Fernando López Gutiérrez

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@ferlog14

En mi colaboración publicada el pasado 18 de julio en este espacio (INEGI y su nueva captación de ingreso de los hogares)[1]  me referí a la problemática derivada de los cambios que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) realizó en la captación de los datos en materia de ingreso en nuestro país. En aquella ocasión hice mención, entre otras cosas, de la desconfianza que generó el posible aprovechamiento político de los cambios en la obtención de la información mencionada y la importancia de buscar una salida para atender dicha situación.

Después de un amplio debate y una gran polémica entre el INEGI y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) —responsable de medir la pobreza con los datos proporcionados por el INEGI—, estas instituciones publicaron un comunicado conjunto, en el cual mencionan que habrán de trabajar de manera coordinada con la intención de corregir los efectos de la modificación de la metodología para la obtención de la información referente al ingreso de los hogares en nuestro país (Mensaje de CONEVAL e INEGI a la opinión pública, 26 de julio de 2016).[2]Además, como consecuencia de los cambios generados por INEGI y los acontecimientos surgidos con posterioridad, el jueves, 28 de julio, el Director General de Estadísticas Sociodemográficas del INEGI, Miguel Juan Cervera, renunció a su cargo.

Estos elementos nos permiten observar con claridad los efectos y consecuencias políticas que la modificación en la realización de labores de tipo técnico puede generar. Frente a dichos riesgos es fundamental la participación de sectores con capacidad de informar de un modo veraz y explicar a detalle cuáles son las implicaciones de las decisiones que se toman en áreas especializadas de la administración pública.

Sin duda, el involucramiento de académicos y el seguimiento puntual que algunos medios dieron al tema que tratamos ha sido fundamental para contar con información precisa y evitar la propagación de conceptos y datos incorrectos. Sin embargo, no en todas las ocasiones ni en todos los medios se buscó trabajar con responsabilidad. El ejemplo más claro de lo anterior fue la publicación de la nota titulada “La pobreza bajó, revelan estadísticas; cayó 9.5 puntos porcentuales,”[3] publicada por el Excelsior, el 25 de julio pasado. Aunque el propio INEGI señaló que, debido al cambio de medición, los datos de ingreso recabados para el año 2015 no son comparables con los de los años anteriores, el diario en cuestión decidió difundir con amplitud un cálculo erróneo que, dudamos mucho, haya sido producto de una actuación desinteresada.

La libertad que los medios y las personas tienen para expresar su opinión debe ser defendida siempre, pero cuando la información que utilizan es a todas luces equivocada y su intención manifiesta es la de engañar y confundir deberíamos exigir una explicación. Si el INEGI debe enfrentar el descrédito y la pérdida de credibilidad por las decisiones que tomó, lo propio deberían hacer los medios que difundan, sin responsabilidad, los datos inútiles que en materia de pobreza pueden generarse a partir de la nueva metodología.

[1]Disponible en el siguiente enlace: http://heraldo.mx/inegi-y-su-nueva-captacion-de-ingreso-de-los-hogares/

[2] Disponible en el siguiente enlace: http://www.coneval.org.mx/SalaPrensa/Comunicadosprensa/Documents/Comunicado-de-prensa-conjunto-INEGI-CONEVAL.pdf

[3] Disponible en: http://www.excelsior.com.mx/nacional/2016/07/25/1106964