Demos gracias que los extraterrestres jamás se fijan en nuestro país.

La cinta original incluye una escena donde un personaje interpretado por Vivica A. Fox huye de la incipiente destrucción masiva provocada por los alienígenas y, en medio de la confusión y caos producto de las holocáusticas imágenes creadas por computadora para enfatizar la aniquilación extraterrestre, ella encuentra un refugio y, reconfigurando bizarramente su lista de prioridades, pone en primer sitio el salvamento de su mascota canina antes que la de uno de los cientos de civiles que corren despavoridos. En la secuela, estrenada justo en el vigésimo aniversario de su predecesora, se incluye una escena similar, donde el resguardo a la vida de un can compromete la existencia de otras personas y son estos fragmentos de sus respectivas tramas los que sintetizan las ambiciones narrativas del director Roland Emmerich en cuanto a su visión sobre el género de la ciencia ficción y probablemente el cine en general (pues su carrera está conformada por proyectos de similar caladura): la apuesta por la puerilización de sus proyectos en contraposición de los efectos que debería producir lo que orquesta. En otras palabras, las acciones que adornan sus películas producen las reacciones equivocadas, adversas o simplemente nulas. Y nulidad es lo que encontramos en sus filmes, tanto en argumento como tratamiento de personajes o entretenimiento, y “Día de la Independencia: Contraataque” no es la excepción. Aunada a la escena mencionada sobre el perro en peligro se le unen muchas más donde la escala de prioridades tanto en narrativa como en discurso se ven trastocadas o elaboradas al vapor, pues jamás podemos conectar con personajes que existen solo para deambular como arquetipos de lo más sobado en situaciones ídem. Uno sólo puede preguntarse si los cuantiosos recursos financieros para generar esta necedad de película (165 millones de los verdes) hubieran funcionado mejor como motivador para que Gran Bretaña reconsiderara su salida de la Unión Europea. Henosaquí, atestiguando a una sociedad ucrónica donde la tecnología extraterrestre se ha acoplado a la nuestra para mejorar la calidad de vida de los norteamericanos (suponemos, pues jamás vemos tales efectos en otras naciones). El ex presidente Whitmore (Bill Pullman), quien liderara el ataque definitivo contra los alienígenas en la primera parte, ahora luce un aspecto desaliñado como vagabundo y lo asaltan pesadillas sobre un inminente contraataque del espacio, asumiendo pues el rol que le correspondía a Randy Quaid en la cinta previa. Su hija Patricia (Maika Monroe) ahora trabaja con la presidenta de Norteamérica (Sela Ward) mientras que el extravagante científico David Levinson (Jeff Goldblum), quien diera en el clavo para vencer a la amenaza sideral mediante uno de los deux ex machina más risible en la historia del cine, labora en un área gubernamental que vigila la actividad espacial. Mas lo esperado no tarda en brotar: los extraterrestres han vuelto con más armamento y potencia que nunca, acompañados de su masiva y al parecer invencible reina. Ahora tocará a los mencionados personajes, junto a los audaces pilotos Jake Morrison (Liam Hemsworth) y Dylan Hiller (Jessie T. Usher), éste último el hijo ya crecido del personaje interpretado por Will Smith en la predecesora y quien, por cierto, tuvo la sensatez de mantenerse alejado de esta secuela -seguro leyó el guión- , mantener a raya a la los invasores asistidos por otros alienígenas a quienes los violentos conquistadores espaciales les tienen un particular pavor. Más de lo mismo, contado de la forma más infantiloide y chabacana posible con personajes que, si ya resultaban insoportables originalmente, aquí forjan una combinación insufrible gracias a estos nuevos hígados de la pantalla apellidados Hemsworth y Usher. A diferencia de “Mundo Jurásico” (2015), otro filme plano y anodino que encontró el éxito a través de los hijos de los 90’s ansiosos por recuperar el manantial del que bebían culturalmente en aquella década, “Día de la Independencia: Contraataque” no se salva ni con toda la nostalgia acumulada del mundo, pues su guión, con todo y su manufactura por dos décadas, no tiene cabida en un mundo más sensato y sofisticado gracias a proyectos similares mucho más logrados (“Invasión”, “Al Filo del Mañana”, “Attackthe Block”, entre otros). Aunque pudo ser peor: pudo contar entre su reparto a Will Smith, quien sí tiene una aparición en esta cinta pero no en carne y hueso, y curiosamente resulta uno de los momentos más jocosos de toda la película, pero de manera involuntaria.

Correo: corte-yqueda@hotmail.com

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