RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Lo ocurrido en Jalisco es realmente algo sorprendente, pero tuvo un presagio que no se sabe si la autoridad o las fuerzas de la inteligencia del gobierno federal y del gobierno del estado tomaron en cuenta de manera conveniente. Me refiero al ataque del día 6 de abril, cuando fueron emboscados y asesinados policías en una carretera de Jalisco. Encuentro en ese ataque a las fuerzas policiacas la advertencia de esto que el pasado día 1° nos revela algo que el presidente de la república ha definido con la palabra de que algo está “anidado” en la violencia del estado de Jalisco.

Esto de anidar me parece también un sinónimo de incubar. ¿Y durante cuánto tiempo se estuvo incubando esta capacidad de agresión, incendio y asesinatos que se desplegó de una manera brutal el viernes 1°? Ya no son solamente las fuerzas federales sino también el Ejército el que sufre esos ataques verdaderamente orquestados con una gran capacidad logística y estratégica, me atrevería yo a decir. No sabemos si lo que estamos viendo en el estado de Jalisco es apenas la cresta de un enorme iceberg y no entendemos todavía cuál es la profundidad de estas organizaciones y hasta donde están ya ocupando territorios, quizás por la parte subterránea. ¿Cuánto tiempo lleva esta expresión de violencia anidada justamente en las estructuras de la vida cotidiana en el contexto de la operación del crimen organizado de este llamado Cartel de Jalisco Nueva Generación, que ha logrado, sin duda, una enorme preponderancia por su presencia para tratar de controlar el tráfico de drogas, de metanfetaminas, en fin, en los estados de Jalisco, Colima, parte de la Tierra Caliente del estado de Michoacán, parte del estado de Guanajuato, también afectando Nayarit y al estado de Guerrero, el estado de Morelos y hasta el estado de Veracruz, incluido el D.F.

Lo que estamos viendo es que parece haber una interconexión a través de galerías subterráneas en las cuales éste cártel está comunicando toda esta violencia regional que abarca los estados arriba mencionados.

Estamos observando realmente que no ha habido capacidad de previsión de la capacidad misma de reacción que han tenido estas personas porque al parecer todo comenzó con la captura de este señor el “gringo”, y de ahí se detonó esta reacción violentísima en un estado que no tiene una larga trayectoria en el relato nacional de la violencia realizada de esta manera. Hemos visto en Michoacán también este tipo de cierres carreteros y de ataques al transporte público y a las estaciones de gasolina, con secuestro de pipas, pero no habíamos visto en el tiempo reciente una reacción tan desmesurada, tan violenta y tan mortífera como la ocurrida el primero de mayo en Jalisco. Creo que la capacidad de respuesta del estado ante esto, que me atrevo a calificar un desafío frontal a la capacidad del Estado que tiene que verse reflejada en una acción coordinada de todas las fuerzas federales y realizar verdaderamente el aplastamiento de los grupos que ya pasaron de la delincuencia a la subversión y de la subversión a la insurrección. Esto que estamos viendo es una insurrección de la delincuencia en contra del poder legítimo del estado. Y eso es lo más peligroso que nos puede pasar.

Lo anterior debe tener dos puntos de análisis frente a los cuales el gobierno de la república ha reaccionado de manera armónica y contundente. El primero es comprender esta acción desmesurada del CNGJ como un desafío abierto al Estado. Ese ya no es un asunto en contra del gobierno, es un asunto en contra del Estado y es muy conveniente identificar o definir los campos de los que estamos hablando. Una cosa es la seguridad pública, otra es la seguridad del gobierno y otra cosa es la seguridad del Estado. La seguridad del Estado tiene que ver con la conservación de la base general de existencia de un país y por consecuencia de un sistema. Y sabemos que el Estado es la suma del territorio, de sus habitantes y de lo que está encima, en la operación de la vida, en todos los que están ahí. El Estado es la vigencia de las instituciones que le dan sentido a la vida pública. Son parte del Estado las universidades, los poderes federales, los estados de la federación, los habitantes del país. Esa suma es la que está poniendo en peligro alguien que desafía a las fuerzas de seguridad del Estado. La diferencia entre los policías asesinados en la carretera de Puerto Vallarta y los soldados, es que los policías no son fuerzas que tengan bajo su custodia y bajo su responsabilidad la defensa del país. En tanto que las fuerzas armadas sí tienen como razón fundamental de ser la defensa del país. Pero no todas las agresiones contra el país y contra el Estado provienen de fuera. En el sentido antiguo de las guerras entre enemigos, estaban unos de un lado y estaban otros del otro lado de un río o países fronterizos. Hoy las amenazas a la seguridad del Estado pueden surgir de adentro. Por eso es muy importante entender lo que el presidente dijo en relación con lo que está haciendo el Estado. Dice: “Los actos violentos del crimen organizado lejos de frenar la acción del gobierno, fortalecen la determinación del Estado para hacer valer la ley en todo el territorio”. Y ahí están los elementos constitutivos del Estado: El territorio, las instituciones, y el gobierno como conjunto de aparatos que permiten la operación de los intereses del Estado.

