Jesús Orozco Castellanos

Los resultados electorales son un tema casi obligado para los comentaristas de prensa. En mi caso, no obstante, debo hacer una aclaración. Por lo general escribo los viernes y sábados. El domingo en la mañana envío mi artículo al periódico y se publica el lunes. Por lo tanto, al momento de escribir estas líneas lo único que hay son especulaciones, especialmente en los nueve estados en los que habrá elecciones para gobernador. Ya con los resultados en la mano, el próximo lunes 15 de junio publicaré mis comentarios al respecto. Por ahora, abordaré uno de mis temas favoritos: el béisbol (la computadora me lo pone en automático con acento en la “e”).

El 23 de agosto de 1957, el mexicano José Ángel Macías lanzó un juego perfecto durante el campeonato mundial de béisbol infantil que tuvo lugar en Williamsport, Pennsylvania (Estados Unidos). Lo hizo con el brazo derecho. Era ambidiestro y también ganó varios juegos con el brazo izquierdo. La hazaña del juego perfecto en el béisbol infantil no se ha vuelto a repetir hasta la fecha. Fueron 21 outs consecutivos, sin hit y sin bases por bola. Eran juegos de siete entradas. Ángel Macías fue recibido en la Casa Blanca por el presidente norteamericano Dwight D. Eisenhower, el héroe de la Segunda Guerra Mundial. En México lo recibió el presidente Adolfo Ruiz Cortines. En Aguascalientes se le brindó un gran homenaje cuando aún vivía don Alberto Romo Chávez (en el parque del mismo nombre). El mánager del equipo ganador del campeonato mundial era el regiomontano César Faz. El conjunto se formó en Monterrey. El juego perfecto fue contra una novena de La Mesa, California. Se han realizado dos películas sobre el tema: “Los pequeños gigantes” y “Juego perfecto”. Sólo he visto la primera.

Pues bien, Ángel Macías es originario de Aguascalientes. Se fue con su familia a Monterrey en 1955. Cuando lanzó el juego perfecto se convirtió en mi ídolo. Desde niño fui aficionado al béisbol. Mi padre me llevaba a los estadios y a los campos de la magueyera, donde ahora está el fraccionamiento IV Centenario. Resulta que el peluquero que nos daba servicio a domicilio (se llamaba Jesús pero todos lo conocíamos como “la jeringa”), era tío de Ángel Macías. Por cierto, nos cortaba el pelo con una máquina mecánica (creo que todavía no había eléctricas) y nos daba unos estirones terribles. Mi padre tenía una huerta de árboles frutales por el rumbo de El Encino y un día le dije a “la jeringa”: “quiero que invites a Ángel Macías a mi casa para llevarlo a comer fruta a la huerta”. Cuál va siendo mi sorpresa cuando un día lo llevó a mi casa y por supuesto que lo llevé a la huerta. Se daba sus vueltas de Monterrey a Aguascalientes porque aquí tenía familiares (todavía los tiene en el callejón del Agua Zarca, lo que hoy es la calle Semería). En la huerta teníamos árboles de chabacanos, duraznos, manzanas, peras, higos, granadas, membrillos, uvas. Tal vez alguno más. Ángel Macías comió todo lo que quiso y aparte le preparamos una buena bolsa para llevar. Debió haber sido por el año de 1958. Yo tenía nueve años. Él es cuatro años mayor que yo. No lo he vuelto a ver porque “la jeringa” dejó de cortarnos el pelo y se perdió la relación.

