Jesús Orozco Castellanos

El gobierno federal tomó la decisión de reestructurar el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, el IEEPO (es redundante pero así se llama). En la práctica esto representa un golpe en contra de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) que tiene su principal bastión en Oaxaca y que no figura en la nueva directiva del IEEPO. Falta ver la reacción de la Coordinadora. Hay quienes señalan que la batalla apenas comienza. El gobierno federal tiene a su favor el uso legítimo de la fuerza, si se llega a requerir (hay 39 órdenes de aprehensión en contra de los líderes de la CNTE), y, lo más importante, el apoyo mayoritario de la ciudadanía. La gente está harta de paros, plantones, marchas, manifestaciones, maestros que cobran sin dar clases en perjuicio de millones de niños y jóvenes. Durante años se privilegió el diálogo y la negociación con el magisterio disidente, al que finalmente se le otorgaban enormes cantidades de recursos económicos (más de 10 mil millones de pesos a la sección 22 de Oaxaca) y otras prebendas como el manejo indiscriminado de plazas. Ahora tendrán que sujetarse al trato que reciben los maestros en el resto del país. Eso esperamos. Para el ingreso y promoción, los maestros tendrán que ser evaluados, poniendo fin al viciado sistema de venta, renta y/o herencia de las plazas. Por lo visto, el gobierno está decidido a dar pasos en firme para terminar con el proceso de federalización de la educación pública que se aprobó en el año de 1992. Fueron 23 años de abusos y corruptelas. Los maestros cobraban por partida doble: negociaban los incrementos salariales con el gobierno federal y con cada uno de los gobiernos estatales. Recientemente la Secretaría de Educación Pública tomó en sus manos el pago directo de la nómina magisterial. No habrá más trato con los gobiernos locales. Ése es el propósito y ojalá que prive la firmeza.

En su momento la federalización de la enseñanza pública tuvo sentido. Se pretendía que los gobiernos estatales asumieran el control de la educación básica, desde preescolar hasta la secundaria. La idea era que la Secretaría de Educación Pública tuviera en sus manos únicamente los contenidos: el diseño de planes y programas de estudio para el conjunto del país, la elaboración e impresión de los libros de texto gratuitos, la evaluación del sistema nacional, la alfabetización, etc. Pero algo falló. Sólo se lograron algunas metas cuantitativas, especialmente en el combate al analfabetismo. La calidad de la educación se ha mantenido estancada, si no es que en declive, como lo muestran todas las pruebas nacionales e internacionales que se han aplicado.

Hay que reconocer que el problema de la calidad educativa no es sólo responsabilidad de los maestros. Hay fallas estructurales gravísimas. En este espacio hemos comentado que hay escuelas de telesecundaria que “funcionan” bajo la sombra de un árbol, sin electricidad. Hace unos días el diario Reforma publicó una foto de una escuela en la que el nivel del agua, ahora que hay lluvias torrenciales en casi todo el país, alcanza los 45 centímetros. A los niños les llega el agua hasta las rodillas y los maestros se tienen que subir a un banco. Y de acuerdo con el diario, como esa escuela hay otras 116 en todo el territorio nacional. Una de mis hermanas (qepd) era maestra de primaria. Al final de su trayectoria trabajaba en una escuela del Fraccionamiento IV Centenario. No había mesa-bancos. Los niños se acostaban en el suelo y tomaban apuntes. En invierno aquello era insoportable. Las maestras daban cuando mucho dos horas de clase y pasaban el resto de la jornada escolar en otras actividades. Por supuesto que no era una falta de responsabilidad de las maestras. Era lo más que se podía hacer en esas lamentables condiciones.

Y eso que Aguascalientes ha sido considerado como un estado de avanzada en materia educativa. Habría que ver cómo está el resto del país, sobre todo en la región del sureste, donde hay comunidades enclavadas en las montañas, a las que los pobladores sólo pueden llegar a lomo de mula. Justamente en esas comunidades se dan casos abundantes de pobreza extrema, de personas cuyos ingresos no llegan a los 25 pesos diarios, muy por debajo del ingreso promedio del 10% de los hogares más pobres del país. Se produce un círculo vicioso: ignorancia, marginación, miseria. El ex presidente Vicente Fox tenía la idea de que los periodistas debían conocer de cerca la pobreza extrema. Los invitaba a conocer la zona de las montañas de Guerrero. Decía el columnista Leo Zuckermann que a él le parecía un ejercicio inútil, demagogia pura. Llegaban a esa región en los enormes helicópteros “Puma” del Estado Mayor Presidencial. Estaban unas cuantas horas y en ese mismo transporte regresaban a la Ciudad de México, a sus casas en las colonias de clase media para seguir disfrutando del confort al que estaban (y están) acostumbrados.

El gobernador oaxaqueño Gabino Cué debe estar muy satisfecho con el favor que le hizo el gobierno federal. En incontables ocasiones había comentado que el problema de los maestros en su estado lo tenía rebasado por completo. Lo único que les podía ofrecer a los maestros disidentes era dinero y más dinero. Recientemente se dio a la tarea de solicitar a la Secretaría de Hacienda 1,700 millones de pesos de recursos adicionales para poder afrontar las demandas del magisterio. Y el problema se recrudece porque ni así los puede mantener bajo control. La capital del estado sigue vandalizada, el turismo se aleja, los dueños de hoteles y restaurantes están en límite de la resistencia. Alguna vez comenté que me resulta incomprensible esa situación. La ciudad de Oaxaca es una de las más hermosas del país, su centro histórico es patrimonio cultural de la humanidad, tiene una gastronomía de clase mundial, a una distancia más o menos corta se encuentran los extraordinarios desarrollos arqueológicos de Mitla y Montealbán, la iglesia de Santo Domingo es la joya del barroco en América, sus tradiciones culturales son ejemplo internacional (la Guelaguetza, por ejemplo). Cómo entender, por tanto, que Oaxaca es uno de los estados más pobres del país. Un amigo me daba una clave: corrupción y malos gobiernos. Un ex secretario de Salud en el Estado tiene avión propio. Y resulta que, como se ha documentado, hay mujeres que dan a luz a las afueras de los hospitales públicos, los mismos que son responsabilidad del señor del avión. Los hijos de un ex gobernador de Oaxaca son dueños de un departamento frente a Central Park en Nueva York (la zona más cara del mundo). Pasan temporadas en esa ciudad y necesitan un lugar fijo para hospedarse. También son dueños de una casa en el estado de Utah porque allí hay nieve y les gusta esquiar.

Y podemos seguir con más ejemplos y con otros estados del sureste. Un gobernador de Guerrero organizaba fiestas el día de su cumpleaños. Invitaba a unas cinco mil personas y todas llevaban regalo. Y por supuesto que se lo tenían que entregar personalmente. El desfile duraba el día entero. El actual gobernador de Chiapas va de un escándalo a otro. Cuando fuimos a Tuxtla Gutiérrez el pasado mes de abril, le comenté a un taxista que me parecía correcta la previsión de haber construido el aeropuerto a unos 40 kilómetros de la ciudad, por si llegaran a producirse problemas de conurbación. Me contestó que ésa no era la razón. Se construyó allí el aeropuerto, según me dijo, porque los terrenos eran propiedad del padre del actual gobernador (¡!).