David Reynoso Rivera Río

Ayer conmemoramos el día del abogado. Su festejo se debe a que el 12 de julio de 1553 se dictó en América la primera cátedra de Derecho, Prima de Leyes Instituta y desde 1960 se celebra a los abogados en esta fecha. Según cifras de la Dirección General de Profesiones, en conjunto con la Suprema Corte de Justicia de la Nación  desde 1945 y hasta 2016; existen cerca de 641,356 abogados con cédula de licenciatura, 22,067 con maestría, 4,063 con especialidad y cerca de 2,476 con grado de doctorado.

Conmemorar el día del abogado, significa también conmemorar el  Derecho y la Justicia. Con gran emoción hoy tengo el privilegio de escribir estas líneas tras finalizar mis estudios como abogado y es por ello que creo mas que indispensable dedicar mi comentario semanal a todos aquellos que contribuyen desde la búsqueda de la justicia para la consolidación de una mejor sociedad y a la construcción de instituciones públicas sólidas y vanguardistas.

Sin la existencia del Derecho y los abogados, tanto las normas como el orden social no encontrarían su lugar. Imaginar a una sociedad que no castigara a sus delincuentes sería tan desastroso como imaginar un sistema financiero sin pilares sólidos que aseguren el funcionamiento de la actividad comercial y económica diaria. Por ello es que abarcando una diversidad tan amplia de ramas, el Derecho vigila la seguridad jurídica, la propiedad,  la estabilidad en el empleo, la libertad, la salud e inclusive la competencia económica, por mencionar algunos ejemplos.

Abogados postulantes, investigadores, jueces, notarios, secretarios de acuerdos, legisladores, fiscales y servidores públicos merecen nuestro reconocimiento por tan loable labor. Felicito e invito a todos los colegas a tener diariamente pasión por las causas jurídicas, a concebir la ley no sólo como un texto al cual se debe de someter la conducta humana, sino como un instrumento para la consolidación del anhelado Estado de Derecho.

Existe en el argot varios decálogos; sin embargo, considero importante compartir el decálogo generado por el jurista español Don Ángel Ossorio y Gallardo, quien a manera de corolario escribe en uno de sus libros sobre deontológica jurídica, una decena de breves y profundas reflexiones que recogió de sus experiencias en el foro jurídico, pero con especial dedicatoria a los jóvenes deseosos de hacer de la abogacía su camino de vida, mismas que me permito transcribir en espera de que puedan ser de su interés.

  1. NO PASES POR ENCIMA DE UN ESTADO DE TU CONCIENCIA.
  2. NO AFECTES UNA CONVICCIÓN QUE NO TENGAS
  3. NO TE RINDAS ANTE LA POPULARIDAD NI ADULES A LA TIRANÍA.
  4. PIENSA SIEMPRE QUE TU ERES PARA EL CLIENTE Y NO EL CLIENTE PARA TI.
  5. NO PROCURES NUNCA EN LOS TRIBUNALES SER MÁS QUE LOS MAGISTRADOS, PERO NO CONSIENTAS SER MENOS.
  6. TEN FE EN LA RAZÓN QUE ES LO QUE EN GENERAL PREVALECE.
  7. PON LA MORAL POR ENCIMA DE LAS LEYES.
  8. APRECIA COMO EL MEJOR DE LOS TEXTOS EL SENTIDO COMÚN.
  9. PROCURA LA PAZ COMO EL MAYOR DE LOS TRIUNFOS.
  10. BUSCA SIEMPRE LA JUSTICIA POR EL CAMINO DE LA SINCERIDAD Y SIN OTRAS ARMAS QUE LAS DE TU SABER.