Noé García Gómez

La nota de la semana es la discusión sobre el supuesto ajusticiamiento de un hombre por parte de un integrante de las fuerzas armadas, en el cual se puede ver un individuo sometido en el suelo apodado “El Pavi”.

El enfrentamiento que se dio con los llamados huachicoleros (bandas que roban gasolina) en Palmarito Tochapan, en un contexto más amplio se aprecia cómo un grupo de soldados fue llevado a una trampa donde los emboscaron sujetos con armas de distintos calibres y desde distintos puntos. Este sujeto cae al suelo, algunos soldados corren y desde ahí descarga las balas de una pistola dando al blanco en la espalda de un soldado que corría.

Lo anterior ha generado un debate intenso, donde los argumentos están al calor de las implicaciones electorales, más que en solucionar un problema de fondo, que es la necesidad de usar al Ejército en tareas policiacas sin una reglamentación adecuada para su funcionamiento.

En las pasadas décadas las instituciones de la Defensa Nacional y Marina eran sinónimo de orgullo de la población, padres de familia llevaban a los hijos a los desfiles militares, niños que querían ser soldados, y cada que se veía un convoy del Ejército era motivo de una agradable sorpresa.

Las fuerzas militares desde su perfil y formación se sentían en cercanía con la ciudadanía, se les veía en tareas de apoyo en todos los rincones del país cuando un desastre natural se presentaba en imágenes de noticieros; sin que fuera la nota principal se veía soldados y/o marinos como telón de fondo realizando labores de ayuda en huracanes, tormentas y las inundaciones que se provocaban. Llegaban no solamente con su fuerza de voluntad y experiencia, la mayoría de las veces trasladaban los apoyos recibidos en los centros de acopio.

También recuerdo que hacían visitas a centros escolares y realizaban demostraciones, al terminar se acercaban los pequeños estudiantes a preguntar y ver su imponente traje y armamento. ¿Quién no recuerda el cíclico Concurso del Niño y la Mar, promovido por la Marina? Ejercicio que buscaba transmitir empatía por esta fuerza armada, los ganadores eran trasladados al puerto de Veracruz a la Escuela de Marina Nacional para conocer las instalaciones y el imponente buque Cuauhtémoc.

Hoy todo lo anterior se opaca, vemos cómo dichas instituciones fueron obligadas a limpiar el lodazal de malas políticas contra las drogas y el crimen organizado, las autoridades federales, estatales y municipales trepadas en el tobogán de la corrupción voltearon para otro lado o en otros casos se aliaron a los criminales, y las consecuencias fueron un empoderamiento del crimen organizado y acciones de éstos sin control contra los ciudadanos. Extorsiones, cobro de piso, secuestros, robos y amenazas comenzaron a padecer ciudades y municipios, las policías más que cuidar a los ciudadanos, les temían o les ayudaban.