“Ya estoy muy viejo para esta m!#&$@”
Roger Murtaugh (“ARMA MORTAL”)

Los ingredientes son sencillos y fáciles de conjurar: tome a un policía, de preferencia con cierta veteranía en la Fuerza y si gusta al borde del retiro para añadirle sabor, capaz de seguir las reglas hasta el más ínfimo detalle y mézclelo con un compañero que posea alguna de las siguientes características: pasado oscuro, demonios personales, desdén por las mencionadas reglas que su pareja policial venera, epidermis opuesta, personalidad competitiva con tonos monomaníacos y/o una propensión a fastidiar la vida personal de quien lo rodea. Déjelos y espere resultados mixtos en cuanto a entretenimiento cinematográfico se refiere, pues esta receta es una que el cine desde hace décadas ha cocinado con resultados ambivalentes, presentando diversas variantes en el género policial al mostrar sus recursos narrativos con franca honestidad pero sin demasiada profundidad, pues la estructura maniquea de su argumento lo hermetiza de cualquier posibilidad de profundidad más allá que un leve discurso sociocultural que pudiera erogar debido a la dinámica entre los disímbolos personajes principales se arroje sobre la trama, la cual sigue una vía muy concreta: la dupla debe convivir a la fuerza por las circunstancias (órdenes superiores, conveniencia, el destino, etc.) para resolver un caso criminal que, por separado, sería tarea imposible, así que ambos se asistirán de las habilidades y destrezas del otro en un proceso que repercutirá en una experiencia cognitiva emocional, existencial y para con su oficio, a la vez que derrochan incontable chistoretes a sus costillas para amenizar la experiencia. Este subgénero ha logrado subsistir porque vende una fantasía que funciona perfectamente en nuestro dislocado contexto social: los policías obran adecuadamente y a favor del bien comunal si su motivación es justa, sin importar si el fin justifica sus alocados medios. Si esto fuera aplicable en la realidad, nuestras fuerzas del orden nacionales serían bienvenidas en lugar de percibirlas con mayor pavor que la criminalidad a la que supuestamente encaran.
Las cintas que presentan este tema se han dado a conocer a la postre como “buddycop movies”, un término juguetón que habla más que nada de las cualidades lúdicas sobre el tratamiento de sus argumentos que en contextos distintos se verían revestidos de solemnidad o brutalidad (“Harry El Sucio” y derivados). Aunque el emparejamiento personalidades antitéticas en aras de la jurisprudencia no es necesariamente un invento anglosajón, sino japonés, gracias al maestro Akira Kurosawa quien sumó a su sagaz percepción de la narrativa cinematográfica la invención de este nuevo cauce dramático con muchas posibilidades en su cinta “Perro Rabioso” (1949), la cual introdujo la idea de un detective curtido y malhumorado que se ve obligado a unir fuerzas con uno más joven, idealista y algo ‘naif’ quien detona la trama al tratar de encontrar a quien le ha robado su revolver. Filme serio e incluso circunscrito en la vía ‘noir’, sembró sin saber la semilla de lo que en un futuro sería una pléyade de exitosas cintas capaces de cimbrar la percepción cultural. Análogamente, la base de este argumento proliferaría escasamente en el cine de otros países (“AT.M.: A Toda Máquina” de Ismael Rodríguez, pondría a prueba esta dinámica con un Pedro Infante y Luis Aguilar como judiciales motociclistas que, además de popularizar a la Harley Davison en nuestros fueros, también saturarían la pantalla de un evidente homoerotismo patentizado por su cursi y romántico final donde se toman fraternalmente las manos y que se consolidaría como una de las bases narrativas de este tipo de cintas) hasta que la televisión lo sumó a sus rutas de discurso a través de series que trascenderían como “Espías en Conflicto” (1965-68), “Patrulla Juvenil” (1968-73), “Barnaby Jones” (1973-80) y “Starsky y Hutch” (1975-79), entre muchas otras que han hecho escuela hasta la fecha.
Tal vez la innovación al respecto podamos encontrarla hasta 1982 con “48 horas” (Hill, E.U.), un violento espectáculo que alterna el drama policial serio con la comedia más prosaica sostenida por la ingeniosa dupla integrada por Nick Nolte y Eddie Murphy, pareja interracial que desairaba los cánones de la corrección política y ofreció un escapismo ágil sustentado en la novedad de ver interactuar a dos actores diametralmente opuestos en todo sentido. Una fallida secuela estrenada 8 años después permanece en el olvido. Mas la fórmula resultó un golpe tanto en taquilla como en la conciencia de los ejecutivos de Hollywood y en pocos años fuimos testigos del engrandecimiento de personajes otrora étnicamente minoritarios en protagonistas, como ocurrió en la serie “Arma Mortal”, filmes que lograron destacar tanto por la acertada contratación de un Mel Gibson socarrón, esquizoide y algo mamila acoplado al enjuto hombre de familia y policía de vieja escuela interpretado por Danny Glover, quienes lograron ver extraída una singular química por el director Richard Donner al mostrársenos más como humanos que como arquetipos, aún si esto no evitó que los caracteres mostrados en estas películas se decodificaran posteriormente como tales, diluyendo la experiencia a través de clichés y fórmulas conforme los 80’s y 90’s veían estrenar más y más de estas cintas, como ocurrió con “Un Detective Suelto en Hollywood” y sus secuelas (Eddie Murphy otra vez ahora torturando a dos policías rectos); “Dragnet” (1987), una comedia a veces basada en la serie de T.V. homónima estelarizada por los entonces imbatibles Dan Aykroyd y Tom Hanks, a quienes prefiero ver en trabajos de esta clase que en los insufribles dramas que ahora eligen, en particular el segundo; “Infierno Rojo” (1988), con una premisa interesante: un inescrutable agente soviético (Arnold Schwarzenegger) persigue hasta Nueva York a un hampón de su nación asistido por un muy mamila James Belushi, y todo se queda en buenas intenciones; “Tango & Cash” (1989), placer culpable de su servidor quien jamás tiene suficiente de los avasallantes devaneos homoeróticos entre SylvesterStallone y Kurt Russell en esta cinta, pues se esfuerzan tanto por mostrar su testosterona que el resultado es prácticamente lo opuesto.
Enumerar las cintas que componen este subgénero es tarea casi titánica, pues se cuentan ya por miles si se consideran las que se producen en Europa (la serie “Taxi”, para no ir más lejos), E.U. e incluso aquí (la nociva e insufrible “Compadres” como ejemplo más reciente), así que si usted tiene su favorita, no es delito revisitar estas producciones y siéntase como un héroe judicial en la comodidad de su hogar recordando que, al menos en el cine, sí puede haber justicia aplicada por un poli bueno y otro malo. Allá afuera, los dos son malo y peor…

Correo: corte-yqueda@hotmail.com