Ángel Macías siguió dedicándose al béisbol. Ya siendo un joven jugó en la Liga Mexicana de Béisbol con los Broncos de Reynosa. Los serafines de California lo solicitaron pero no se concretó la operación. Jugó también con varios equipos en la Liga Invernal de Sonora-Sinaloa. Además del deporte, tuvo el acierto de continuar sus estudios e incluso terminó la carrera de administración de empresas. Durante varios años fue director de Recursos Humanos del Grupo Alfa de Monterrey. Ahora debe tener unos 70 años. Vi una foto suya de hace dos años y se ve en muy buen estado físico. Le rindieron un homenaje en Puerto Peñasco, Sonora. Igualmente recibió allí un reconocimiento el célebre “Pepe” Maiz, que también fue uno de los “pequeños gigantes” y que actualmente es el dueño de los “sultanes” de Monterrey, uno de los clubes de mayor tradición en la Liga Mexicana de Béisbol y que cuenta con el estadio de mayor capacidad en México (algo así como 35 mil aficionados). Por supuesto que estamos hablando de los estadios de béisbol. Ni siquiera el Parque del Seguro Social en la Ciudad de México, que fue demolido para construir en su lugar una tienda departamental, llegó a tener ese aforo. El Foro Sol sí tiene mayor capacidad pero es un tanto extraño, es como un enorme graderío de un solo lado. No es un estadio bien redondeado.

Hay que tomar en cuenta que el béisbol se juega diario. No es el caso del futbol, con equipos que juegan una vez por semana.Por eso los estadios de futbol son enormes. Al Azteca le caben 114 mil personas sentadas. En Corea del Norte hay un estadio con capacidad para 140 mil personas, pero no sé si sentadas. El Maracaná de Río de Janeiro tenía capacidad para 200 mil aficionados, todos de pie. Cuando lo remodelaron se redujo su capacidad a menos de 100 mil personas, sólo que ahora cómodamente sentadas. En Europa ningún escenario deportivo tiene un aforo superior a las 100 mil personas. Hay que decir que los grandes estadios de béisbol en Estados Unidos, como el de los Yanquees de Nueva York o el de los Dodgers de Los Ángeles, tienen capacidad para más de 50 mil aficionados. A propósito, los grandes equipos de béisbol en Estados Unidos no se sostienen con los ingresos de la taquilla sino con la publicidad en radio y televisión. La nómina de los equipos que mencioné es de 300 millones de dólares al año. Ningún equipo de futbol soccer en Europa cuesta tanto, aunque también viven de la publicidad.

Desconozco si Ángel Macías tiene familia (esposa, hijos).Hay que reconocer que no tuvo un papel muy destacado en el béisbol de la Liga Mexicana. Tal vez se vio opacado por la gran figura de Héctor Espino, uno de los mejores bateadores de todos los tiempos. Hay quienes afirman que Héctor Espino ha sido el mejor jugador del béisbol mexicano. Beisbolistas mexicanos que han destacado en las ligas mayores ha habido y hay muchos, desde Fernando Valenzuela hasta Adrián “el titán” González. Pero todos ellos han jugado poco en el béisbol mexicano, sobre todo en el circuito de primavera-verano.

En Aguascalientes hemos tenido buenos beisbolistas, comenzando por Alberto Romo Chávez y “el patón” González (creo que se llamaba Eduardo). Después vinieron otras generaciones como la de Eduardo “el mosco” Reyes, padre de Alfredo Reyes, quien fuera alcalde de Aguascalientes. Otros se asentaron aquí como don Bill Right y Alberto Sosa (“Beto Sosa”, procedente de Parral, Chihuahua). Este último fue un gran pítcher. Aún vive. Uno de sus hijos es gerente en un importante establecimiento comercial. Es un buen amigo mío. Otro gran pelotero fue Manuel “la Meluza” Medina, que tenía la enorme cualidad de ser un gran pítcher y un extraordinario bateador. Llegó a la Liga Mexicana.Murió a principios de este año. “La Meluza”fue un gran pelotero. Vivió en el barrio de “La Salud”. Otro gran beisbolista, del mismo barrio, fue uno de mis primos hermanos: Salvador Orozco Hernández (“Chava”). Acaba de fallecer hace unos días a los 77 años de edad. Jugó la tercera base y la segunda. Tenía un enorme poder al bat y un gran brazo. Por desgracia no tuvo la oportunidad de jugar en ligas profesionales. Descanse en paz.