Josemaría León Lara

Hablar de Mesoamérica es remontarse a las culturas prehispánicas que forjaron el pasado histórico de nuestra identidad mexicana. Siempre ha sido considerada como una región rica en recursos naturales y manifestaciones culturales; sin embargo debido a la poca atención que como sociedad civil y que en conjunto con el gobierno hemos tomado, el sureste mexicano permanece como la zona con más rezago en el país.

Las carencias son muchas y el llamado de acción es urgente, al hacer una lectura analítica de los resultados publicados por el INEGI de la encuesta inter censal 2015, no es de extrañarse que las Entidades Federativas con más necesidades permanecen siendo Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Veracruz y Michoacán. El limitado acceso al precario sistema de salud, la falta de servicios básicos como agua potable y drenaje, la pobreza, el empleo mal remunerado, las grandes cantidades de apoyos federales mal administrados y sobre todo el pésimo servicio educativo.

Quizá es mera coincidencia, o tal vez es producto del azar ya que resulta que los Estados mencionados son aquellos en dónde la Reforma Educativa ha sido más difícil de implementar. En el caso particular de Oaxaca los años promedio de escolaridad de personas de quince años o más, es de 7.5 (INEGI) estando como la segunda entidad federativa con menos años estudiados (únicamente sobrepasado por Chiapas que es de 7.2).

Ahora bien,  de acuerdo a los censos nacionales de las últimas décadas se repite la constante de que el promedio de escolaridad nacional aumenta a un año cada diez. Actualmente el índice de años cursados promedio a nivel nacional es de 9.1 y comparándolo con el 7.5 de Oaxaca, entonces hablamos de dieciséis años de rezago educativo.

Desde el anuncio de la Evaluación Magisterial, el Gobierno Federal no ha podido implementarla a nivel nacional por los intereses de la CNTE. Originalmente la disidencia  magisterial comenzó con un movimiento pacífico para defender su postura en contra de ser evaluados, pero el miedo de quedar en evidencia por el desconocimiento de los temas que deberían estar enseñando en educación media y básica, hizo que su lucha se desvirtuara (sí es que en algún momento fue virtuosa).

Se debe recalcar que no son todos los maestros que se niegan a ser evaluados, pero más importante que deciden cumplir con su vocación y responsabilidad de enseñar al permanecer en las aulas, a pesar de las amenazas que sufren por parte de su sección sindical. Pero por el otro lado tenemos a los rijosos que han tomado las carreteras de sus comunidades, que han hecho uso de la fuerza en establecimientos públicos y que mantienen en aparente estado de sitio a su Estado.

Sin mencionar que son públicamente respaldados por López Obrador, quien claramente ha visto la oportunidad de aprovecharse de la situación en busca de aumentar su capital político. Sin embargo la gran duda permanece, puesto que por más que el líder de Morena los apoye, en estricto sentido no significa que aporte los recursos económicos para que la lucha magisterial siga en pie; es entonces quién financia al movimiento de la Coordinadora?

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@ChemaLeonLara