Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

En estos últimos años, la mayoría tiene la percepción que uno de los graves problemas que padece la sociedad es la crisis de valores: en distintos ámbitos de la vida se observa la falta de respeto hacia las personas y hacia las cosas; en las actividades diarias es recurrente la irresponsabilidad de varios actores; e invade la deshonestidad a no pocos integrantes de los grupos humanos; entre otros infortunios. Sin embargo, en la misma sociedad también existen personas honorables que a cada momento de su vida dan ejemplos de moralidad, de integridad, de probidad y de dignidad.
Recientemente, Don Gonzalo contrató a un grupo de albañiles para reparar su casa que estaba muy deteriorada por el paso del tiempo y por las lluvias de los últimos meses. El día que iniciaron los trabajos, le dice el dueño de la finca al responsable de los albañiles: “Toda mi familia trabaja y le vamos a dejar encargada la casa; aquí tiene usted las llaves de la entrada y de las recámaras. La casa queda en sus manos”. Era notorio que al dueño le preocupaba dejar la vivienda sin el cuidado de algún familiar, pero no había a quién encomendarle esa tarea. “No se preocupe Don Gonzalo, yo le respondo por su casa y por las cosas que en ella tiene”, le dijo con mucha seguridad Don José, el responsable de los albañiles. Una vez que el dueño fue a su trabajo y se quedaron solos los albañiles, Don José les dijo: “Ya conocen las reglas, quiero que respeten todas las cosas que esta familia tiene en su casa; no quiero que a la señora le falte ni una aguja; nada absolutamente deben tocar, ni por curiosidad. Aquí nos contrataron para trabajar, para reparar la casa. Nos tuvieron confianza y tenemos que responder a ella. Cuiden su trabajo respetando las cosas, porque con este trabajo mantenemos a nuestras familias. Bueno, ¡a trabajar!”. Ninguno de los albañiles manifestó extrañeza por lo que les dijo Don José, pues estaban acostumbrados a escuchar esas recomendaciones y a respetar las cosas ajenas. Todos con normalidad y responsabilidad empezaron a trabajar y con esa misma tónica se desempeñaron los días que duró la obra, sin que hubiera una sola queja (de parte del dueño de la casa) por algún objeto extraviado. Ahora se entiende por qué los albañiles de Don José han sido favorecidos, para realizar trabajos, por más de cuarenta años; siendo las propias familias, a quienes han servido, las que los han recomendado por su honestidad, respeto y responsabilidad.
En un centro comercial trabajan Andrés, José Luis e Iván (el papá y sus dos hijos) lavando vehículos que ahí estacionan. Sorprende ver que gran número de personas dejan las llaves, a estos trabajadores, para que les laven los carros por fuera y por dentro, mientras van a desayunar o a hacer compras tranquilamente. Ante tanto rapaz que deambula por doquiera sí llama la atención que les confíen las llaves a estos lavacoches de la manera descrita. ¿A qué se debe tanta confianza? Los dueños de los vehículos comentan que son personas tan honestas que en no pocas ocasiones les han entregado billetes, celulares u otros objetos de valor que encuentran por debajo de los asientos y que, además, nunca les ha faltado nada de lo que guardan en sus automóviles. Razones suficientes para que merezcan la confianza, de todos, ya por muchos años.
Hay muchos maestros de escuela que reconocen las debilidades profesionales que padecen en su desempeño laboral; es decir, son honestos al aceptar sus deficiencias; y esta valiente honestidad los hace reaccionar positivamente, de manera que estudian, investigan y experimentan con esmero nuevas formas de enseñar hasta que logran ser excelentes maestros; virtudes que reconocen los propios alumnos y los padres de familia.
Generalmente, los niños manifiestan sabiduría, respeto y honestidad, desde antes de empezar un juego y durante el mismo. Éstos inician estableciendo reglas para poder jugar: definen qué y cómo jugar; cuándo se obtienen puntos buenos; por qué y en qué momento hay castigos; y cuándo se gana el juego. Establecidas las reglas, desarrollan la diversión y son honestos y respetuosos al reconocer tanto los puntos buenos como los malos, hasta que alguien gana. El juego lo pueden repetir varias veces, pero siempre respetando las reglas establecidas. ¡Qué sabiduría de los niños! (como éstos hay muchos otros ejemplos).
Los seres humanos han buscado en libros, en instituciones y en varios otros espacios de información, soluciones para los graves problemas que lastiman a la sociedad y resulta que las soluciones están en las propias personas como en los casos descritos: albañiles que de manera honesta y responsable realizan sus obras; lavacoches que se ganan la confianza de todos trabajando con honradez; maestros que por sí mismos superan dificultades con responsabilidad; y niños que son felices divirtiéndose con sabiduría, respeto y honestidad. Por tanto, no sería mucho pedir que a partir de 2016 sigamos los ejemplos de los casos mencionados para construir una sociedad digna y con armonía. ¡Que así sea!