Por Alejandro Hernández R.

Al final, luego de una espera que alargó los nervios, después de seis años volvió a la plaza de Las Ventas de Madrid, Arturo Macias “El Cejas”, asumiendo un compromiso de doble responsabilidad, al torear en la catedral del toreo y al lidiar astados lusitanos de la terrible ganadería de Palha.

A decir de los entendidos, ahora la corrida de la temida ganadería portuguesa que goza de ser sus toros muy bien hechos, con bravura seca, se ha sacado la espina al ser despedidos entre palmas los toros lidiados en 1º, 2º, 3, 5º , 6º lugares, exigentes sí, pero colocando la cara en las telas, humillando y sin mayores complicaciones.

La plaza, que registró un poco más de un tercio de su aforo, contempló la actuación de Fernando Robleño, que se salvó de ser  herido de mucha consideración por su primero, cuando le recibió a porta gayola, salvo un puntazo hondo como de diez centímetros en el costado derecho.

Nuestro paisano Arturo Macías, con el segundo de la tarde, el toro de su reaparición, permitió le castigaran sin piedad, y aun así, este gran ejemplar acabó yendo a la muleta con mucha calidad y nobleza. El popular “Cejas”, por momentos se acopló por el pitón derecho, en pases templados, pero en series por demás cortas que le fueron coreados. Después del ecuador de su actuación, ésta vivió momentos de desajustes, donde perdió la distancia, decayendo el interés de la faena, al no perdonarle nada el exigente público madrileño. Mató de estocada algo tendida, tardando en doblar su enemigo. Silencio.

Con su segundo, un toro muy serio, pero de gran estilo y nobleza, muy humillado, Arturo Macías dejó ver su sello de valiente, entre algunos pases sueltos de buen trazo. Sin embargo, dejó enganchar al toro en la muleta, dando la impresión de haberse desenfocado,  y aunado a ello, hay que tomar en cuenta el escaso fondo de su enemigo.

El tercer espada Alberto Aguilar ovación con saludos y vuelta al ruedo.