes”, realizada en el Museo de Aguascalientes como parte de los festejos del 75 aniversario de aquella magna reunión. Asistieron como ponentes puras grandes ligas: Gloria Villegas, Eugenia Meyer y Arnaldo Córdova.

Este último había escrito un texto que para mí, en el contexto de mi formación profesional, había sido indispensable, literalmente fundacional… Me refiero a “La ideología de la Revolución Mexicana”, un texto deslumbrante que tuvo el efecto de ordenar y hacer comprensible el aparentemente caótico movimiento armado de 1910.

En esa época era yo menos opaco, más inocente, estaba menos cansado, o era más iluso que ahora; lo que haya ocurrido primero. El hecho es que todavía me ilusionaba la búsqueda del autógrafo en un libro. Entonces llevé mi ejemplar de este texto, y al final de la mesa me acerqué al maestro, le ofrecí el volumen y le dije mi nombre -no se lo di, porque si lo hago, ¿con qué me quedo? ¿cómo me llamaría entonces? por eso sólo se lo dije-. Ahí estaba Gustavo, supongo que también a la espera de una firma. Si la memoria no me engaña (de esto no estoy totalmente seguro), en ese momento reporteaba él para El Sol del Centro, diario en el que en esos días publicaba yo mis Efemérides Convencionistas. Además, era yo colaborador de “El Unicornio”, el suplemento dominical del mismo periódico, que en esos días estaba en las últimas, dado que desapareció en marzo de 1990, el suplemento.

Le dije mi nombre a Córdova y ahí estaba Gustavo, quien lo relacionó con el monito que escribía las efemérides de la convención. Entonces nos conocimos; nos presentamos. Quizá fue cuando perdimos al mítico caballo; alrededor de ese tiempo, que Gustavo me habló de sus planes de abrir una revista, y vaticinó que los antiguos colaboradores del añadido dominical migraríamos a su publicación, cosa que ocurrió, por lo menos conmigo.

“Crisol” apareció por primera ocasión en octubre de ese año. Tengo a la vista ese primer ejemplar… En su presentación, la publicación señalaba su aspiración de “ser una revista plural, abierta al diálogo entre las diferentes expresiones y maneras de interpretar nuestra realidad cotidiana, vertidas por medio de la investigación, las ideas y los puntos de vista de nuestros diferentes colaboradores que nos permitirán ahondar el acontecer político, económico, cultural y social que vivimos”.

También se planteó “incidir en nuestra sociedad, bajo la idea común de que a pesar de nuestras diferencias, nos une el sentimiento de buscar la revalorización constante de nuestro ser aguascalentense, uniéndolo a las nuevas metas de progreso como mejoramiento económico y social que nos animan a seguir adelante, por la ruta del progreso que ha caracterizado durante las últimas década de nuestro estado.”

En el directorio de este primer número figuraban, como director, Gustavo; como jefe de redacción, Armando Alonso de Alba, que poco tiempo después siguió su propio sendero para fundar “Tiempo de Aguascalientes”, ya también desaparecida. El directorio se complementaba con Laura Cortés Velasco como encargada del diseño.

Ese primer número contó con colaboraciones de, entre otros, Alfonso Justino Reséndiz, Yannis Pilihos, Aniceto Gutiérrez, Daniel Carlos García Gómez, Sergio Flores, Andrés Reyes Rodríguez; gente sobre la que podría escribirse más de un párrafo.

A propósito de colaboradores, de la búsqueda de gente que escribiera, me acuerdo de una frase de Gustavo, entre seria y picaresca: “¿quiere usted que lo publiquen, o que lo lean?” Desde luego la conclusión era obvia: publicar en “Crisol” garantizaba la lectura.

En esa primera edición, la revista se anunció como una publicación mensual. La verdad es que aparecía cada que se podía. En el contexto de una sociedad con una pobre cultura revistera (la verdad no sé de dónde sacaron eso de que los mexicanos leemos en promedio 5.3 libros al año; han de haber preguntado nomás en el departamento de Historia de la UAA), tanto Gustavo como su familia hicieron de lo posible a lo imposible por mantenerla viva. En este sentido, “Crisol” llegó a los ciento veintitantos números en su edición impresa, y dejó de aparecer entre fines de 2004 y principios de 2005, para resurgir tiempo después en la Internet. Evidentemente por la misma naturaleza del medio, cambiaron el formato y periodicidad, para irse renovando conforme llegaban los textos.

Invariablemente la revista asumió una configuración de tabloide, primero de grandes dimensiones, que luego se redujo al tamaño carta hasta, como digo, su paso de la edición impresa a la digital.

Tengo presente que en estas líneas me estoy concentrando en aspectos un tanto secundarios, esto por cuestiones de tiempo y espacio, y que podría decir mucho más de esta publicación, a la que estuve ligado desde el número 5. Pero también creo que “Crisol”, bien merecería una tesis de maestría o doctorado; un estudio serio, exhaustivo. Tendría que hacerse, porque indudablemente la revista constituyó un capítulo importante de la historia del periodismo en Aguascalientes, en la medida en que, a lo largo de casi 26 años, en sus páginas se plasmaron ideas, aspiraciones, proyectos, sentimientos, de muchos en Aguascalientes; hasta conformar el reflejo de una época.

Por mi parte guardo hacia Gustavo y su familia un afecto imperecedero; una gratitud por las puertas siempre abiertas de “Crisol”, sin más límite que mi falta de luces y habilidades. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com)