RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El proceso sobre la reforma política del D.F. me parece que es un intento que se va a quedar en eso, en un intento. Y lo digo porque no encuentro una definición absoluta, que desde mi punto de vista debería tener también una nueva geografía de la capital del país. La ciudad de México ha sufrido todos los cambios de la historia de México y todo se va a reflejar ahí, por eso es tan compleja la ciudad. Es al mismo tiempo el receptor de todas las fuerzas y el distribuidor de todos los poderes. Por ello hay una gran cantidad de insatisfacciones entre el poder de la ciudad y la falta de poder de algunos rubros de sus ciudadanos. La organización de la vida en la ciudad de México ha pasado de los municipios a las villas. De las villas a los barrios. De los barrios a los pueblos. De los pueblos a las colonias. Y de las colonias a los condominios. Y de los condominios a las plazas comerciales. Todas las formas de organización, o de desorganización, del mundo, van a caer ahí. Y ninguna ha arraigado. Las dos grandes transformaciones de la ciudad de México las cuales se viven hasta el día de hoy son cosas del siglo pasado. Una es de los años treinta, cuando se extinguió la actividad municipal y se centralizó el control del gasto del poder de la administración en un Departamento Central. Lo cual sonaba casi como a una cosa soviética. Parecía el Sóviet Supremo. Y ahí hubo un hombre que durante 18 años fue el Regente de hierro, porque el poder lo ejercía el presidente de la república por interpósita persona. Y por ello el gobierno de la ciudad de México pasaba a ser no un derecho político sino un asunto administrativo y un departamento burocrático. Eso se cambio un poco cuando Luis Echeverría llegó al poder y Alfonso Martínez Domínguez promulgó esta ley que le dio origen a las 16 delegaciones. Solo para darnos cuenta de una cosa, el único gobernante, bajo la figura de Departamento de Distrito Federal, nacido en la ciudad de México en toda la historia de esa ciudad, desde Carlos V para acá, fue Manuel Camacho Solís. Todos los demás han ido de otros estados. Ernesto P. Uruchurtu, sonorense, ¡gobernó 18 años! Corona del Rosal, que hizo el Metro y que fue uno de los mejores jefes del Departamento nació en Hidalgo; Octavio Senties de Veracruz. Fernando Casas Alemán de Veracruz, en fin. Ni siquiera tenían al administrador nacido en la ciudad de México.

Hoy se pretende que haya una asamblea constituyente. Y después una asamblea legislativa. Cuando que lo constituyente es un acto eminentemente legislativo. Hacer una constitución es legislar en el último piso. ¿Por qué la actual asamblea no legisla y se declara constituyente? Porque está dispareja. Porque el gobierno federal no le quiere dar al PRD ese privilegio. Y porque los partidos convienen en que la transformación histórica no debe quedarse en la coyuntura de los que ganaron una elección para la cual tenían otros fines. ¿Y por qué no si el pueblo lo decidió? Se podrá preguntar usted. La respuesta es: porque el pueblo no decidió en esa asamblea constituirse como un estado más de la república. Para constituirse en un estado más de la república se le pide que nombre a sus representantes y ahí es donde hay, no un truco, sino lo que se llama entre los vendedores de chicharrón, que se llama de una manera, y es exactamente en donde la puerca torció el rabo el cómo van a designar a los representantes ciudadanos que constituyan el nuevo Estado. Hay por ahí una formula de un 60-40, pero al final de cuentas lo van a tener que hacer a través de los partidos políticos. Si hacen una elección exclusiva para nombrar diputados constituyentes, una asamblea constituyente, ¿la va a ganar quién? Quién ha ganado la mayoría durante todo este tiempo, o sea el PRD.

