Jesús Orozco Castellanos

Por fin. El jueves de la semana pasada, el Congreso del Estado decidió que la empresa Proactiva Medio Ambiente (antes CAASA) no podrá cortar los servicios de agua potable y alcantarillado cuando hay incumplimiento de los pagos por parte de los usuarios. Actualmente, si se dejan de pagar tres meses consecutivos, la empresa corta el servicio. La ley se lo permite. Así está establecido en el Título de Concesión. Eso es lo que ya cambió, según se dijo. Ahora se estableció que los hogares requieren como mínimo 200 litros diarios de agua. La medida se aprobó por mayoría calificada. Sólo la bancada del PAN se abstuvo. Creo que esto va a ser un tema electoral importante para el próximo año. Le pregunté a un amigo diputado si la disposición se hará cumplir a como dé lugar. Me dijo que sí. Sin embargo, el presidente municipal de Aguascalientes, Juan Antonio Martín del Campo, manifestó su temor de que la empresa se ampare porque la decisión del Congreso se tomó en un proceso “fast track” y se dejaron muchos cabos sueltos que la concesionaria podría aprovechar. Ojalá que prevalezca el criterio del diputado, por el bien de los usuarios del servicio en el municipio de Aguascalientes.

En este espacio comenté hace algunas semanas que en un principio me pareció que la medida de privatizar el agua, hace ya casi 25 años, era correcta porque podría permitir una cultura del uso eficiente del agua, evitando los dispendios tradicionales. Sin embargo, cuando me tocó vivir en carne propia los abusos de Proactiva, que pretendía obligarme a pagar 750 pesos mensuales por el servicio, cambié radicalmente de opinión. Yo venía pagando 350 pesos mensuales en promedio y de un día para otro me exigieron más del doble.

Cuando se decidió la privatización a principios de los años 90 del pasado siglo, la principal razón de la medida fue que el municipio de Aguascalientes carecía de los recursos para llevar a cabo la reparación y el mantenimiento de las redes de agua potable y alcantarillado, algunas de las cuales databan de la época del porfiriato. Se hablaba de algo así como 300 millones de pesos para la reparación de las redes. Se trató, por lo tanto, de una medida coyuntural. Además, fue creado un fondo social para que las familias de menores ingresos pudieran disponer del servicio con pagos mensuales muy reducidos.

Ahora nos encontramos en un escenario totalmente distinto. El fondo social ha sido insuficiente. En muchas colonias del oriente de la ciudad no se cuenta con el servicio. He sabido de hogares en los que viven diez personas (hacinadas) y no tienen agua corriente. Las señoras tienen que ir a cargar sus cubetas en fuentes públicas para cubrir las necesidades más elementales. No logro imaginarme cómo resuelven, si es que lo hacen, el servicio del alcantarillado. O quizás eso explica el problema del fecalismo al aire libre. Mi amigo el diputado me comenta que lo han ido a buscar señoras con estados de cuenta por más de ocho mil pesos. Para ellas es materialmente imposible realizar ese tipo de pagos, cuando en ocasiones no tienen ni para comer.

El acceso al agua es uno de los derechos humanos más importantes en las sociedades modernas. Por eso en México el artículo 115 constitucional lo establece como uno de los ocho servicios básicos a los que están obligados los municipios. Para eso se pagan los impuestos, especialmente el predial. A diferencia de lo que ocurría cuando se privatizó el servicio, ahora el municipio de Aguascalientes sí cuenta con los recursos para hacerse cargo del mismo. Es inaceptable que una persona no pueda disponer de agua porque no tiene dinero para pagarla. Es un tema de salud pública. Esto me hace recordar la excelente película “Dersú Uzalá”, basada en el libro de Vladímir Arséniev (un capitán del ejército ruso) y dirigida por el gran cineasta japonés Akira Kurosawa. El personaje central es un cazador nómada (Dersú Uzalá) de origen chino que vivía en los bosques de Siberia y que en varias ocasiones le salvó la vida al capitán; éste se lo llevó a vivir a su casa en el pueblo de Jabárovsk porque estaba perdiendo la vista y ya no podía cazar. Cuando Dersú vio que el capitán pagaba por el agua y la leña que le llevaban a la casa, montó en cólera y le recriminó que pagara por algo que abundaba en la naturaleza. Lo que él no sabía es el famoso refrán mexicano que dice: “Dios da el agua pero no la entuba”. Finalmente no se adaptó al medio urbano y regresó a las montañas donde murió asesinado en 1908. Había nacido en 1849.

El tema del agua en Aguascalientes es crucial porque escasea. Eso lo sabemos por lo menos desde los años 80 del siglo XX, cuando se realizaron estudios rigurosos sobre los recursos hídricos. Desconozco si se han actualizado ese tipo de estudios. Sabemos que cada vez se perfora a mayor profundidad y eso implica la extracción del agua junto con los minerales que se acumulan en el subsuelo, muchos de ellos dañinos para la salud, lo que hace necesario un proceso de potabilización de alto costo.

Me han comentado que antes de la creación de CAASA, el porcentaje de morosos era de 34%. Cuando la empresa se consolidó, la cifra se redujo al 7%. Ojalá que con las nuevas disposiciones se pueda encontrar la forma de evitar un retroceso. Sería como volver a las andadas. Una medida que la empresa puede tomar, en el caso de los usuarios de las colonias de clase media que sí tienen recursos para pagar lo que consumen y que decidan suspender los pagos, es la instalación de aparatos reductores para que sólo puedan disponer de 200 litros diarios. La dotación sería escasísima para familias de clase media en las que se bañan diariamente cuatro o cinco personas. Un baño de regadera implica más de 100 litros, a menos que se utilicen interruptores para detener el flujo cuando la gente se está “enjabonando”. En muchos lugares ya se acostumbra eso. En Aguascalientes no he podido encontrar esos aparatos. Hay otras medidas para el ahorro como la captación de aguas de lluvia y el tratamiento doméstico de las aguas residuales. Son las llamadas aguas grises que se pueden utilizar para el riego de jardines. De hecho en ciudades de los Estados Unidos como Houston consumen aguas residuales potabilizadas. Esas aguas recorren cientos de kilómetros en canales a cielo abierto y son purificadas cuando llegan a su destino final. Las convierten en aguas para consumo humano, incluso para beber. Creo que en una cultura como la nuestra difícilmente se podría hacer eso. El solo hecho de pensar que alguna vez fueron aguas negras produciría repugnancia.

Otra cuestión que podría ocurrir si persisten los abusos en los cobros en las colonias de clase media es el uso de cisternas. Se puede utilizar agua de garrafones para cocinar y todos los demás servicios se cubrirían con aguas almacenadas, debidamente tratadas con cloro. No quisiera dar la impresión de que estoy dedicado a dar “tips” para el uso eficiente del agua, solamente para buscar el ahorro económico. Hay suficientes evidencias de que los mantos acuíferos en Aguascalientes se están agotando. Además, hay otros problemas igualmente preocupantes, como el de los famosos “lixiviados”, que son los aceites que se filtraron hasta los acuíferos cuando estuvieron en operación los talleres ferroviarios en Aguascalientes. Los procesos de remediación a base de químicos son muy largos y costosos. Por eso y más hay que cuidar el agua.