A la vera de los ríos se localizan algunas de las más importantes ciudades del mundo, metas de los viajeros.

Digno de una gran ciudad
San Petersburgo es una de las ciudades más hermosas del mundo. Su belleza la debe a la visión y al amor que le profesaron gobernantes decididos a demostrar la grandeza rusa y a su ubicación a orillas del generoso río Nevá.
El río Nevá nace en el lago Ládoga que, a pesar de que su recorrido hasta el Mar Báltico alcanza apenas 74 kilómetros, es uno de los más importantes de Europa. El Nevá tiene una profundidad máxima de 24 metros y tramos de hasta mil 200 metros de ancho.
San Petersburgo se trazó en las márgenes del río Nevá, entre islas y canales; así surgieron palacios, templos, fortalezas, puentes, teatros y museos en los que se palpa la huella dejada por zares, artistas, científicos y militares.

Históricos puentes
Londres ha escrito su historia a orillas del río Támesis, más de 30 puentes así lo patentizan, siendo el antecedente más antiguo el levantado por los romanos hace unos dos mil años.
Sin duda, el más famoso de todos es el de La Torre, abierto en 1894, con un mecanismo que se mantienen funcionando, ahora con motores eléctricos y que ha que ha permitido el paso de embarcaciones ininterrumpidamente.
La capital inglesa ha tenido importantes transformaciones y sus puentes no son la excepción. El puente de Hungerford (foto), entre el de Waterloo y el de Westminster, se inauguró en 1864 para el paso del ferrocarril y desde 2002 se encuentra flanqueado por dos modernos puentes peatonales llamados los Golden Jubilee Bridges, con los que se conmemoró el 50 aniversario del reinado de Isabel II.
El entorno de modernos edificios da una imagen renovada de la ciudad, especialmente si se le observa desde el London Eye, la gigantesca rueda de la fortuna londinense.

Un río de inspiración
Ha inspirado a pintores, poetas y músicos, como a Johann Strauss, autor del inmortal vals El Danubio Azul o a Claudio Magris, autor del libro “El Danubio” (1986), una verdadera delicia literaria al conjugar referencias culturales extraordinarias con las vivencias que significa recorrer 2 mil 850 kilómetros, del segundo río más largo de Europa, sólo detrás del Volga.
El Danubio recorre Europa Central, por ello responde a la lengua de cada país por el que cruza: Donau en alemán, Duna en húngaro, Dunaj en eslovaco, Dunav en bosnio, croata y serbio, Dunarea en rumano y Dunay en ucraniano.
El Danubio nace en el Selva Negra alemana y desemboca en el Mar Negro, en Rumania, cruza por 10 países y ciudades como Viena, Belgrado o Budapest. Ésta última famosa por sus puentes que unen a Buda y Pest, como el emblemático puente de Las Cadenas (foto).
El Danubio es de suma importancia, tanto comercial como turística, además de un mosaico pluricultural excepcional. Además de los múltiples miradores que permiten contemplarlo, hay una notable oferta para navegarlo, desde paseos por unas horas hasta cruceros por varios días.

El padre fin
El Rin es uno de los ríos europeos con mayor tráfico de pasajeros y carga, cruzando Suiza, Austria, Liechtenstein, Alemania, Francia y Holanda.
Navegarlo permite apreciar tanto grandes ciudades como pequeños poblados, pasando por debajo de puentes y ante esplendorosos paisajes. Hay líneas de cruceros que venden pases para varios días, que permiten desembarcar en determinada ciudad, visitar museos, castillos y restaurantes, y tomar después el siguiente barco.
Entre Mainz y Koblenz, en Alemania, se puede recorrer en pocas horas la llamada Ruta de los Castillos Medievales. Parte de Mainz, famosa por su enorme catedral románica más de mil años y el museo de Gutenberg donde está su famosa imprenta.
El viaje lleva hacia la ciudad de Rüdesheim, el Mäuseturm (Torre del Ratón), el Castillo de Rheinstein, la isla de fortificada de Pfalzgrafenstein, el castillo Schönburg y el acantilado de Loreley, donde –según la leyenda– se aparecía la bella Loreley y con sus cantos atraía a los navegantes para morir en la rocosa ribera del río.
También se vislumbran el castillo de Marksburg (quizá el más imponente del Rin) y el palacio Stolzenfels. Se desembarca en Koblenz, considerada como una de las ciudades alemanas de más rico patrimonio.