Por ello tienen que buscar una fórmula que le dé representatividad y no solo representación al PRD de aquí a la eternidad y eso es lo que está ocurriendo en este momento. Me parece que este país, que es la suma federada de sus estados, debería llamar al congreso general, y que fuera el congreso de la unión el que creara la nueva entidad federativa. Se podrá decir que eso es quitarle su privilegio a la propia ciudad de autogenerar su nueva constitución y su nueva organización política. Pero es lo que me parece más lógico. Si tenemos un constituyente permanente, que el constituyente haga la constitución del estado número 32. No va a ocurrir así. ¿Qué es lo que va a ocurrir? Va a ocurrir esta melcocha, esta especie de muégano en el que todo mundo va a querer tener una parte y vamos a terminar haciendo aquella vieja historia que hace distinto a un caballo de pura raza, de pura sangre, a un camello. Van a tener no un estado más de la república, sino un mal estado más de la república. Era muy sencillo. Apegarse a la constitución. Constituir el Estado del Valle de México, como así se debería de llamar, y los límites donde están los poderes de la unión, que son un pedacito de la Delegación Venustiano Carranza y otro de la Delegación Cuauhtémoc, crear ahí el verdadero Distrito Federal, un distrito administrativo y político y lo demás dejárselo al uso libre de los ciudadanos mediante una organización municipal representativa, eficaz y autónoma. Pero eso no va a ocurrir. Habrá que revisar en este asunto, que de ninguna manera creo yo que sea un fracaso definitivo porque el paso importante que había que dar para esta reforma del D.F. ya se dio. La diferencia de algunas cosas es si cuando se hacen se hacen bien o simplemente se hacen y después se pueden corregir en las partes que tienen defectuosas. Y creo que aquí es lo que va a ocurrir más adelante. ¿Cuáles son los dos elementos que tendríamos que revisar para entender que es lo que pasó con este atorón legislativo de la Reforma Política del D.F.? El primero, y el más importante, es la creación de una constitución. En este país hay fábricas de muchas cosas, pero no hay fábricas de constituciones aunque el Congreso pueda desempeñar funciones de Constituyente Permanente junto con las legislaturas de los estados cuando hay modificaciones al texto fundamental de la ley mexicana. Pero hacer una constitución implica revisar un modelo de vida y un modelo de relación entre los ciudadanos y la autoridad. No tengo muy claro quién fue el padre de esta idea, pero la idea no desarrolló las simpatías necesarias, ni siquiera por haber sido originada en un pacto político. El pacto político, incluso dentro del Pacto por México, está contemplado en la reforma política del D.F. Y ahora se dice que muchas de las concesiones que se dieron al PRD y al PRI, de las cuales el PAN se queja, están derivadas de que en el marco del Pacto por México, que ya hasta desapareció, se cedieron otras cosas de otras reformas para darle manga ancha al PRI y al PRD en esta reforma de la ciudad de México. Si fue así, o no fue así, el resultado fue muy desagradable para todos porque si el presupuesto ideológico de la transformación de la ciudad de México es la democratización de la ciudad y el acercamiento del ciudadano a los órganos de poder, ¿Cómo es posible que para constituir ese cambio, para darle cuerpo jurídico definitivo, a través de una constitución, se llame a una asamblea constituyente que no está democráticamente seleccionada ni integrada. 60 por ciento de sus integrantes serán elegidos y 40 por ciento serán designados. ¿Por qué? Porque hay alguien dijo. Porque así se pacto. Porque así se negoció y porque así se arregló arriba, en las cúpulas políticas de los partidos. Pero esos 40 asambleístas o constituyentes no representan a los ciudadanos que van a escoger a este otro 60, entonces ahí hay un “hibrido” que no puede transitar, como dicen los verbos de la política. Es como, haciendo un paralelo, si la constitución de 1917 hubiera sido elaborada en un 60 por ciento por los diputados constituyentes y en un 40 por ciento por los herederos de Porfirio Díaz. Simplemente no es así. Habría que hacerla toda completa a partir de la elección de los constituyentes, o bien, habría que hacerla a través del Congreso de la Unión o a través de la Asamblea de Representantes, porque esos señores, bien o mal, ya fueron elegidos por los ciudadanos y ya no son imposición de nadie, ni de la cámara de diputados ni de la cámara de senadores, ni de los partidos políticos, etc.

Si no se modifica esto, no se va a llegar a un acuerdo válido. Ahora bien. Una vez habiendo hecho esto, lo que se anuncia resulta también un poco amorfo y extravagante. ¿Cómo que va a haber ahora jefes de sección urbana o de jurisdicción territorial, o como le vayan a llamar, a lo que indebidamente se llaman delegaciones? Y les van a meter 10 concejales a cada uno. ¿Para qué? ¿10 concejales honorarios a cuenta de qué? ¿Quién va a escoger a estos señores? En fin. La realidad es que la ciudad de México debería tener la oportunidad de librarse de algo que es espantoso: la corrupción que campea en toda su estructura de gobierno, en todas las delegaciones. Esa es la verdadera reforma que deben emprender. Que las delegaciones no sean ya cotos de familias enteras, con esa corrupción generalizada que les ha traído el PRD. Esa debería ser la verdadera reforma. Terminar con la corrupción administrativa y política de la ciudad de México. Todo lo demás es buscarle tres pies al gato.