“La fantasía es lo imposible hecho probable. La ciencia ficción es lo improbable hecho posible´´   – Rod Serling, creador de “La Dimensión Desconocida´´

Desde aquel momento en que el monolítico Walt Disney reposó su gazmoña materia corporal en: A) Un oneroso ataúd de pino y caoba facturado en miles de dólares o B) Una práctica máquina criogénica embalada junto al Arca de la Alianza y los restos de Elvis en algún escondrijo del Área 51, el terreno de la animación comenzó un arduo proceso epifánico que le permitiera una amplitud perceptual con respecto a sus propias capacidades, tanto narrativas como visuales, viéndose éstas en un proceso de sometimiento y merma creativa por el redituable yugo auto impuesto de las tramas fantásticas con princesas, reinados y animales antropomórficos de por medio, constriñendo el campo de acción de un género de ilimitadas capacidades plásticas y discursivas. Claro que, desde sus inicios, aquellos proyectos considerados como una genuina alternativa a las quimeras maniqueas que se fraguaban en las imponentes torres del castillo de Cenicienta, Cal., -las animaciones de Max Fleischer y toda la retahíla de hilarantes improperios de la Warner, entre otros- ya hacían mella en el colectivo, pero fue hasta que la concepción de hibridación de géneros anidara en algunas mentes visionarias cuando la venturosa amalgama  entre el hemisferio especulativo y audaz de la ciencia ficción y el de la irresoluta inventiva de entraña poética denominado animación pudo generarse, dando como resultado uno de los ejercicios más libres y puros de la expresión cinematográfica.
Uno de los precursores con respecto a esta visión fue el talentoso cineasta francés René Laloux, quien a través de tres trabajos esenciales ponía de manifiesto la potencialidad artesanal, lúdica e inspiradora de esta inevitable fusión genérica, comenzando con “El Planeta Salvaje´´(1973), un ambicioso relato interplanetario galardonado con el Premio del Jurado en el Festival de Cannes de ese año donde se narra la lucha especieísta que traban los diminutos Om con los opresores y gargantuescos Draag en un planeta distante llamado Ygam, bellamente diseñado con un estilo pseudo impresionista y elaborando complejas metáforas sobre la intolerancia y la libertad muy alejadas a lo que entonces el público masivo vinculaba con la experiencia de ver dibujos animados. Este triunfo a nivel de crítica y de taquilla propulsaron la imaginación de Laloux hacia dos trabajos subsecuentes: “Los Amos del Tiempo´´(1983), la aterradora y subyugante odisea de un pequeño niño que debe vencer infinidad de obstáculos para subsistir en un planetoide llamado, muy apropiadamente, “Perdide´´, cuando su nave se estrella en dicho lugar, y “Gandahaar´´(1988), una ambiciosa parábola sobre la guerra de los sexos donde un mundo pacífico gobernado por mujeres (emoción y visceralidad) ve quebrantado su cotidiano con la llegada de un tirano que semeja un cerebro gigante (cognición e intelecto) acompañado de sus soldados masculinos metálicos. La moraleja sobre unificación y adherencia de géneros es más que evidente.
Dichos relatos poseen un alto grado de propuesta visual y temática, por lo que es probable hayan sido un elemento básico de inspiración para proyectos posteriores, como es el caso de “Heavy Metal´´(1981), filme antológico que adapta libremente algunos de los personajes que aparecían en el cómic/revista homónimo con una banda sonora que acoplaba sonidos tan dispares pero únicos de aquella época, como Devo, Cheap Trick y Black Sabbath, reemplazando a las melosas armonías acostumbradas entonadas por miembros de la realeza enamorados, así como una generosa variedad temática que abarcaba horror, ciencia ficción pura, fantasía y humor negro, entre otros. La cinta es de culto obligado y erogó en una forzada secuela (“Heavy Metal 2000´´) que literalizaba los aspectos sexuales e hiperviolentos que el cómic utilizaba para satirizar la cultura pop, así como el pobre lucimiento de su figura estelar,  la otrora estrella de blandipornos y cine “B´´ ochenteros Julie Strain, cuyo esposo Kevin Eastman (co-creador de“Las Tortugas Ninja´´) fungía como productor -además de poseer los derechos del cómic-.
“Heavy Metal´´ fue un gran éxito iconoclástico, poniendo de manifiesto las cualidades contraculturales de la animación que se expandió como un alarido de rebeldía y abriendo la senda para que otras producciones anglosajonas experimentaran con la creación de universos factuales pero lejanos, como es el caso de “Wizards´´, la primera incursión del desigual Ralph Bakshi (“Fritz el Gato´´) en la ciencia ficción animada y de constante reposición en los canales culturales nacionales, donde unifica aspectos tecnológicos y místicos a través de un diseño visual semejante al de artistas de historieta europeos como Moebius y Brecchia; “Rock & Rule´´(1983), filme de factura canadiense que antecede la trama de aquella fantasía videoclipera titulada “Calles de Fuego´´(Hill, E.U., 1984) al centrar su argumento en el rapto de una superestrella femenina del pop espacial por un facineroso fanático cósmico y el valeroso pretendiente que aspira a su rescate, una cinta beneficiada por valores de producción arriba de la norma y la participación musical de Debbie Harry, Iggy Pop, Lou Reed, et al.; y “Starchaser: La Leyenda de Orin´´(Hahn, E.U., 1985), un procaz plagio a otro plagio “La Guerra de las Galaxias´´, pero ahora con el añadido del entonces renacido 3D clásico (celofán rojo y azul, mejor conocido como “3D anáglifo”), insubstancial y tan solo una curiosidad para completistas.
Las pruebas y ensayo modernas han erogado en proyectos que pretenden asimilar los fundamentos planteados en las cintas mencionadas con la asistencia de imágenes generadas por computadora, dando como resultado tanto filmes de épicas ambiciones pero limitados resultados (“Titan A.E.´´, “El Planeta del Tesoro´´, “Marte Necesita Mamás´´) como epopeyas intimistas que aprovechan los desolados ambientes futuristas o siderales para enunciar postulados simbólicos sobre la deshumanización, la alienación (literal y figurativa) y el descarrío existencial, trabajado con grados diversos de jocosidad para su consumo masivo (“Wall-E´´,“9´´,“Metropia´´).
Así es, la animación ha recorrido un largo sendero desde que el Tío Walt nos legó tan solo crónicas de virtud y moral irreprimible en bosques encantados. Pero ahora con el estruendoso discurso de la ciencia ficción en la mezcla, el pasado no es más que un cuento de hadas.
Nota: Las cintas mencionadas se encuentran a la renta en la Videoteca del C.C. Casa Jesús Terán.

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