RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Hasta el día de hoy ya van cuatro aspirantes a ocupar un cargo de elección popular que han sido asesinados, en diferentes estados de la república desde que dio arranque el proceso electoral; esto debe aumentar la preocupación porque independientemente de los amagos institucionales contra la elección, estamos viendo los atentados personales. Por amagos institucionales quiero decir el golpe a la institución electoral, no al Instituto Nacional Electoral, sino al proceso electoral democrático que tiene lugar en este país. Lo que se ha estado diciendo y propagando en Guerrero, por ejemplo, de que no hay que votar ni permitir la instalación de algunas casillas en zonas controladas por organizaciones radicales, es que votar es hacerle el juego a un sistema que permite el narco-gobierno que asesina a los estudiantes, etc. Entonces viene toda esta cadena que dice que un voto por el PRI es un voto por el narco, y un voto por cualquiera también es un voto por el narco. Ahí nace el amago de no permitir el desarrollo de la elección y si a eso le agregamos el asesinato político que hasta en tanto no se terminen las investigaciones, la naturaleza misma de las cosas y la ocupación reciente de las personas asesinadas nos hace suponer un asesinato de corte político, eso enrarece todavía más el clima. Un clima que está manchado por muchas otras cosas, como por ejemplo la obsesiva y casi –fallidamente– hipnótica propaganda de los partidos políticos que es algo en verdad insufrible. No solo por su volumen sino por su monotonía, falta de creatividad. Esta lucha en la que se confunde la lucha política con la lucha libre, y estas evidencias de que nada de lo que está ocurriendo logra la finalidad que debería tener, y que es permitirle al ciudadano la expresión de su voluntad política a través de la urna.

Algunos han comentado que posiblemente la elección no pase del 35% de votantes. ¿Y para eso se van a gastar casi 6 mil millones de pesos? ¿Para que vote una ínfima parte del padrón electoral? Algunos dicen que no importa pues son elecciones nada más para renovar la cámara, algunos ayuntamientos y algunas gubernaturas, la importante es la federal, la de presidente de la república. Lo cual es una mentira pues todo proceso electoral tiene –o debería tenerla– cívicamente la misma importancia.

¿Cuánta de la desconfianza en las instituciones electorales es motivo de la displicencia con la que se da el proceso electoral? ¿La falta de interés del ciudadano es la falta de interés por la política, puramente por la política, o porque los actores del proceso electoral están fallando? Esa pregunta la tendrán que responder ellos. Pero esta es la primera elección que organiza el Instituto Nacional Electoral y le aparecen problemas y obstáculos a cada paso, y por si no fuera suficiente, el propio instituto se genera sus propios problemas a cada paso. Y eso no se puede llamar aptitud, eso se puede llamar ineptitud.

 

ANEMIA EXPRESIVA DE LORENZO CÓRDOVA

En lo relativo a la grabación dada a conocer de la conversación del presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova Vianello, y Eduardo Jacobo Molina, hay varios puntos que tenemos que considerar en el análisis de este penoso asunto. El primero y más importante de todos es la persistencia del espionaje ilegal en el mundo político mexicano. El espionaje es no solamente ilegal sino también desfavorable para cualquier estructura política cuando se hace con fines de golpeteo institucional o con fines de extorsión, ya sea política, económica o de cualquier otra clase. El espionaje es esencialmente anónimo, es cobarde. Y siempre gana, nunca pierde. No conozco hasta el día de hoy un solo caso de grabaciones de esta naturaleza que haya sido objeto de sanción; ni siquiera se ha sabido quién lo hizo, ya no digamos por qué lo hizo y qué obtuvo como beneficio al hacerlo. Pero ya no es solamente el espionaje lo que nos debe preocupar, es también la exhibición pública y la convocatoria al linchamiento que se hace a través de otras estructuras en donde el anonimato es tan cruel y tan cobarde a veces, como el propio espionaje. Este audio dado a conocer la semana pasada fue divulgado con un pseudónimo y subido a Youtube y de ahí simplemente se extiende, se expande. Pero eso no explica una parte sumamente penosa del asunto. Y es la exhibición de penuria cultural de Lorenzo Córdova. No es posible tener un lenguaje de esa limitación expresiva. No estoy pidiendo que el presidente del Instituto Nacional Electoral permanezca toda la vida con la actitud de orador que habría tenido Demóstenes. No queremos oradores. Pero sí nos gustaría ver funcionarios con más nivel, funcionarios que tienen que ver con instituciones aparentemente democráticas, porque en el caso de Córdova ya vimos el nivel, eso es lo grave, porque si toda su capacidad analítica, discursiva y expresiva termina en “¡no mames cabrón!”, entonces, ¿en dónde está la academia? ¿Dónde está el mejoramiento institucional en este país? ¿Y dónde está la cultura?

