Jesús Orozco Castellanos

Los atentados del pasado viernes 13 en la ciudad de París, Francia, que costaron la vida a 129 personas, dos de ellas mexicanas, se convirtieron en un claro ejemplo de liderazgo en situación de crisis y mueven a la reflexión sobre las medidas que deberían tomarse en nuestro país para prever, en lo posible, hechos semejantes. Hay quienes señalan que es muy poco probable que situaciones como la de París se pudieran producir en México, pero eso no significa que sea imposible. Basta considerar los tres mil kilómetros de frontera que tenemos con Estados Unidos, cuya capital es otro de los objetivos del Ejército Islámico, grupo que se adjudicó los atentados en Francia.

Con respecto al tema del liderazgo, cabe destacar la extraordinaria actuación del Presidente Francois Hollande. Tanto él como los miembros de su gabinete ocuparon los principales espacios mediáticos y políticos desde el momento de los atentados y durante las 48 horas siguientes. No sólo eso. Al día siguiente de los hechos, la aviación francesa ya estaba llevando a cabo varios bombardeos sobre las posiciones que mantiene el Ejército Islámico en los territorios que ocupa en el llamado Califato Musulmán. Se trata de una franja territorial situada entre Siria e Irak. La extensión es mayor que toda la Gran Bretaña y en esa franja viven ocho millones de personas. Además, en Francia hay cinco millones de habitantes de origen musulmán. El presidente Hollande sabía que tenía que enviar un mensaje inmediato a la sociedad francesa y a los líderes del mundo para generar confianza política y estabilidad en los mercados. Por lo demás, la cacería de los terroristas dio resultado. El miércoles se anunció el abatimiento del autor intelectual de los atentados.

En el caso de México, hay que reconocer la capacidad de respuesta y el liderazgo del gobierno federal cuando se trata de desastres naturales. El caso más reciente fue el del huracán “Patricia”, que azotó las costas de Colima y Jalisco. El Presidente Peña Nieto convocó a todo su gabinete con urgencia, en plena media noche, para tomar las medidas necesarias. Claro que se trata de eventos que se sabe que van a ocurrir y se tiene una amplia experiencia en la atención de estos fenómenos. El problema viene cuando son eventos inesperados. Ejemplos hay muchísimos. En el caso de las ejecuciones extrajudiciales por parte de militares en el municipio de Tlatlaya (estado de México), nos enteramos del asunto por la prensa internacional y por la información de una organización de defensa de los derechos humanos (también extranjera). El gobierno federal actuó tarde y mal. Faltó liderazgo.

El caso de Ayotzinapa también es emblemático. La desaparición de los 43 normalistas ocurrió entre el 26 y el 27 de septiembre del 2014. El ex procurador Jesús Murillo Karam tuvo la primera referencia al asunto en noviembre, dos meses después. Más tarde, en enero de 2015 pronunció la desafortunada frase de la “verdad histórica”. El primer pronunciamiento del presidente Peña Nieto sobre el tema vino mucho después. El propio Presidente reconoció la falta de oportunidad. Hay quienes señalan, ciertamente a toro pasado pero sobre todo considerando la celeridad con que actuó el Presidente de Francia, que al día siguiente de la desaparición de los normalistas mexicanos, era obligada la renuncia del gobernador de Guerrero Ángel Aguirre y el gobierno federal debió atraer el caso para iniciar de manera inmediata las investigaciones. Los gobiernos estatales y municipales, o son incompetentes en la investigación de estos casos o están coludidos. El caso de Iguala es uno entre muchos. Por eso no hay más instancia que la Federación.

En París, la policía francesa selló de inmediato la escena del crimen previendo la posibilidad de que surgieran más evidencias. Volvamos a México. Tras la fuga del “Chapo” Guzmán del penal de “máxima seguridad” del Altiplano, la procuradora Arely Gómez decidió organizar un “tour” para los periodistas, a fin de que vieran con sus propios ojos el túnel por el que se había fugado el delincuente. En ese momento se violó la escena del delito.

Cuando a principios del sexenio explotó una bomba en la torre de PEMEX, el Presidente Peña acudió al lugar. Ciertamente era importante enviar un mensaje de solidaridad a los afectados y a sus familias, pero no dejaba de ser un riesgo para el titular del Ejecutivo. En ese momento se carecía de información precisa para saber si había más artefactos. Recordemos también que en un viaje a Europa iban juntos el Presidente y el Secretario de Gobernación. Como sabemos, ante la ausencia del Presidente, el secretario de Gobernación debe asumir el mando automáticamente, de manera interina, para que después el Congreso de la Unión designe al suplente. En sentido estricto eran riesgos innecesarios. Se trata del primer mandatario del país, cabeza de un régimen presidencialista que lo sigue siendo con todo y que ya hay ciertos contrapesos.

Ahora bien, el Ejército Islámico anunció que uno de sus objetivos, como ya lo señalamos, es la ciudad de Washington en Estados Unidos. Para llegar a ese país, nada más fácil que cruzar la porosa frontera sur de México. Cientos de centroamericanos entran ilegalmente a nuestro país todos los días cruzando el río Suchiate. Su destino final es Estados Unidos. La frontera de México con la Unión Americana está más o menos bien vigilada. Sin embargo, los narcotraficantes están utilizando lanchas rápidas para entrar por las costas norteamericanas poco vigiladas. Incluso están construyendo pequeños submarinos que navegan a pocos metros de profundidad, sin ser detectados por los satélites. O si no se quieren complicar mucho las cosas, basta contratar los servicios de un buen “pollero”. Y como se sabe, en México hay contubernio entre las bandas delincuenciales y los grupos terroristas.

Por otra parte, poco se ha sabido de las dos jóvenes mexicanas que murieron en París. Una estaba como turista y la otra vivía allí. Aparentemente eran de Monterrey. Se desconoce si sus familias tienen posibilidades económicas o si es necesario que reciban algún tipo de apoyo por parte del gobierno, el cual ciertamente no está obligado porque no está de por medio su responsabilidad, pero sin duda sería un gesto solidario por parte de las autoridades. La sociedad lo vería con buenos ojos y dadas las posibilidades financieras del gobierno federal, estaríamos hablando, tal vez, de cantidades muy pequeñas.

Finalmente, las medidas que deben tomar las autoridades mexicanas para evitar posibles atentados en nuestro territorio o que éste se convierta en ruta de paso hacia los Estados Unidos, implican mayores controles en los aeropuertos y centrales o estaciones de autobuses. Harían falta campañas de difusión para que todo mundo tenga a la mano su identificación (pasaporte o credencial de elector). Es muy incómodo tener que bajarse de los autobuses para que los soldados hagan su trabajo de supervisión, pero en determinadas circunstancias es necesario. También podría solicitar el gobierno mexicano a los Estados Unidos y a la Unión Europea fotografías y datos básicos de personas presuntamente vinculadas con organizaciones terroristas, especialmente del mundo árabe. Esto facilitaría las labores de vigilancia y supervisión. En fin…