Jesús Orozco Castellanos

La revista “Nexos” publicó recientemente un artículo sobre las encuestas realizadas en México entre el año 2006 y el 2012. Una de las conclusiones es que solamente dos empresas mostraron consistencia: Reforma y Covarrubias. Pues bien, el viernes pasado el diario “El Norte”, ligado al grupo Reforma, publicó una encuesta sobre la intención de voto en el estado de Nuevo León, que tendrá elecciones para gobernador el próximo 7 de junio. Encabeza las preferencias el candidato independiente Jaime Rodríguez, alias “El bronco”, con el 31% de la intención de voto. Le sigue la candidata de la coalición PRI-Verde, Ivonne Álvarez, con el 26%. En tercer lugar está el candidato panista Felipe de Jesús Cantú con el 20%. En la cuarta posición está el candidato por el Movimiento Ciudadano, el exgobernador panista Fernando Elizondo, con un 4%. El mismo día en que se publicó la encuesta, Fernando Elizondo declinó en favor de “El bronco”. Se podría decir que esta alianza permitiría pensar en un 35% de las preferencias. Me parece que la suma puede resultar pertinente debido a que Elizondo es una figura muy conocida en Nuevo León. De ser así, la ventaja del candidato independiente se podría ampliar a 9 puntos. Además, el Movimiento Ciudadano le puede dar a Jaime Rodríguez la estructura para colocar a los candidatos a diputados locales y federales, así como a los aspirantes a las presidencias municipales y regidurías.

Cuando tomó posesión el actual gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, acudimos al evento en Monterrey varios aguascalentenses. Nos ofrecieron una cena. La mayoría de los invitados locales a esa cena eran empresarios y pudimos observar el aprecio que le mostraban al nuevo gobernador. Pusieron en él grandes expectativas. Sin embargo, todo parece indicar que los decepcionó, a pesar de que el gobierno de Nuevo León se convirtió en un ejemplo nacional en la lucha contra el crimen organizado. Monterrey era una guarida de narcotraficantes, uno de los principales centros de distribución de drogas en el país y de la exportación de las mismas hacia los Estados Unidos. El gobernador Medina creó un cuerpo policiaco especial, una fuerza de tarea compuesta por elementos altamente entrenados y con salarios dignos. Lograron sacar a los principales capos del estado y lo pacificaron.

Los empresarios de Monterrey acusan al gobernador Medina de haber adquirido numerosas propiedades inmobiliarias en el estado de Texas. De ser cierto, las cuentas no salen. Supongamos que el sueldo del gobernador fuera de 300 mil pesos mensuales, por encima del Presidente de la República. Estamos hablando de cuatro millones de pesos al año porque normalmente los gobernadores no tienen gastos: el erario estatal les cubre alimentos, viajes, colegiaturas, etc. El ahorro sería de 24 millones de pesos en seis años, insuficientes para comprar una mansión en el sur de Texas, cuyo costo se eleva a millones de dólares. La única forma de entender esta acumulación de riqueza, asumiendo que exista, es que sea producto de las “comisiones” que los empresarios suelen otorgar en los contratos de obra pública. El religioso 10% en obras que valen miles de millones de pesos, sin considerar otro tipo de servicios, sí da para comprar residencias en Texas y mucho más. No olvidemos que las “comisiones” son ilegales, por más que sean tan generalizadas. Pero ese es otro asunto. Lo que ahora nos interesa es tratar de comprender cómo se generan esas fortunas, tan frecuentes entre la alta burocracia. Como que ya es parte del ADN de los políticos mexicanos.

Otra queja que hay en contra del gobernador Medina es la participación de su padre en la toma de decisiones. Se trata de un caso similar al del gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval. Nunca será bien visto que detrás de los gobernadores haya una “mano que mueve la cuna”. Finalmente los neoleoneses eligieron al gobernador Rodrigo Medina y no a su papá, por más que éste hubiera ocupado importantes cargos en el gobierno de Coahuila.

Me parece que Rodrigo Medina tenía todo para ser un buen gobernador: juventud, carisma, buenas relaciones con el gobierno federal. Se dice, y nadie lo ha desmentido, que los miércoles por la tarde, el gobernador Medina tomaba el avión oficial para trasladarse a Toluca, cuando Enrique Peña Nieto era gobernador del estado de México. Allí solían jugar golf y muy probablemente compartían inquietudes y proyectos.

Volviendo al “bronco”, hay que recordar que es el mismo que hace unos días le respondió al ex presidente Felipe Calderón, quien había dicho que Jaime Rodríguez es un peligro, como López Obrador. El “bronco” le contestó: “seguramente Felipe andaba crudo o pedo”. Como que no es un lenguaje apropiado para alguien que aspira a gobernar uno de los estados más importantes de México. En efecto, Nuevo León tiene uno de los índices más altos en materia de servicios educativos. Los organismos internacionales que definen el “ranking” de las mejores ciudades del mundo en cuanto a la calidad de vida, colocan a Ginebra, Zurich, Viena y Vancouver como las primeras. Entre las 100 mejores sólo están la Ciudad de México y Monterrey, si bien en los lugares 95 y 96, respectivamente. Como estado, Nuevo León es uno de los que más aportan a la producción industrial del país y, en consecuencia, es una fuente muy importante de recaudación fiscal. Los pioneros de la industria del hierro y el acero fueron los empresarios de Monterrey. Son datos duros.

Viví de cerca la complejidad de las decisiones que debe tomar un gobernador. Y estamos hablando de un estado pequeño como Aguascalientes. Por eso me cuesta trabajo entender que Nuevo León tuviera que ser gobernado por un político del perfil del “bronco”. Además de sus problemas de lenguaje, tiene poca experiencia, fue presidente municipal de García, un municipio menor de Nuevo León. Ciertamente ha sido diputado local y federal pero me parece que no basta. Es muy importante la experiencia administrativa para el manejo de temas como la seguridad pública o las finanzas. Tenemos a la vista el caso de Coahuila. El gobierno de Humberto Moreira contrajo deuda por casi 40 mil millones de pesos, dando por hecho que si resultaba impagable, el gobierno federal se haría cargo. Lo que no previó es que, efectivamente, la Federación tuvo que tomar el problema en sus manos, sólo que a costa de las participaciones federales. Eso implica menos recursos para el estado, lo que afecta los programas de educación y salud, por ejemplo. Con la deuda se amplió considerablemente la infraestructura del estado, aunque las posibilidades de crecimiento en el futuro se reducen considerablemente. Y qué decir de los muchos millones de pesos que terminaron en cuentas personales.

En conclusión, me parece que la única forma de frenar la llegada de “el bronco” a la gubernatura sería una alianza entre el PRI y el PAN. Se ve difícil. Si el PRI y el PAN compiten por separado, le pueden abrir las puertas al “botas” (también tiene este alias), sobre todo porque ya queda muy poco tiempo para tratar de cambiar los posibles resultados. Y en una de ésas, los empresarios de Monterrey, que impulsaron decididamente al “bronco”, se podrían llevar una desagradable sorpresa. Son los costos de la democracia.