Dice Gabriel García Márquez que peor que tener mala suerte es tener mala fama. Yo no sé qué fama se están ganando estos funcionarios actuales. Estos son los señores que después nos asestan golpes de modernidad política a través de artículos muy sesudos en los periódicos de colores de este país. Ellos son. Pero cuando los conocemos en su verdadera expresión personal, son una especie como si los miembros del consejo fueran los “Miembros al aire”, es lo corriente, lo poco expresivo. Y no se espanta nadie de las palabras gordas que le dan sonoridad a nuestro lenguaje; no hay sinónimo para decirle a un señor, cualquiera de las llamadas palabras soeces, no, hay que decirle a veces a la gente con el lenguaje que es bueno. Pero el lenguaje no puede ser la limitación de las ideas, el lenguaje tiene que ser el vehículo que transporte los conceptos y a su vez éstos los que lleven ideas. Hasta en una conversación simple usted puede tener con un amigo un intercambio inteligente y no un simple “¡no mames güey!”. Y qué tiene que ver, yo pregunto. Hay dos fenómenos, la coprolalia, que es decir todo el tiempo obscenidades, majaderías, y la otra es la pedolalia. Y aquí vimos al pedolalico burlándose del coprolalico. Que porque el señor indígena hablaba como si fuera un chichimeca. ¿Qué tienen que ver los chichimecas con el llanero solitario? ¿Y qué tiene que ver eso con la poesía maravillosa escondida en cada una de las páginas de las “Crónicas Marcianas” de Ray Bradbury?

A mí me ha decepcionado mucho esa exhibición tan ramplona, tan culturalmente raquítica de Lorenzo Córdova. Su exhibición es lamentable y es una pena que quien hizo esa filtración de veras vaya a lastimar con esto al Instituto Electoral, al árbitro electoral a dos semanas de las elecciones, que sin duda será un proceso electoral complicado y además con sus respectivos procesos locales referentes en un momento en donde, como nunca se había visto, hay peligro de que las elecciones no puedan llevarse a cabo en algunas zonas de Guerrero, Oaxaca y en otros puntos del país en donde ha prevalecido la violencia. Hay que ver si la única finalidad de todo esto fue golpear al instituto o ayudar a quienes de una manera u otra no quieren que en este país haya un proceso electoral correcto y ordenado. ¿Quién gana en México si se pierde la confianza en un sistema electoral y en un sistema de partidos? Pues ganan evidentemente los que están fuera de ese sistema y fuera de ese sistema podemos hacer un enorme listado de actores y de poderes políticos que se mueven al margen de la página que todos los días se escribe institucionalmente en este país. ¿A quién se le está haciendo el caldo gordo con la divulgación y con la difamación? Difamar es echar abajo la fama a través de acusaciones falsas. Entonces, ¿quién gana degradando al Instituto Electoral? ¿Quién gana golpeando a los partidos políticos? Finalmente lo que ya se logró es que se pase de la crítica a la mofa y Córdova no tiene forma de defenderse frente a la anemia de su capacidad expresiva. Así haya sido una conversación privada.