La comisión permanente del congreso externó un acuerdo de respaldar al presidente y al gobierno. El

martes pasado el secretario de Gobernación, Osorio Chong, declaró que el operativo jalisciense se mantiene y se fortalece. ¿Por qué viene esta respuesta tan unánime de todos los factores que pueden conformar una opinión? Primero porque no creo que nadie en este país se pueda poner de lado, ni siquiera discursiva o analíticamente, del CNGJ. Segundo, no creo tampoco que haya nadie que diga que la solución de este problema es la legalización de un mercado hoy ilegal. Sabemos que eso es ilusorio porque terminaríamos también legalizando el secuestro, el derecho de piso, el cobro clandestino de impuestos, la extorsión, etc. Si creemos que eliminando la prohibición de lo prohibido, vamos a hacer que lo prohibido se convierta en positivo, o estamos locos o estamos jugando a los intereses de otras entidades fuera de las entidades del país. Eso no es solamente absurdo sino pueril. Es como decir: “Como el consumo del alcohol es legal, permitamos que la gente maneje borracha”. Pues no. Una cosa es lo legal y otra cosa es el uso que se le da. No por declararlo legal deja de ser nocivo. Las drogas seguirán siendo nocivas como lo han sido, prohibidas y sin prohibir. Por eso no es por ahí por donde viene el debate. El debate viene porque la ilegalidad es una fuente de ingresos. Y lo que se debe combatir es la ilegalidad a través de la legalidad punitiva. Solamente, y ahora sí, y lástima que sea una frase tan mal aplicada en otras ocasiones, pero este es el momento en el que se debe aplicar toda la fuerza del Estado. ¡Pero de a de veras! Sin contemplaciones. Sin complicidades y sin abusos en contra de los derechos humanos. Todo mundo creía que el clímax del contrabando era “Rápido y Furioso” o lo que pasa por las aduanas del contrabando de armamentos, por la frontera norte, pero ahora nos damos cuenta de que es un contrabando internacional, porque los mísiles con los que tiraron el helicóptero militar son de fabricación rusa. ¿Cómo llegaron de Rusia a Guadalajara? Esto es lo que el Estado tiene que vigilar, que todas estas ramificaciones de una organización reticular transnacional, no den resultado en México.

Este es el momento en el que este país tiene que fortalecer sus aduanas, sus aeropuertos y sus puertos. Recordemos que la privatización de las aduanas, puertos y aeropuertos, no ha ido de la mano con el aumento de la seguridad. Eso de que le quiten el cinturón para subirlo a un avión, eso no tiene nada que ver con la seguridad del Estado. Ni siquiera con el combate al terrorismo, aunque lo impongan las agencias de los E.U., que hoy ya pueden enviar a sus inspectores de aduanas, armados. Estamos reforzando la seguridad de los E.U. en todo caso, pero no la seguridad de México. Y el problema de aquí es el problema de México, no el problema de allá. El problema de allá que lo resuelvan ellos. Pero no que lo resuelvan desde nuestras fronteras y desde nuestros aeropuertos. Ahí se tiene que hacer todo un replanteamiento de a quién le hemos estado ayudando en su trabajo, y hasta donde la ayuda al trabajo de ellos, con todo y las iniciativas Mérida y de todas estas cosas, no han ayudado al fortalecimiento de la seguridad del Estado y por consecuencia de la seguridad nacional y de la seguridad pública en este país. Es el momento en el que le tenemos que exigir al presidente que cumpla a cabalidad con lo que ha dicho en esta ocasión: “No dar pasos atrás en el combate a la ilegalidad, a la impunidad”. Y no olvidar cual es el foco y el centro de atención que el gobierno mexicano debe tener en esta delicadísima materia, para cuya solución, al parecer, el Ejército no tiene las herramientas jurídicas que necesita para operar con eficacia y sin estar todo el tiempo replegado contra la pared, pidiendo una legislación que le permita actuar. Y que cuando algunos elementos del Ejército cometan excesos, se les juzgue a ellos y no a la institución completa.

Creo que el trabajo es importante. Hay que seguir adelante y es el momento de entender que no por estar en época electoral se puede hacer un uso parcial de esta información. Es el momento de que el gobierno replanté sus estrategias, endurezca su posición, capture a los responsables de este desafío porque es un axioma, no hay que ser un sociólogo genial para entenderlo, pero no puede haber ninguna fuerza más fuerte que la fuerza del Estado. Lo único que puede destruir al Estado es la mala operación del gobierno.