Jesús Orozco Castellanos

A finales del presente año, muy probablemente ya sabremos los nombres de los candidatos (o candidatas) que habrán de competir en la elección para gobernador del 2016. La formalización ante las autoridades electorales ocurrirá meses después para dar inicio a las precampañas y campañas. Por el lado del PRI, me parece que Lorena Martínez es la que tiene mayores posibilidades. De hecho, un amigo me comentó que ya instaló las oficinas de su Fundación Convive Feliz en un lugar muy céntrico, frente al Parián. En sus oficinas de la PROFECO en la Ciudad de México, tiene concentrado a un numeroso grupo de colaboradores que la acompañaron en su gestión como presidenta municipal del 2011 al 2013. ¿Trabajan preparando la campaña?

El ex alcalde Gabriel Arellano también quiere participar. Me lo dijo hace algunas semanas en una sucursal bancaria en la que coincidimos. Igualmente se dice que los candidatos del gobernador Lozano son el senador Miguel Romo Medina y el secretario de Gobierno, Sergio Reynoso Talamantes. De acuerdo con las cifras a las que he tenido acceso y que me abstengo de revelar para no meterme en problemas con la autoridad electoral, que se rige ahora por una legislación muy estricta (exagerada tal vez), Lorena encabeza las preferencias. Le sigue a una considerable distancia Gabriel Arellano y el resto está muy atrás, incluyendo los candidatos del gobernador.

Hoy en día las dirigencias nacionales de los partidos, a la hora de seleccionar candidatos, tienen como criterio básico las preferencias electorales que registran las encuestas. A quienes dicen que no hay que creer en las encuestas, es necesario recordarles que es el único instrumento de medición cuantitativa del que se dispone. Lo demás son análisis cualitativos sobre los candidatos: sus perfiles, trayectoria, su nivel de comunicación con la gente, etc. Cuando las cifras son muy cerradas, las decisiones suelen tomarse considerando los análisis cualitativos. Y por mucho rigor que se tenga a la hora de la selección, los errores son frecuentes. Además, hay que tomar en cuenta el estado de ánimo del electorado. Por lo tanto, son muchos los factores que intervienen en el resultado de una elección. Lo imprevisible de los resultados electorales es una de las principales características de la democracia moderna. Si de antemano supiéramos quién va a ganar o perder, jamás iríamos a votar. Claro que en los regímenes autoritarios, como en la era del viejo PRI, el voto era inducido, era un “quid pro quo”: si votas por mí te doy algo a cambio (dinero, una despensa, una camiseta). Y en un país en el que más del 90% de la población era pobre, ir a votar tenía sus ventajas.

Por el lado del PAN, está ocurriendo lo que algunos esperaban: al alcalde Juan Antonio Martín del Campo ya le latió su corazoncito. Quiere ser candidato a gobernador. Hace algún tiempo estaba yo en la sala de espera de un aeropuerto. Detrás de mí se encontraban los panistas Rubén Camarillo y Paquín González. No me reconocieron. Decían que todo el panismo de Aguascalientes iba a cerrar filas en torno a Martín Orozco Sandoval como candidato a gobernador en el 2016. Por lo visto las cosas están cambiando. Una gubernatura es algo muy apetecible en todos los sentidos. De entrada, permite formar un patrimonio económico que le puede resolver la vida a cualquiera, si no es muy despilfarrador. Además, da prestigio social, hay amplias oportunidades de viajar dentro y fuera del país, se pueden forjar relaciones muy sólidas con otros gobernadores y con funcionarios de todos los niveles de gobierno. Martín del Campo tiene en este momento una gran ventaja: la estructura del gobierno municipal. Casi diario aparece en los periódicos entregando obras en diferentes colonias de la ciudad. Si al momento de tomar la decisión, las encuestas lo favorecen con claridad, lo más probable es que el Comité Ejecutivo Nacional del PAN se decida por él.

La contienda se va a cerrar entre el PRI y el PAN. El PRD y MORENA tienen poca presencia en Aguascalientes. El PAN va a tratar de recuperar la gubernatura. En los corrillos políticos se dice que, a pesar de las diferencias entre Lorena Martínez y el gobernador Lozano, que son más o menos del dominio público, el gobierno del Estado estaría dispuesto a jugársela con todo en favor de ella. Suena lógico. Me resulta difícil imaginar que el actual gobernador llegara a sentirse cómodo con un sucesor de otro partido. Y ya pasaron los tiempos en los que los gobernadores imponían a sus candidatos, por encima de la voluntad de la dirigencia nacional de sus partidos. Esto es así porque ya vivimos en una democracia electoral verdadera. Los votos cuentan y se cuentan. Nadie en su sano juicio acepta de antemano el escenario de la derrota. Es al contrario. Los partidos van a la victoria al costo que sea. Las campañas son por aire y por tierra. A los anuncios oficiales por radio y televisión (pagados por el gobierno con nuestros impuestos), a la propaganda en las calles, se agrega el proselitismo domiciliario. Es obvio que en una ciudad del tamaño de Aguascalientes hay que diseñar un programa selectivo que permita cubrir las colonias con mayor rentabilidad electoral.

Por otra parte, resulta igualmente importante el resultado electoral para la conformación del Congreso del Estado y la distribución de las alcaldías. Cualquier gobernador busca la mayoría legislativa para la aprobación de sus proyectos. De igual manera necesita el control de los municipios más importantes del Estado por elementales razones de gobernabilidad. Desde luego cuenta la capacidad de negociación de las autoridades. Recuerdo que en el trienio 1995-1998, siendo yo secretario general de Gobierno, teníamos en el Congreso 11 diputados, frente a 13 del PAN. Negociamos con los tres diputados restantes, de otros partidos, para formar un bloque de 14. Eso nos permitió construir importantes arreglos con el panismo. Más del 80% de las iniciativas de ley que enviamos al Congreso fueron aprobadas por unanimidad. Tampoco teníamos el control de los principales municipios del Estado y aun así logramos importantes consensos. Menciono esto porque se trata de hechos que pueden ser útiles en las actuales circunstancias.

El nuevo gobierno del Estado tendría que dar un giro para dar prioridad a problemas muy específicos del desarrollo urbano: vialidades, pavimentación, semáforos, obra pública en las colonias y comunidades. Ciertamente lo anterior pertenece a la esfera municipal, pero es crucial el apoyo del gobierno estatal. Los alcaldes lo saben por experiencia. La ciudad de Aguascalientes requiere un tratamiento de cierta urgencia. El pavimento de muchas de las avenidas y calles se encuentra en pésimas condiciones. El tránsito se vuelve muy difícil y eso repercute en el tiempo de los recorridos, el gasto de combustible y el desgaste de los vehículos. Especial mención merece el transporte público, que sí es responsabilidad del gobierno estatal. El servicio de taxis es más o menos barato pero están sucios, el hacinamiento en las combis es preocupante, los camiones urbanos son en su mayoría viejos y los choferes dan mal servicio porque trabajan dobles turnos. Por razones económicas, ellos mismos aceptan esas condiciones. Algo se debe hacer. Hay experiencias exitosas en otras ciudades de América Latina. Son un ejemplo.