 

LA DESHUMANIZACIÓN EN MÉXICO

El terrible caso del grupo de niños –digo niños porque ninguno llega a los 16 años– que en una especie de juego macabro, cuyo origen tendrán que adivinar o investigar los psicólogos que tengan trato con estos menores, llevaron su morbosidad a un extremo criminal. Decir que los niños no son imputables suena muy bien en el mundo políticamente correcto. Asumir que quien no tiene plena conciencia de sus actos no tiene noción de los actos que está cometiendo a pesar de saber lo que está haciendo y lo disfraza como juego es algo que nos debe preocupar más allá de este preocupante caso. Yo no sé cómo se da ese mundo infantil. Si es el que cualquier sociólogo nos va a explicar a la luz del desamparo por la pobreza, por la marginación, por la ignorancia, etc., alguien tendrá que explicarnos que algunos de estos jóvenes provienen de familias desintegradas, de familias disfuncionales, otros le van a atribuir todo este tema a la falta de una política social y otros van a decir que es consecuencia de la mala educación y otros que es consecuencia de la mala atención de las escuelas; pero lo que nosotros deberíamos considerar desde nuestro ámbito de trabajo es saber si los medios de comunicación, como extensiones de todo el procesos de conocimiento, no están también de alguna manera relacionados con este asunto.

Haber secuestrado a un niño y haberlo llevado a una zona apartada para amarrarlo, golpearlo, torturarlo y después apuñalarlo y posteriormente hacer una fosa rudimentaria, tirarlo en ella, cubrirlo de tierra y para que nadie se diera cuenta tirarle encima el cadáver de un perro, para que la putrefacción del cuerpo del niño se confundiera con la del animal muerto.

¿Todo lo anterior, simbólicamente, qué nos dice? Sabían que tenían que ocultar sus actos, por lo cual tenían noción de que sus actos eran reprobables y condenables. Y finalmente malos. La maldad nos hemos acostumbrado a no tenerla en cuenta en los análisis políticos. Todo lo queremos explicar sociológicamente y nunca queda un despacio para la ética y para la cultura. ¿Qué habrán aprendido estos niños y dónde lo aprendieron? ¿Lo aprendieron en los periódicos? ¿Lo aprendieron viendo la televisión? ¿Se enteraron que así se secuestra? ¿Se enteraron que ése es el destino de los secuestrados? ¿Cómo podrá una niña de 13 años vivir el resto de su existencia, después de apuñalar por la espalda y matar al niñito secuestrado de 6 años? ¿Qué futuro le espera y qué hijos habrá de engendrar? –Ella y los otros–. ¿Qué padres tienen? ¿Qué familias tienen? ¿Qué barrio los cobija y que ciudad los alberga? ¿En qué país viven? ¿Cuánto vale la vida humana en este país? Quizás vale muy poco si va a dar a Iguala y termina en un basurero. Quemado, pulverizado hasta las cenizas. Quizás no vale nada cuando sus despojos se vuelven pozole en la cocina criminal de los narcotraficantes. Pero la vida tampoco vale nada si se encuentra con cinco niños asesinos, porque esos es lo que son. Por eso la pregunta: ¿En dónde tiene valor la vida en este país? Seguramente lo tiene en otras partes, y lo tiene y mucho, y con la vida se hacen cosas buenas; algunas personas hacen sus trabajos, otras hacen sus oficios, sus artes, cultura, hay pintores, poetas, sí, pero de seguro no fueron educados así. Cuántos de estos niños habrán jugado con videojuegos donde las vidas se desbaratan y se recuperan por el número de puntos o por las tarjetas de ¡Tunes que compran sangre virtual, sangre a raudales que se puede convertir en sangre real y aquí lo estamos viendo. Nos horrorizaba hace un par de semanas el caso de la joven esclavizada en la ciudad de México, en Tlalpan, a la que empezaron a esclavizar cuando era niña, y no solo la esclavizaron sino que la torturaban y fue una familia completa la que participó en esa degradación de una persona. Hoy son los niños de otras familias que van y destruyen la vida. Se dice fácil. No les debe haber costado tanto esfuerzo pues finalmente la vida es tan frágil. Por eso nos preguntamos: ¿En dónde estamos realmente parados? ¿En la demagogia de legislación oportuna de un tema políticamente correcto y necesario o en la realidad de lo que está pasando en este país?

Estos niños de Chihuahua son la precocidad de la degradación nacional. Degradación que no queremos entender ni ver. Que se manda a las páginas interiores de los periódicos porque es más importante una declaración de Marcelo Ebrard. O es más importante saber si Madero sigue peleado con Felipe Calderón, etc. ¿Dónde se empezó a descomponer la vida en este país? ¿Quiénes son los culpables de no hacer nada visiblemente evidente para recuperar la moralidad, la bondad, la humanidad en un país hoy absoluta y totalmente deshumanizado?