Impresionante lleno y el no hay boletos ayer en la San Marcos. Un lleno con sabor nostálgico de aquellos llenazos de un 25 de abril, que al igual que antes, dejó muchos aficionados fuera del castizo coso, brindando un espectáculo multicolor, rebosante de alegría y gran ambiente, atraídos por la presencia de tres novilleros de casa, los de mayor interés, como son Diego Emilio (al tercio e injusto silencio), en su fase de consolidación novilleril; Nicolás Gutiérrez “El Cubitas”, a un paso de recibir la borla de matador (al tercio y silencio), y un José María Pastor (fue llamado al tercio y se recetó por su cuenta abucheada vuelta al ruedo a súper velocidad) que aún no llega al nivel de sus alternantes. Para desgracia de los actuantes, sus fallas con el acero les privó de cortar al menos una oreja por piocha, porque al final presenciamos un festejo muy interesante, con diferentes matices, actuaciones de mucho fondo, y la entrega absoluta, en su estilo y condiciones, de los tres novilleros, manteniendo siempre al público atento a su devenir.

Se lidió un encierro bien presentado procedente de Pepe Garfias, recibiendo el cónclave con sus palmas a los novillos lidiados en primero, cuarto y quinto lugar, resultando muy buenos el segundo, con gran fondo de calidad y nobleza, al que se le escapó al palco, el premio del arrastre lento, tercero con nobleza y sexto de estupendo lado izquierdo.

Con estruendosa ovación saludo el público a los toreros, justo al momento de pisar la arena más que centenaria del vetusto coso sanmarqueño, ovación que retumbó hasta lo más recóndito del antiguo barrio acalitano, al igual que cuando muy garifos situados en el tercio, destocados atendieron al llamado del respetable.

Todo parecía corresponder al gran interés y entusiasmo de un público ansioso por contemplar la actuación de cada uno de los tres jóvenes toreros, que salieron dispuestos a entregarse sin oponer reserva alguna.

Por delante se fue un Diego Emilio, acusando los estragos de la responsabilidad de ser el primer espada, llevando sobre sus hombros un compromiso de señor grande, al enfrentar al novillo-toro que abrió plaza, novillo bien criado, cuya presencia provocó muchas palmas, arrancando con fuerza al engaño y que provocó espectacular tumbo. Mas en el tercio final, Diego, evidenciando cierto nerviosismo, que pronto quedó atrás, y más cuando logró ponerse a tono, cuando surgió una tanda de naturales que pusieron a gravitar al respetable, en medio de atronadores olés, prosiguiendo con pases en redondo alternando inteligentemente los lados, destacándose momentos brillantes, ante un novillo muy emotivo. Por desgracia, señaló un pinchazo poco profundo, transcurriendo mucho tiempo, antes de acertar al primer golpe con la espada corta, resumiéndose su actuación con salida al tercio.

Su segundo, fue un novillo muy complicado, muy fuerte, llevándose un lote muy cargado, manso de libro, que siempre rehuyó pelear con el caballo, volviendo la cara, muy rajado, Diego Emilio luchó contra las ráfagas de viento y las adversidades del novillo, con acertado planteamiento, lo sacó a los medios donde inició una faena totalmente incomprendida por la asistencia, con estructura, inteligencia y mucho mérito, lo fue consintiendo hasta conseguir brillantes momentos, sobre todo con la mano izquierda, al robarle materialmente pases naturales de estupenda factura, si bien, uno a uno, pero llenos de verdad, toreando siempre sin ventaja, presentando la muleta bien cuadrada, sin utilizar el pico del engaño, ante el total desinterés de un público poco conocedor. Fue volteado peligrosamente, y terminó con una estocada contraria, tendida y atravesada, despenando al segundo golpe, como final de una faena de mucho fondo.

El segundo espada fue Nicolás Gutiérrez, que fue muy ovacionado en su primero al quitar por chicuelinas muy apretadas, mientras Pastor lo hiciera por gaoneras, llevándose ambos fuerte carretada de palmas. El Cubitas, con ese ánimo que siempre ha mostrado, además de un estupendo estilo, se hizo aplaudir durante una faena puramente derechista, aprovechando las estupendas condiciones del mejor novillo de la tarden en base a su buen fondo de calidad y nobleza, trazando una faena que fue de más a menos, dejándose ver en las primeras tandas, situado en los medios. Después, fue decayendo el trasteo, el que alargó mucho, concluyendo de pinchazo y estocada delantera y atravesada, atinando al primer golpe con la espada corta.

Su segundo astado resultó a la postre el más malo de la tarde, un colorado albardado de bella lámina, pero incierto, punteando, pegando arreones, sin meter la cara, y sin regalar un solo pase. No le quedó otra cosa a Gutiérrez que pasaportarlo con eficacia.

Por su parte, José María Pastor, triunfador de la pasada emisión de novilladas, ha estado muy animoso toda la tarde, algunas veces con algo de superficialidad y en otras con buen fondo, pero sin perder el ánimo de triunfar.

Al tercero le saludó con buenos lances, al igual que en su quite por saltilleras. Cubrió el segundo tercio, estando regular. Inició su actuación postrado de hinojos en el centro del ruedo, con pases por alto, que le fueron coreados. Muy temprano buscó las cercanías, en un trasteo que pronto cayó en el desinterés del pópulo, aprovechando el viaje. Al final, saludo en el tercio, escuchando tibias palmas y por su cuenta se recetó una vuelta al ruedo a la velocidad del vértigo, entre los abucheos del respetable.

Con el último, otro estupendo novillo, fueron muchos pases, pero de poco contenido, salvándose una serie de naturales, donde la asistencia rugió de emoción, cuando Pastor, realmente toreó de fondo, tirando del noble burel en trazos largos y templados, emocionando gratamente a la parroquia, de ahí en adelante, la faena ya no remontó lo deseado, por más esfuerzos realizados, para terminar con su actuación y el tercer festejo, con una estocada trasera y tendida.

Para el domingo próximo se anuncia otra novillada más de selección, con la participación de tres alumnos de la academia taurina, Pepe Vargas, Rodolfo Mejía “El Tuco”, ¿qué no merecía una tercia?, Arturo Soto, Iván Hernández, José Fernando Sandoval y el zacatecano Mariano Sescose, lidiándose una novillada de Pastejé.