La crítica y la reflexión, son herramientas fundamentales para el ser humano, ya que permiten realizar cientos de ejercicios mentales que aunado al uso de la imaginación, nos pueden entretener por varias horas. Considero que todos los que nos desempeñamos como columnistas, tenemos el deber moral de nutrirnos constantemente y tratar de plantear nuevas hipótesis a los lectores para generar no únicamente polémica, sino ideas y reflexiones que puedan llegar a hacernos mejorar en cualquier sentido.

Derivado de ello es que en esta ocasión he decidido poner sobre la mesa, un tema que puede sonar a experimento, pero que quizá pudiera arrojarnos mejores resultados. A lo largo de los últimos años he observado cómo existe un descontento por parte de la población en cuanto a la clase política; sin embargo, existe también del otro lado, un desconocimiento muy grande por parte de la misma población en cuanto a las principales cuestiones políticas.

Sería posible hacer un ejercicio e imaginar qué resultaría si cambiáramos la manera en la que elegimos a nuestros legisladores. Analizando los diversos sistemas parlamentarios y echando a volar un poco la mente; imaginemos que el día de la elección tuviéramos en la boleta a todos los candidatos de los diferentes partidos políticos en un listado. Sé que quizá suene un poco atrevido, pero combinar la mayoría relativa y la representación proporcional puede ser una gran solución, de manera tal que al seleccionar el partido de nuestra preferencia nos permitiéramos con posterioridad seleccionar de manera sucesiva el orden en el que los candidatos de ese partido accedieran al cargo y conforme al numero de votos que obtenga cada partido, accedería a ciertos curules que se otorgarán con base al orden numérico en el que la mayoría de los electores haya designado.

Pasando a otro planteamiento, imaginemos por unos instantes que los partidos políticos y los políticos en sí, tuvieran auténticos seguidores. Tema que definitivamente se encuentra ligado a la obtención de recursos y el financiamiento, ya que gran parte de las estructuras partidistas están acostumbradas a obtener de la política cierto ingreso que en ocasiones puede hasta nublar su juicio y determinar elegir la mejor plataforma o el mejor candidato. Imaginemos que viéramos a personajes públicos, artistas, políticos en funciones, funcionarios o cualquier persona respaldando públicamente los proyectos de nuestros candidatos presidenciales, tal y como lo observamos en días pasados en las convenciones demócratas y republicanas de nuestro país vecino.

Imaginemos que pudiéramos cambiar por completo nuestro sistema de financiamiento a partidos políticos y candidatos, que contemos con herramientas de financiamiento como los Political Action Committee (PAC’s y Super PAC´s); que se cuente con una estricta vigilancia fiscal y transparencia en cuanto a la obtención y el destino que se le da a esos recursos.

Continuemos imaginando; quizá a estas alturas ya nuestra mente ha llegado a conclusiones que jamás imaginaríamos tener. Por si fuera poco, quisiera que realizáramos un último ejercicio e imagináramos que existieran requisitos mínimos para ocupar los principales cargos de las administraciones públicas municipales, estatales y federales; esto es, experiencia previa y especialidad en el rubro, para que posteriormente pudieran ser inclusive sometidos a evaluaciones periódicas, bajo ciertos procedimientos de consulta ciudadana en conjunto con el poder legislativo.

Quizá en algún futuro, algunas ideas como las que hoy plantea este aventurado columnista, puedan dar soluciones a problemas no únicamente de índole democrático, sino de representatividad e identidad colectiva.

David Reynoso Rivera Río.

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