Jesús Orozco Castellanos

Oaxaca es un estado con abundantes recursos naturales. Tiene agricultura y ganadería, minas, bosques, pesca. Cuenta con un enorme litoral en el océano Pacífico en el que hay destinos de playa muy importantes como Huatulco y Puerto Escondido. El turismo es abundante, especialmente en la capital del estado que sin duda es una de las ciudades más hermosas de México. Además tiene historia. Hernán Cortés fundó el marquesado de la Antigua Antequera en lo que hoy es Oaxaca. Tiene uno de los crisoles culturales más importantes del país. Es impresionante su música (especialmente las bandas de origen austriaco), su danza, el colorido de sus trajes regionales, el espectáculo de la Guelaguetza, el acervo arqueológico de Mitla y Montealbán. La gastronomía oaxaqueña está considerada como la mejor de México. Por si fuera poco, Oaxaca es cuna de varias de las figuras históricas más importantes de México: Benito Juárez, Porfirio Díaz, Matías Romero, José Vasconcelos, entre otros. En Oaxaca nacieron grandes artistas como Rufino Tamayo y Francisco Toledo. Por lo tanto, ¿cómo explicarnos que Oaxaca es uno de los estados más pobres del país, tomando en cuenta el ingreso per cápita? Hay familias en la zona rural que sobreviven con 18 pesos diarios, el equivalente a un dólar.

Un amigo mío, de muy avanzada edad y que conoce a fondo el país, apuntaba una respuesta: los malos gobiernos. Sin embargo, creo que la explicación es insuficiente. Ha habido y hay malos gobiernos en otras entidades de la República, algunas del norte, que no son precisamente pobres en términos comparativos. Me parece que hay una razón de fondo que ya se ha considerado: en el centro, norte y occidente del país priva la iniciativa individual, el afán de progreso a partir del trabajo; el ejemplo prototípico es Nuevo León y en especial su capital Monterrey. En cambio, en el sureste del país sobreviven los usos y costumbres, los cacicazgos. Recuerdo que en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, vimos a una jovencita vendiendo cigarros en la calle. Los vendía uno por uno a los automovilistas y contaba con un encendedor para dar el servicio completo. Cobraba cinco pesos por cada cigarro. O sea que a una cajetilla le sacaba cien pesos. Le pregunté si trabajaba por su cuenta y me contestó que no, que había una persona que controlaba a todas las jovencitas que se dedicaban a eso. A ellas sólo les daban una mínima parte. Es un esquema muy similar al de las Marías que pululan en las calles de Aguascalientes y que provienen de la región mazahua del Estado de México. Hay una mafia que las controla y les da los bebés para que los carguen en la espalda. Entregan lo que reciben de limosna y les dan lo mínimo para su propia subsistencia. Es un sistema de explotación en toda forma.

Algo similar ocurre en Oaxaca y Chiapas con los choferes de las combis y los taxis. Ninguno es dueño de la unidad, todos trabajan a sueldo. En la montaña de Oaxaca, por ejemplo, los choferes de las combis reciben una comisión por la cantidad de personas que trasladan. En las terminales se hace el conteo. A los indígenas los amontonan como ganado. Por cierto, a raíz de los cortes de carreteras en Chiapas, ya se dio el caso de varios indígenas de San Juan Chamula que reventaron un campamento de maestros disidentes en la carretera que comunica Tuxtla Gutiérrez con San Cristóbal de Las Casas, lo incendiaron. Es entendible porque ellos están defendiendo sus fuentes de empleo, cuidado con eso. La gente está comenzando a tomar la justicia por propia mano porque no hay autoridad que meta orden. Peor aún, ya vino la respuesta: el alcalde y un regidor de San Juan Chamula fueron asesinados. Quizá los choferes de tracto-camiones que están pasando días enteros varados en las carreteras no han respondido con reacciones violentas porque finalmente son empleados (la gran mayoría), no son los dueños de las empresas. De lo contrario, quién sabe los niveles de violencia a los que se podría haber llegado. Pero eso puede estallar en cualquier momento.

El secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio decía en días pasados que bajo ninguna circunstancia se va a permitir la afectación de los derechos de terceros. Sin embargo, es justamente lo que estamos viendo desde hace más de un mes en Oaxaca, Chiapas y ahora también en Michoacán, donde un pequeño grupo bloqueó las vías del ferrocarril que comunican el puerto de Lázaro Cárdenas con el resto del país. Los dirigentes magisteriales dicen que esa medida es para darle dimensión global al conflicto. Mientras tanto, el secretario Osorio sigue negociando con los dirigentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Se dijo incluso que les van a consultar el nuevo modelo educativo que propone la SEP. Lo que nos faltaba, ahora resultaron expertos en asuntos académicos.

El bloqueo de las vías de ferrocarril en Michoacán rebasa todo límite. Un columnista decía que eso muestra la falta de estado de derecho. Yo diría que es mucho peor: muestra la falta de Estado, a secas. El temor del gobierno federal es que una respuesta contundente que implique el desalojo inmediato de las vías puede generar violencia, por supuesto que eso puede ocurrir. En cualquier país del mundo civilizado se corre ese tipo de riesgos. En Francia, por ejemplo, cuando las fuerzas estatales enfrentan a los terroristas, están conscientes de que puede haber muertos. Los ha habido, pero eso no puede ser obstáculo para actuar. La ley se tiene que imponer por encima de cualquier otra consideración. Las masacres en Europa siguen sin parar en tanto no se resuelva la problemática del Oriente Medio. Ahora le tocó el turno a Munich donde hubo 10 muertos y varios heridos. Pero las autoridades tienen que hacer frente a todo eso sin temor a provocar más violencia, así debe ser.

Lo que está ocurriendo en México, especialmente en Oaxaca, Chiapas y Michoacán se llama parálisis institucional. Ojalá que sean hechos coyunturales, momentáneos. Si eso se prolonga puede ocurrir que las empresas calificadoras internacionales le incrementen a México el grado de riesgo como país y que las empresas multinacionales decidan suspender inversiones estratégicas en el territorio nacional. Es un riesgo previsible.

Ahora bien, como ya lo hemos comentado en este espacio, si López Obrador llega a la Presidencia de la República, le tendría sin cuidado abrogar la reforma educativa para permitir que los maestros disidentes sigan disfrutando de los privilegios de siempre: venta, renta y herencia de plazas, tráfico de influencias, negativa a cualquier tipo de evaluación. Y se puede anticipar su comentario: Ya ven que sí se podía resolver esto. Lo que pasa es que los de antes no sabían gobernar. Y en el peor de los escenarios, si al final de su mandato decidiera reelegirse, como lo describió puntualmente Jaime Sánchez Susarrey en su libro “La victoria”, bien podría pensar AMLO, habiendo Congreso a modo: La reelección se impone. ¿Qué tal si regresan los que no saben gobernar? Sería el peor de los mundos posibles y no es descartable porque todo hace ver que las autoridades le están pavimentando el camino a AMLO día con día. Si sigue la parálisis, la falta de gobierno en toda una región del país, cualquiera pensaría en la necesidad de un cambio de gobierno para ver si el que viene se atreve a poner orden. ¿Así o más claro?