La administración pública en los tres niveles de gobierno, y el sistema educativo son responsables del alto abstencionismo que se pronostica en mediciones de preferencia de las próximas elecciones locales del 5 de junio, afirmó el delegado del Instituto Nacional Electoral en Aguascalientes, Ignacio Ruelas Olvera.
Advirtió que la expectativa de desinterés entre los electores que se manifiesta hasta con un 40% de manifestaciones de personas que no consideran acudir a votar, resulta un problema grave de rechazo a la actuación de los gobiernos, y de repudio a las políticas públicas vigentes.
Señaló que estas predicciones resultan mucho más graves, porque evidencian las deficiencias de sistema educativo en materia de formación cívica y valores en el primer nivel de enseñanza, como un aspecto fundamental en la vida compartida a la que se aspira.
Esgrimió que la autoridad electoral no cuenta con los recursos suficientes para emprender esta labor, ya que bajo el nuevo marco electoral establecido con la reforma electoral del año 2014, la promoción de formación cívica y participación ciudadana se transfirió del INE hacia los organismos públicos locales electorales en exclusiva.
Pese a ello, el Instituto Nacional Electoral se confirió con facultades auxiliares para poder ejercer actividades de formación cívica, pero aún resulta insuficiente, manifestó.
Ruelas Olvera aseguró que si el sistema educativo fomentara entre los estudiantes los valores de la deliberación, participación, y discusión, las manifestaciones de descontento social significarían movilizaciones, manifestaciones de inconformidad con un empoderamiento del ciudadano, y no se plantearían con expresiones de rechazo a emitir un sufragio.
El funcionario electoral señaló que el desinterés en acudir a las urnas se asume como un problema complejo que requiere la participación de las organizaciones de la sociedad civil e instituciones, cuyo efecto no puede revertirse en lo que resta de las campañas.
Dijo que se requiere un arduo trabajo pedagógico que implica un largo proceso de hasta 20 años para la formación de una nueva generación, cuyos frutos apenas se podrán percibir en el año 2036.