Jesús Orozco Castellanos

El secretario de Relaciones Exteriores José Antonio Meade manifestó recientemente que si en México se utilizara la metodología de la ONU para medir la pobreza, tendríamos 12.5 millones de pobres, de los cuales, 3.6 millones estarían en pobreza extrema. En cambio, siguiendo el método del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), hay 55.3 millones de personas en situación de pobreza y dentro de ese grupo hay 11.4 millones en pobreza extrema. Para la ONU, una persona en situación de pobreza es la que percibe un ingreso diario de 1.25 dólares, algo así como 21 pesos a valor actual. Para el Banco Mundial la cifra es de 1.90 dólares, un poco más de 32 pesos diarios. En los dos casos está muy por debajo del salario mínimo oficial del país, que promedia 60 pesos diarios.

La diferencia es enorme y se explica porque la ONU sólo toma en cuenta un factor: el ingreso. El CONEVAL, por su parte, considera cinco factores: ingreso, educación, salud, vivienda y seguridad social. Por eso se le llama pobreza multifactorial. Además, las cifras también son muy distintas. Para el CONEVAL, una persona pobre es la que percibe un ingreso urbano mensual de 2,542 pesos o rural de 1,614 pesos y al menos tiene una carencia básica en educación, salud, vivienda y seguridad social. En pobreza extrema vive una persona que percibe un ingreso mensual urbano de 1,242 pesos o rural de 848 pesos y al menos tiene tres carencias en educación, salud, vivienda y seguridad social. De cualquier forma, los datos revelan una situación muy grave. De acuerdo con el Consejo Nacional de Población, México tiene alrededor de 116 millones de habitantes. Seguramente estamos por conocer los resultados del censo quinquenal del INEGI. Las cifras del CONEVAL revelan que casi la mitad de la población del país vive en la pobreza. Peor aún: más del 11% vive en situación de pobreza extrema. Lo más probable es que este último segmento de población habite en las zonas montañosas (escasamente comunicadas) de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Michoacán y parte de Veracruz.

También pueden darse casos, y tal vez muchos, de personas que tienen un ingreso urbano mensual de tres mil pesos o más y que no terminaron la primaria, no están afiliados a ningún sistema de salud, su casa tiene piso de tierra y no están inscritos en ningún programa de seguridad social. O también puede ocurrir a la inversa: personas que tienen satisfechas todas las carencias mencionadas pero carecen de ingresos porque están desempleadas. O sea que el asunto es complejo. Pero por donde se le vea, el problema de la pobreza y la desigualdad social en México sigue siendo muy preocupante.

Se puede ver también la otra cara de la moneda. El 52.4% de la población del país forma parte de las clases media y media alta. Es el dato que ya conocemos. Sabemos también que en los últimos dos años el número de pobres del país se ha incrementado en dos millones. La cifra porcentual permanece igual debido al crecimiento de la población. Lo preocupante es que no se avance. Tampoco se avanza en la reducción de la desigualdad. La mayor parte de la riqueza que se genera en el país está en unas cuantas manos. En el “cuadro de honor” de los diez hombres más ricos del mundo, por lo menos dos o tres son mexicanos. La pobreza y la desigualdad van de la mano.

Pareciera entonces que “todo está podrido en Dinamarca”, como dijera el clásico. Por fortuna no es así. Se ha dicho con insistencia que México es más grande que sus problemas. Veamos algunos ejemplos de los asuntos positivos que ocurren. En días pasados me enteré de que en Xalapa, Veracruz, se está implementando un sistema de orquestas infantiles y juveniles, con el fin de alejar a los niños y jóvenes de los vicios o de su posible y nunca deseable incorporación a las bandas del crimen organizado. En Aguascalientes llegó al Museo Descubre la exposición sobre la obra de Leonardo da Vinci. La muestra sobre la obra de Miguel Ángel Buonarroti llegó al complejo de edificios del bicentenario de la independencia en Silao, Guanajuato. La exposición se inició el pasado 15 de octubre. Les tomó años a los funcionarios de CONACULTA traer esas obras a México. Estuvieron primero en Bellas Artes en la Ciudad de México y ahora llegan al interior del país. El próximo 30 de octubre se abrirá en el Museo de San Carlos una exposición de 22 óleos y 33 grabados de varios de los pintores más importantes de la llamada escuela flamenca. La muestra se llama “De Rubens a Van Dyck”.

El Festival Internacional Cervantino de Guanajuato se ha consolidado como uno de los eventos culturales de mayor realce en América Latina. Por su parte, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara es la más importante entre los países de habla hispana. Sólo es superada en el mundo por la Feria del Libro de Frankfurt, en Alemania, de acuerdo con José Carreño Carlón, director del Fondo de Cultura Económica de nuestro país.

Pasando a otro tema, también positivo, en Querétaro la atracción de inversiones sigue en aumento. El gerente general de la empresa Microsoft (la de Bill Gates) anunció la instalación de una planta para el desarrollo de sistemas en la capital de ese estado con una inversión de mil millones de dólares. Van a contratar sobre todo ingenieros. Esto se agrega a las crecientes inversiones en el sector aeroespacial. Y así podemos seguirle.

Por lo demás y para concluir, el combate a la pobreza y la desigualdad social sólo se puede llevar a cabo con una herramienta: el crecimiento económico. Desafortunadamente en los últimos años el país ha tenido un pobre crecimiento de apenas un 2% anual. Es insuficiente para la creación de los empleos que se necesitan. Por eso no se avanza en la reducción de la pobreza y la desigualdad. Ahora bien, para que se dé ese crecimiento hay dos requisitos básicos: la existencia del estado de derecho y la formación de capital humano. Realizar inversiones en el sureste del país es una aventura. En Guerrero, por ejemplo, algunas empresas como FEMSA (Coca Cola) se están retirando. Los vándalos toman por asalto sus camiones y los incendian, sin que autoridad alguna les ponga freno. El actual gobernador les “suplica” a las empresas que regresen. No es cuestión de súplicas sino de la aplicación estricta de la ley. Mientras eso no ocurra, los vándalos seguirán haciendo de las suyas. Se ha dicho que el gobierno de Guerrero ofrece a FEMSA la “reparación del daño” (con recursos del erario, por supuesto). Pero a FEMSA lo que le sobra es dinero. La empresa quiere seguridad para sus empleados que podrían ser objeto de un atentado. Sin empleados no hay negocio.

El otro requisito, el de la mano de obra calificada, se complica porque nuestro sistema educativo deja mucho que desear, por decirlo de una manera amable. En materias básicas como el inglés y la computación, nuestros maestros tienen serias deficiencias, como sabemos. Sin embargo, parece que ahora el gobierno federal está dispuesto a meter orden: los maestros que no dan clase no cobran y los que acumulan tres faltas consecutivas e injustificadas son dados de baja, como ya ocurrió con 291. Por algo se tenía que empezar. Ya era hora.