Nuestra casa, niebla de humo,

ciudad mortaja,

México Tenochtitlán ahora;

enloquecido lugar de ruido

¿aún podemos elevar un canto?

Nos trajo aquí el dador de la vida

aquí estuvo nuestra fama, nuestra gloria en la tierra.

(fragmento de poema en náhuatl)

Quince veces la población total de nuestro estado, es la cantidad de población indígena aproximada que hay en el país. La cultura indígena nos acompaña prácticamente a diario. Uno puede caminar por las calles del centro de cualquier ciudad en el país, y siempre hay algún elemento que nos recuerda ese aspecto cultural inherente. Desde los recuerditos típicos, las blusas bordadas, los collares de chaquira… qué decir de varias de las palabras de nuestro léxico habitual como “itacate” “tamal” o “guacamole”.

El domingo pasado, se celebró el Día de los Pueblos Indígenas, instaurado por la ONU precisamente en un año en el que nuestro país vivió acontecimientos fuertes: 1994.

Un año en el que además de diversos acontecimientos sociales y políticos, destacó el movimiento zapatista del EZLN por su demanda de respeto a los derechos de los indígenas.

Es curioso, cómo después de tantos años, 21 años desde que apareció un movimiento indígena organizado, pareciera que la situación de este sector en el país sigue prácticamente igual.

Y no es sólo una situación nacional, a nivel latinoamericano y mundial, las poblaciones indígenas siguen siendo las más vulnerables. El mismo Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, dijo en días pasados que estos sectores de las sociedades seguían enfrentando numerosos problemas en su mayoría evitables, como los servicios de saneamiento deficientes, viviendas inadecuadas, falta de atención prenatal, violencia contra la mujer, altas tasas de diabetes, abuso de drogas o alcohol, suicidio en jóvenes y mortalidad infantil.

Imaginémonos por ejemplo, la mezcla de varias de estas carencias. Niños, jóvenes y mujeres parecen tener el peor escenario. Todos aquellos niños que por falta de atención médica y vacunas, o por el déficit de atención natal de sus madres, mueren. Aquellas condiciones de pobreza extrema a la que llegan las familias de los jóvenes, quienes tienen que migrar a las ciudades buscando mejores oportunidades, y donde se enfrentan a problemas de discriminación y carencias de herramientas educativas que les permitan salir adelante. Razones por las que muchos encuentran motivos para suicidarse. Es muy triste saber que las cifras de suicidio en los indígenas crecen, porque no encuentran formas de desarrollarse en un entorno que carcome sus raíces e identidad.

Y no se diga las mujeres, que no sólo se enfrentan a la discriminación, sino también a rezagos educativos, falta de atención médica, machismo y muchos embarazos adolescentes.

Siempre es bueno para concientizarnos sobre nuestras raíces, sobre ese enorme bagaje cultural que tenemos y sobre nuestro trato hacia los indígenas, el sector que lucha de forma reacia por conservar sus tradiciones, lengua y cultura. No debiéramos de ser ajenos porque son parte intrínsecamente ligada al mexicanismo. Porque a como siguen las cosas, vulnerándose sus derechos humanos, aislándolos, dejándolos vivir en pobreza y sin condiciones dignas para vivir, sólo estamos condenando su propia existencia, orillándolos a la extinción, como ya ha pasado con tantas comunidades indígenas a nivel internacional, y eso es profundamente lamentable e inaceptable.

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