Jesús Orozco Castellanos
(Segunda parte)
Siendo presidente de la República don Manuel Ávila Camacho, el 5 de febrero de 1946 se inauguró la Monumental Plaza de Toros México, en la Colonia de la Ciudad de los Deportes, varios kilómetros hacia el sur de la antigua plaza de La Condesa. Se construyó a base de hormigón armado y está 20 metros por debajo del nivel de la calle. Tiene una capacidad aproximada de 50 mil personas. Era y es la más grande del mundo. Duplica el aforo de la Plaza de Las Ventas de Madrid. En su momento se le consideró la obra pública más importante de la Ciudad de México. Ha resistido todo, incluyendo el terremoto del año 1985. El arzobispo primado de México, monseñor Luis María Martínez, que era un hombre con sentido del humor, fue el encargado de bendecir la plaza y dijo: “Yo le di la vuelta al ruedo antes que Manolete”; éste fue uno de los alternantes de la corrida inaugural, junto con Luis Castro “El Soldado”. Tiempo después, el arzobispo invitó al entonces presidente Miguel Alemán a la inauguración del atrio de la Basílica de Guadalupe. El Presidente se quedó maravillado y le dijo: “Oiga monseñor, esto es obra de romanos”. El arzobispo le contestó: “Y de aztecas, señor Presidente”. Los “aztecas” eran monedas de oro que estaban en circulación por aquella época.
El Presidente Ávila Camacho ordenó la construcción del nuevo hipódromo donde actualmente se encuentra (oficialmente se llama Hipódromo de las Américas), en unos terrenos de La Herradura, municipio de Tecamachalco, estado de México. Allí tenía su residencia, a la que se trasladó al término de su mandato, según tengo entendido. El Presidente era muy aficionado a los caballos. Tanto él como el presidente Miguel Alemán impulsaron la carrera del general Humberto Mariles, quien ganó dos medallas de oro y una de bronce en los juegos olímpicos de Londres en 1948, montando al extraordinario caballo “Arete”. Por desgracia, se vio involucrado en un asesinato y evidentemente eso afectó su imagen pública.
Un año después de la inauguración de la Plaza México, se emprendió la construcción de una nueva plaza en El Toreo de Cuatro Caminos. Se hizo ya con materiales sólidos y por allí pasaron las grandes figuras del toreo, incluyendo algunas de las más recientes como Manolo Martínez, quien tuvo tardes memorables en ese coso. En sus inicios Manolo era un torero de gran valentía, pero al recibir una cornada en la ingle izquierda, con trayectoria ascendente de 20 centímetros que lo tuvo al borde de la muerte durante varios días, se volvió más prudente. Aprendió a tenerle más respeto al toro. Además de Manolo alternaron allí los más reconocidos toreros de la época, tanto mexicanos (Manuel Capetillo, Alfredo Leal, Rafael Rodríguez, Alfonso Ramírez “Calesero”, el rejoneador Gastón Santos, etc.) como españoles (Paco Camino, Manuel Benítez “El cordobés”, por mencionar sólo algunos). Durante muchos años se llevaron a cabo corridas de toros de primer nivel, en distintas épocas, en la Plaza México y en El Toreo. A ésta última plaza le instalaron un domo, tirando a feo, para evitar la suspensión de las corridas por lluvia. Finalmente fue demolida y se construyó en su lugar un centro comercial. Allí quedaron muchos años de gloria de toreros mexicanos y españoles, además de alguno que otro venezolano y colombiano. Las vueltas que da la vida.
En la actualidad, la Plaza México sigue funcionando a toda capacidad con temporadas de invierno. En verano es casi imposible por las lluvias. Se presentan los mejores toreros del mundo. Cobran fortunas. El público asistente es en términos generales educado. Se corean los “oles” con toda precisión, subiendo la intensidad en la medida en que las faenas se vuelven más atractivas. Los problemas de siempre siguen siendo la calidad de los encierros, los criterios de los jueces de plaza para otorgar los reconocimientos y el viento. Me ha tocado presenciar varias corridas y la verdad es que sigue siendo todo un espectáculo, desde el paseíllo de salida hasta el último estoque.
Dos comentarios adicionales sobre el toreo nacional: a finales del siglo XIX y principios del XX las mujeres no asistían a las corridas de toros porque ponían en riesgo su buena fama. La fiesta era cosa de hombres. Ahora pareciera que es al revés. Las mujeres no sólo asisten. Aplauden o abuchean como el que más. Conocen de la fiesta. Del toreo local algo hay que decir. Aguascalientes, quizá por la Feria Nacional de San Marcos, es una plaza taurina destacada, quizá la segunda en importancia del país, después de la Plaza México. La Plaza de Toros San Marcos, que se conserva en muy buen estado, tiene capacidad para unos cinco mil aficionados, es una suerte de apéndice del Jardín de San Marcos. Pero por fortuna tenemos una plaza más grande. Durante el gobierno del profesor J. Refugio Esparza Reyes se construyó la Monumental Plaza de Toros de Aguascalientes con capacidad de unas 15 mil personas sentadas. Después, durante el periodo del Ing. Miguel Ángel Barberena, se amplió y ahora tiene un aforo potencial de 25 mil aficionados.
La verdad de las cosas es que para quien más o menos le entiende al tema del toreo, el espectáculo es fascinante: gritar un “ole” cuando vale la pena es algo fuera de serie cuando se tiene la sensibilidad. Por el contrario, ver a los turistas norteamericanos, sobre todo en las plazas de la frontera norte y en la Plaza México, que abandonan los escenarios después del tercer toro porque creen que lo que sigue es mera repetición, da pena ajena.
Una reflexión final tiene que ver con el tema de fondo. En el mundo actual hay una discusión muy seria sobre el tema del maltrato a los animales. Digamos que hay dos valores a discusión: la tradición, que a muchos nos conmueve como si fuera una forma del arte, y el tema contemporáneo (vigente desde siempre pero ahora de moda) del respeto a todas las formas de vida como parte del respeto a la Creación. La línea divisoria no es muy clara. La carne animal que consumimos es producto del sacrificio deliberado y sistemático de animales. La cacería como deporte por parte de seres humanos ¿está éticamente justificada, así se haga con un disparo de arma de fuego o con un tiro de arco? Quienes la defienden, sostienen que las víctimas no sufren después de un disparo o del impacto de una flecha. Lo mismo ocurre con la carne de uso doméstico. Los métodos modernos en los rastros impiden la muerte prolongada. De cualquier forma estamos hablando de seres vivos.
Hay otro tema colateral, de orden demográfico. En 1912 la plaza de toros de La Condesa tenía capacidad para 12 mil personas, en un país de algo más de 10 millones de habitantes. Un siglo después la Plaza México, su “heredera”, apenas cuadruplica esa capacidad, en un país de 120 millones de habitantes. La respuesta pudiera ser más o menos simple: hace un siglo la gente se divertía asistiendo a las corridas de toros o a las carreras de caballos. Para ricos y pobres había la posibilidad de ir los domingos a dar un paseo por la Alameda. Ahora tenemos otras formas de diversión en todo el país: cine, radio, televisión, antros, viajes, etc. Para bien o para mal. Hay para todos.