Jesús Orozco Castellanos

Cuando el pragmatismo político se impone, los principios quedan a un lado. Hace tres años, si mal no recuerdo, Manlio Fabio Beltrones Rivera, hoy presidente nacional del PRI, propuso la creación de un régimen semi parlamentario en México para contar con gobiernos de alta legitimidad. Eso implicaría crear la figura de un jefe de Estado, quien designaría a un jefe de Gobierno que convocaría a las principales fuerzas políticas para formar un gobierno de coalición; en el caso de que éste último fracasara, tendría que renunciar el gobierno en pleno para buscar después la formación de uno nuevo. Eso es más o menos lo que ocurre en algunos países europeos, especialmente en Francia. Incluso Beltrones firmó un desplegado, junto con un grupo de políticos, académicos, periodistas y empresarios, que compartían esas ideas. Eso hubiera implicado la transformación del régimen político mexicano. En este espacio comenté mi total acuerdo con esa propuesta.

Pues bien, ahora resulta que Beltrones, en su calidad de presidente del PRI, comentó que las alianzas que el PRD y el PAN han anunciado para ir juntos en las elecciones para gobernador en algunos estados de la República el próximo año, le parecen “contra natura”, y dice que más bien se parecen a las “catafixias” de Chabelo, personaje al que acaban de despedir de Televisa después de 48 años de transmisión ininterrumpida de su programa dominical “En familia”. ¿Y las alianzas del PRI con el impresentable Partido Verde no son “contra natura”? No hay que ser panista o perredista para darse cuenta de la flagrante contradicción del ex senador Beltrones. Por lo demás, las alianzas constituyen la moneda de uso corriente en los países democráticos. En las recientes elecciones en España, el partido gobernante se quedó muy lejos de alcanzar la mayoría. Por eso el actual jefe de gobierno tendrá que buscar alianza con otras formaciones políticas. Decía el gran filósofo alemán Ludwig Wittgenstein, uno de los fundadores de la corriente del positivismo lógico: “De lo que no se puede hablar, mejor es callarse”. Se aplica. Beltrones no debió ni mencionar el tema. Por cierto, el filósofo era pariente de la “novia” del rey Juan Carlos I de España, la señora CorinnaZuSain-Wittgenstein, a quien conoció en una cacería de elefantes en África. Ambos son aficionados a eso. Le puso casa propia en España, cerca del Palacio de la Zarzuela. A sus 80 años se divorció de su esposa la reina Sofía. Fue tal el escándalo que tuvo que abdicar del trono en favor de su hijo el Príncipe de Asturias, ahora convertido en rey de España con el nombre de Felipe VI. En México no pasa nada con los escándalos de la clase política. Los mandos menores pagan el precio.

Por otra parte, difícilmente Beltrones podría hablar mal del Partido Verde porque el senador Pablo Escudero, uno de los dirigentes de ese partido, es su yerno. Se casó con Silvia Beltrones. Todo queda en familia.

Me extraña que Beltrones, con la gran experiencia política que tiene, pretenda hacernos creer que las elecciones se ganan con declaraciones o con discursos. El martes pasado acusó de “borracho” al candidato panista a gobernador de Colima. Seguramente sabe cuál es el conflicto de fondo en Colima. El gobernador priísta Mario Anguiano está peleado con Ignacio Peralta, el candidato de su partido a la gubernatura. Peralta ganó con una diferencia de 503 votos. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ordenó la cancelación de la elección porque el gobernador le dio indicaciones a su secretario de Desarrollo Social, Rigoberto Salazar Velasco, para que hiciera entrega de recursos públicos a cambio del voto por el PRI. Se dice que el TEPJF estaba dispuesto a pasar por alto el incidente, pero ocurrió que el secretario Salazar se presentó ante el Congreso local y aceptó públicamente, ante las cámaras de la televisión, que utilizó recursos del erario en favor del candidato de su partido. Ante eso, el TEPJF no tuvo más opción que anular la elección para gobernador y pedirle al INE que atraiga el caso y realice el proceso electoral, con recursos de la Federación. Eso era justamente lo que quería el gobernador Anguiano. La elección extraordinaria se llevará a cabo durante el próximo mes de enero y, ya sin la intervención del mandatario estatal, no sería extraño que ganara Jorge Luis Preciado, el candidato del PAN, al que Beltrones acusa de borracho. En todo caso, Beltrones está en su papel de dirigente del PRI. Tiene que confrontar a sus adversarios políticos.

Desconozco si el candidato panista tiene ese vicio, pero los electores suelen ser indulgentes. Recuerdo que Gerardo Fernández Noroña, entonces dirigente del PRD, hizo correr la versión de que Felipe Calderón era alcohólico. De nada sirvió. Calderón fue Presidente de la República durante seis años. El periodista Ciro Gómez Leyva comentó que él había visto varias veces a Calderón en Los Pinos, ya por la noche, y no presentaba ningún síntoma de alcoholismo. Además, en las mañanas iniciaba sus labores muy temprano en la residencia oficial de Los Pinos y no tenía señales de que hubiera bebido en exceso la noche anterior (ojeras, aliento, deficiente articulación verbal, etc.). Claro que la fuente de información no podía ser peor. Fernández Noroña acaba de publicar un libro y difícilmente se le podrá creer una sola palabra.

Tampoco tiene nada de extraño que los jefes de Estado beban. Al contrario, muchos de ellos consumen alcohol para relajarse. Dicen que era el caso del ex presidente de Colombia César Gaviria, que antes de dormir compartía tres o cuatro copas con algunos de sus colaboradores. Con eso conciliaba el sueño. Jamás se dijo que fuera alcohólico. Ejemplos sobran. El ex primer ministro de Inglaterra, Sir Winstone Churchill, se tomaba un litro de whisky al día, además de tres o cuatro copas de coñac y otras dos de vino tinto. Vivió casi 95 años y murió en pleno uso de sus facultades. El Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez acostumbraba ingerir, por lo menos, un litro de ron todos los días. Murió a los 88 años y al parecer el alcohol no le afectó.

Lo anterior no significa que hagamos una apología del alcoholismo. Lo que hay que resaltar es que a los mexicanos les tiene sin cuidado que los políticos beban. La razón es muy simple: un alto porcentaje de la población tiene problemas con el alcohol. De hecho es cada vez menor la edad en que los jóvenes comienzan a beber. Algunos al terminar la primaria ya son adictos, de acuerdo con lo que ha informado la Secretaría de Salud.

En todo caso, Manlio Beltrones debería buscar otros argumentos porque no hay alianzas políticas “contra natura” ni el peor defecto que se le puede señalar a un político es el de ser borracho. Algunos hasta son vistos con simpatía. Recordemos al ex alcalde panista de San Blas (Nayarit) que organizó una fiesta para 10 mil personas con barbacoa de res y cervezas a granel y que baila con sus amigas poniéndoles la mano…“allí donde la espalda pierde su honesto nombre”, como dijera Cervantes. Andaba en campaña para diputado federal. Su nombre es Hilario Ramírez Villanueva y le dicen “Layín”. Es el que dijo que “robó poquito”, y no por falta de ganas sino porque había escasez de recursos en el erario municipal. O sea que, de que los hay, los hay.