Por: José Carlos Romo Romo
Estimado lector, ¿por qué la mayoría de los jóvenes no participan en la política?, ¿por qué no creen en la clase política?, ¿por qué se apartan de los temas políticos? Son preguntas que durante muchas ocasiones me he hecho y, con el paso del tiempo, he encontrado algunas respuestas al respecto. Estas son, a mi juicio, algunas de las razones por las que un joven tiene desinterés o apatía por la política:
En primer lugar, por la estructura de partidos políticos que impera en nuestro país. Cuando un joven busca involucrarse en el ámbito político tiene que hacerlo casi forzosamente a través de una estructura partidista, a menos que busque la aventura de ser independiente, lo cual suele ser una apuesta altamente riesgosa. El joven puede coincidir con la ideología de un partido y militar en él pero, en contraparte, adquiere fuertes compromisos con ese partido, los cuales pueden ir por encima de sus deseos de servir y trabajar por los demás. Sus ideales se van convirtiendo en algo difícil de defender ante la convivencia habitual y permanente con políticos amañados y deshonestos, háblese de cualquier partido.
En segundo lugar, por los acontecimientos políticos actuales. Yo considero que un joven piensa dos veces las cosas cuando decide que su proyecto de vida va encaminado al servicio público y a la política. Son muchos los temores los que pasan por la cabeza de un joven, cuando toma este tipo de decisiones. Todo esto conlleva a que el joven ponga el dedo en el renglón y se cuestione seriamente si el sendero político es el camino ideal para resolver muchos de los problemas que aquejan al país.
En tercer lugar, la falta de representación y liderazgo juvenil. Enumeremos los jóvenes menores de 35 años que han destacado recientemente en la esfera pública y concluiremos que son muy pocos. Los jóvenes carecen de representatividad ante los órganos públicos, no hay quien abandere sus causas e intereses. Y a la par, encontramos un vacío de liderazgo entre los jóvenes, es difícil ubicar a alguien que verdaderamente sea un líder y un ejemplo a seguir para el sector juvenil.
Esto último es responsabilidad de la sociedad y de los jóvenes mismos. En parte, también es un compromiso fallido de todos los partidos políticos, pues éstos no han sabido encausar a sus simpatizantes juveniles hacia la cultura del bienestar colectivo, no han explotado el capital ideológico y creativo de éstos, no se les ha brindado una adecuada capacitación política y no les han abierto los espacios necesarios para acceder al servicio público de una manera pronta.
En fin, creo que estas tres razones son las de mayor peso para que los jóvenes experimenten una apatía por la política y el desempeño público. Este es un fenómeno generalizado más no absoluto ni definitivo. Es momento de que los jóvenes tomen conciencia de que no pueden dejarle toda la responsabilidad pública a quienes los anteceden generacionalmente hablando, por el contrario, deben luchar por el México y el Aguascalientes que todos deseamos, desde ahora y no en el futuro inmediato.
Finalmente, comparto algunas apreciaciones sobre las cualidades que debe tener la nueva generación de políticos de nuestro Estado y del país: Deben ser personas muy preparadas en el ámbito académico, deben tener nociones jurídicas sobre el desempeño de los órganos del poder público, deben tener aptitudes y prácticas en el arte de la oratoria, nunca deben de defraudar a quienes creen en ellos, no deben prometer lo que no van a cumplir, deben actuar siempre con honestidad y entereza, deben ser muy racionales y, al vez, muy firmes en sus determinaciones, entre otros atributos más.
Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

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