Por: Octavio Díaz García de León.

@octaviodiazg

 

El pasado martes 23 de junio en la reunión de instalación del Consejo del Sistema Nacional de Transparencia, el presidente Peña dijo que “con el establecimiento de medidas a favor de la transparencia y anticorrupción lo que estamos haciendo (…) el Estado mexicano y su sociedad es domar auténticamente la condición humana, llevarla por nuevos caminos”. Dijo que la corrupción no es privativa de México, sino que es un tema de orden global.

El comentario causó polémica e incluso el Presidente dijo que iba a ser oportunidad de mofa para los caricaturistas y así fue. Calderón, quien publica en el periódico Reforma, presentó una caricatura en donde se pinta a la corrupción domando al presidente Peña.

No estoy de acuerdo con el planteamiento de que la corrupción es parte de la condición humana. Yo creo que a los seres humanos no se nos da como forma de estar en el mundo el ser corruptos. Al contrario, la condición humana es la que nos permite enfrentar el lado oscuro de nuestra naturaleza a través de la libertad, el trabajo y la acción para evitar el dejarnos llevar por nuestros impulsos más negativos. Pero además, tampoco creo que la corrupción sea parte de la naturaleza humana. No creo que exista el gen de la corrupción.

En México, a pesar del grave problema que tenemos en esta materia, la gran mayoría de los mexicanos estaría de acuerdo con lo que me decía un buen amigo: “…no solo no cometería actos de corrupción, sino ni siquiera sabría cómo”. La corrupción tampoco es privativa de México y es correcto decir que la corrupción existe en todo el mundo, pero esto no quiere decir que todos los seres humanos somos corruptos. Si bien es cierto que en México la percepción de que existe corrupción es muy elevada y de acuerdo con el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional hay 102 países donde la corrupción es menor a la que existe en nuestro país, eso no quiere decir que todos los mexicanos seamos corruptos por naturaleza ni nuestra condición humana esté orientada siempre a ser corruptos.

Sería interesante saber por qué el presidente Peña considera que la corrupción se encuentra arraigada en la condición humana, porque plantearía que hemos elegido dentro de nuestra libertad el camino de la corrupción en lugar de combatirla. Más que domar a la condición humana, se le podría intentar cambiar pero siempre y cuando la corrupción fuese parte de esa condición. Si ese fuera el diagnóstico, el panorama sería desolador. Les ha tomado siglos a las religiones y las iglesias el cambiar la condición humana. Luego lo han intentado la razón y la ciencia y a pesar de ello el siglo XX fue testigo de las peores atrocidades de que sea capaz la humanidad. Si la corrupción fuera parte de la condición humana, que no lo creo, su erradicación no sería posible en nuestra vida.

Ahora bien, si no es la condición humana ni la naturaleza del mexicano, existen varios factores que propician el que haya corrupción: una avidez desmedida por enriquecerse acumulando bienes y dinero alimentada por el consumismo exacerbado, el pensar que un puesto público es la manera de lograrlo y una absoluta impunidad que lo permite. El ejemplo permea entre los jóvenes que tienen como modelo a personas que han sido exitosas de esta forma perversa y el paradigma se perpetúa cuando tienen oportunidad de llegar a estos puestos.

Creo que la mayoría de los mexicanos no somos corruptos aunque parezca difícil creerlo. De acuerdo con el INEGI, en el 2013 el 12% de la población tuvo una experiencia de corrupción al realizar un trámite personal. El número es alarmante pero la corrupción no es un fenómeno generalizado. En 88% de los casos no hubo un acto de corrupción. Quiere decir que el fenómeno es combatible. Que no todos son corruptos ni están dispuestos a corromperse o a corromper a alguien más. Así que está al alcance de este gobierno el poder tener un impacto significativo en reducirla. Hace falta voluntad, movilizar todas las herramientas que se encuentran al alcance de las autoridades para empezar a tener un impacto perceptible ante la opinión pública.

Existen remedios de corto plazo contra la corrupción. Empezando por tener leyes adecuadas como las reformas recientes que se han ido impulsando en la materia. Pero no bastan las leyes sino su aplicación y en México, donde el 98% de los delitos permanecen impunes, el gran reto no es promulgar más leyes sino hacerlas cumplir.

Ojalá el Presidente compartiera un diagnóstico del fenómeno que fuera menos pesimista que el atribuir la corrupción a la condición humana. Si aceptara que no todos los mexicanos son corruptos ni desean serlo, podría desarrollar un programa ambicioso para combatirla en un muy corto plazo. Porque los corruptos y corruptores son una pequeña minoría que puede ser llevada ante la justicia. De otra forma, como también lo dijo, no debemos esperar resultados en el corto plazo.

No se necesitan las grandes reformas legales ni otras medidas grandilocuentes. Hay muchas acciones eficaces menos vistosas que pueden ir acotando el fenómeno. También ayudaría que el alto funcionariado del gobierno fuese ejemplo de probidad y no noticia de escándalo en los periódicos. Si ellos no son los primeros en rechazar la corrupción, no habrá leyes que valgan ni reformas que sirvan, porque a ellos les toca aplicarlas y difícilmente lo harán si los primeros perjudicados son ellos mismos.

 

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