Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Fue el Excmo. y Rvmo. Monseñor Salvador Quezada Limón, quien diera inicio a la muy bella tradición de las peregrinaciones en honor de la Santísima Virgen María en su advocación de la Asunción, quizás la mas feliz de las diversas advocaciones bajo las que se le venera, (sólo en España son mas de trescientas, lo que da cuenta del acendrado comarquismo del reino), pasado el penoso trance de la pasión, según el dogma luego de la Resurrección gloriosa, Jesucristo asunta a su madre después de su dormición. La imagen que se venera en la Santa Catedral Basílica es muy hermosa y la que remata la Romería en el carro triunfal, copia de aquella, es custodiada, tengo entendido, por el Consejo de Caballeros de Colón “Agustín de Iturbide” en su sede frente al jardín de San Marcos. Es probable, no lo se de cierto, que la inspiración llegase a Monseñor Quezada, con las romerías que se daban cuando los primeros días del Seminario Diocesano en Jardines de la Cruz. Caravanas de fieles de diferentes puntos de la diócesis llevaban sus donativos para contribuir a la erección del seminario, que además del valioso significado para los creyentes, es un patrimonio arquitectónico para la ciudad, particularmente la capilla, diseño del arquitecto Francisco Aguayo, a quien se debe también la escalinata monumental del Palacio de Gobierno, la fachada del templo del Señor de los Rayos y las farolas de la extinta Plaza de Armas, ahora dispersas en la ciudad.
Una fiesta popular, arraigada en el fervor mariano de los aguascalentenses que vemos como un factor de unidad la celebración de la Romería, incluso al margen de las creencias, como expresión de identidad en torno a un símbolo que compartimos. Por cierto que en relación al nombre original de la Villa se han tejido elucubraciones a partir de que en el acta de reconocimiento, que no de fundación, se señala el nombre de Villa de la “Ascención” que tiene un significado muy diferente al de “Asunción”. La ascención es de quien lo hace por sus propias facultades o atributos, en el caso se referiría a la subida al cielo de Jesúscristo en cuerpo y alma gloriosa, en tanto que “asunción” hace referencia a que la persona es subida por las potestades o facultades de la otra. Hay quienes opinan que efectivamente la advocación o patrocinio bajo el que se colocó a la Villa fue la del Señor Jesús, y que por un error debido a la confusión de los nombres terminó por venerarse a su Santa Madre. Hay otros, los mas, que consideran que solamente se trató de un error de escritura, simple y llanamente al escribano se le fue la “e” por la “a”, o, ¿por qué no?, una opción mas, sería que al solicitar el reconocimiento de la Villa efectivamente se haya pensado en la Ascensión y dado el aspecto “mariano” de la colonización de la altiplanicie por los monjes españoles se optó luego por la Asunción. Las apariciones de la Virgen de Guadalupe, la previa aparición en Tlaxacala a un indio también de nombre Juan de la Virgen del Refugio traída por Hernán Cortés, venerada en la capital del virreinato y sustituida (estuve a punto de escribir irreverentemente suplantada) luego por Nuestra Señora de Guadalupe. La devoción a la Virgen bajo diversas advocaciones en las distintas ciudades del centro de la república: Querétaro, Celaya, Guanajuato, León, Lagos, Encarnación, San Juan de los Lagos, hasta Guadalajara, y Zacatecas, Fresnillo, Durango, Saltillo, Monterrey, y como ahora se dice, un largo etcétera, respalda la idea de que sin duda Aguascalientes era y es de la Asunción. Aunque merece la pena recordar que la veneración a San Miguel Arcángel estuvo muy acendrada, al extremo de que fue considerado patrono de la diócesis y la influencia franciscana se reflejó en que el Santo de Asís fue el patrono de la ciudad.
El recorrido de la Romería se ha ampliado, lo que brinda la oportunidad de que la aprecien un mayor número de personas sin tanta apretura e incomodidad. Este año, quizás por la amenaza de la lluvia y dado que el que se moja con una tromba hasta al chipi chipi le saca, pareció haber una menor afluencia de público. Es de resaltar el orden y ahora sí, la puntualidad, aunque resultó un tanto, por no decir un mucho monótono el desfile previsible de los grupos de matlachines algunos con nombres tan curiosos como “olmecas” o “mayas” que obviamente se apartan del origen y la tradición de nuestras danzas. Merece la pena destacar que se han recuperado las melodías, que en violín acompañan a las danzas y que marcan no sólo el ritmo sino los diferentes pasos de las diversas danzas. En algún tiempo casi olvidadas porque se perdían en la barahúnda de la ciudad, Víctor Solís del Instituto Cultural, luchó por el rescate y lo consiguió. Ahora, gracias a la tecnología moderna con pequeñas baterías y grandes amplificadores el sonido del violín por su timbre se impone a las tamboras, que hasta en grupos de cinco traen ahora las danzas.
Es de resaltar la presencia de los grupos juveniles que aportaron sus buenas dosis de alegría y entusiasmo y que permiten augurar que esta tradición continúe, y por que no, crezca y mejore. A simple vista, sin embargo, la impresión es que en los carros alegóricos se perdió algo de creatividad y frescura que aportaba el trabajo de las diferentes parroquias de la diócesis. Detalles incluso naive que con su ingenuidad y sencillez y la utilización de elementos propios de cada lugar, digamos las guayabas en Calvillo, las tunas en Loreto, los sarapes en Teocaltiche, las cobijas en Villa García, etc.. Quizás sea una apreciación incorrecta pero fueron tan parecidos los carros y los elementos tan similares que hacen pensar en una uniformidad no casual.
El prietito del arroz, estuvo, como la ha estado en el tratamiento de los puestos ambulantes, en el Ayuntamiento de la capital. Uno no entiende porque han decidido transformar el centro de la ciudad en un tianguis, con multitud de puestos de fritangas insalubres, mugrosas y contaminantes, y puestos de venta de chucherías plásticas, de piratería y dudosas artesanías que nada tienen que ver con las tradiciones de Aguascalientes. Una nota mala adicional: los organizadores y los supervisores (Ayuntamiento) olvidaron que aunque el quincenario y su culminación en la Romería, tiene origen en una necesidad “espiritual” los romeros, los curiosos, los vendedores, los simples transeúntes, producen compuestos orgánicos de desecho que tienen necesidad de expeler y lo hacen donde pueden convirtiendo la Plaza de Armas en un gigantesco urinario y en algo “pior” de mayor consistencia, y ya se sabe que “pior” es peor que peor. Falta de previsión y falta de vigilancia. ¡No hay derecho!.

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