Jesús Orozco Castellanos

Arrancó ya la Feria Nacional de San Marcos. Hay la creencia de que la mayor parte de los asistentes a los festejos son foráneos. La verdad es que más del 60% son locales. A la gente le gusta ir a la Feria. Recuerdo que en los años 60 del pasado siglo las familias ahorraban todo el año para que las muchachas pudieran estrenar vestido en “las de abril”. Eran los tiempos en que las señoras que iban a Europa organizaban despedidas entre sus amigas porque viajarían “al viejo continente”. Las crónicas de sociales de los periódicos de la época consignaban ese tipo de hechos. Eran viajes que duraban meses y por lo general iban las hijas con la mamá. Ya se cruzaba el Atlántico en avión pero de todas formas el periplo era todo un acontecimiento reservado solamente a las “familias pudientes”. Hoy, cualquier persona que consiga un préstamo en el ISSSTE o un crédito en el banco, se puede dar ese lujo. Ya no es tan caro.

Debo confesar que soy de los que van muy poco a la Feria, si acaso a comer algún día. El año pasado realizamos un viaje a Chiapas (espléndido por cierto) y estuvimos de regreso en Aguascalientes el 25 de abril. No nos paramos en la Feria, ni un solo día. La verdad es que las aglomeraciones son terribles. Hace algunos años fuimos al palenque a ver a Juan Gabriel. A la salida yo sentía que íbamos literalmente en vilo, que no tocábamos el piso al avanzar. Mi hija tenía 14 años y yo la tuve que sujetar con los dos brazos para que no se me fuera a zafar. Aquello era un suplicio. No volvimos a ir al palenque. Para colmo, en los restaurantes no servían ni café ni postre porque mucha gente tenía que salir corriendo para buscar su lugar en la plaza de toros. Pero de la propina no nos escapábamos. Si no la dejábamos, salían los meseros detrás de nosotros para reclamarla. Y menos del 15% era un ultraje imperdonable.

A mis hijos ocasionalmente les gusta ir a los espectáculos musicales, especialmente los que se presentan en el llamado Teatro del Pueblo que está a un lado de la plaza de toros, al fondo de la velaria. Además, el perímetro ferial ha crecido desmesuradamente. De la escultura de los toros a la Isla San Marcos son varios kilómetros. Difícilmente se puede hacer el recorrido a pie aunque hay gente que lo hace, incluso desde Venustiano Carranza. Qué lejos quedaron los tiempos en que la Feria no pasaba del jardín de San Marcos.

Entiendo que para muchas personas la Feria sigue teniendo grandes atractivos. El serial taurino suele ser uno de los mejores del mundo. Las variedades en el palenque siguen incluyendo a varios de los mejores representantes de la música popular mexicana (o de habla hispana). El programa cultural es muy completo, dentro y fuera de las instalaciones feriales. Y qué decir de la derrama económica. Alguna vez me comentó un gerente de uno de los hoteles del perímetro ferial (era pariente mío) que con los ingresos de la temporada se pagaba la nómina de todo el año. De hecho, me decía, cualquier hotel que se abra en Aguascalientes es negocio, por lejos que esté de la Feria. Los ingresos de quienes trabajan en los recintos feriales, especialmente los meseros, representan una buena parte de lo que perciben al año. Todo es negocio.

Ahora bien, también está el lado negativo. El consumo de alcohol es desaforado, especialmente en la vía pública e incluso entre mujeres. Por algo se dice que la Feria es la cantina más grande del mundo. Algunos padres de familia sufren las de Caín, sobre todo si las hijas salen a divertirse. Las mamás no duermen por estarlas esperando. Incluso si van acompañadas por algún hermano se las ingenian para que la fiesta se alargue. En este espacio comentamos lo que le ocurrió hace algunos años a una muchacha de la colonia San Luis. Despertó en la tina del baño de una casa y enfrente había un letrero que decía: “Te falta un riñón. Si no te atiendes en las próximas tres horas te vas a morir”. Por fortuna se atendió y vivió para contarlo. Conoció a un galán en un antro y resultó ser un traficante de órganos, como los de África.

Otra cuestión a considerar es que todo es carísimo: los restaurantes, los antros, las corridas de toros, los taxis. Ahora que ya tenemos el servicio de Úber, ojalá que ayude en algo. Hace unos días unos amigos hicieron un trayecto en un taxiÚber. Fue algo más de un kilómetro y pagaron 34 pesos. Me pareció razonable. Es un poquito más de lo que cobra un taxi normal. Esperemos que no pretendan abusar durante la Feria porque hay ocasiones en que conseguir un taxi para regresar a la casa es virtualmente imposible. Llegar en vehículo propio también es caro porque se disparan los cobros en los estacionamientos, aunque sobre aviso no hay engaño: a la entrada están las tarifas.

Las recomendaciones son las de siempre. Si alguien de plano quiere ahorrarse cualquier tipo de molestia, es preferible que se quede en su casa. Cuando nos visitan amigos o parientes con el deliberado propósito de asistir a la Feria, lo primero que tenemos que hacer es revisar los precios en cualquier lugar. Si en un restaurante la carta no tiene precios, es preferible salirse y buscar otro. Hay que negociar con toda claridad las tarifas de los taxis. Si uno maneja su propio vehículo, hay que abstenerse por completo de ingerir alcohol. Con dos copas el alcoholímetro marca positivo. Se debe tener muchísimo cuidado con las señales de tránsito, especialmente con los semáforos. Se han producido muchísimos accidentes fatales por tratar de pasarse las luces amarillas o rojas. Siempre hay que tomar en cuenta que si nosotros manejamos con precaución, hay muchos otros que no lo hacen. Hay casos de gente que muere absolutamente alcoholizada. Pierden su vida y provocan la muerte de otros.

Si vamos al casino de la Feria, hay que procurar apostar poco, solamente pequeñas cantidades como para divertirse. Los talladores de baraja están entrenados, al igual que los operadores de la ruleta. La casa nunca pierde. Me ha tocado ver cómo salen del casino camionetas del Servicio Panamericano de Protección cargadas de billetes hasta el tope. Son miles de millones de pesos los que están de por medio. Y para fortuna de los concesionarios, los juegos de azar ya están permitidos en México. Cuando estaban prohibidos, los juzgados civiles cerraban y el personal tomaba sus vacaciones. Terminada la Feria, llegaban los soldados y colocaban los sellos de clausura en las puertas. En alguna ocasión, hace ya varios años, vino a Aguascalientes el doctor José Sarukhán, ex rector de la UNAM. Vino a conocer la reserva de la Sierra Fría. Es un experto en esos temas. Le conté la anécdota de los juzgados cerrados y los soldados colocando los sellos. Se moría de risa. No lo podía creer. Me dijo que le parecía material como para un cuento de García Márquez. Es más, me sugirió que publicara un ensayo sobre el tema. Es uno de mis pendientes.

Para quienes tienen afición por los eventos culturales, la Feria es un escaparate de primera línea. Hay conciertos musicales, exposiciones de artes visuales (pintura, escultura, fotografía), concursos literarios, obras de teatro, exposiciones de libros, etc. Casi todos los eventos son gratuitos. Los espectáculos en el palenque suelen ser buenos, aunque allí sí hay que irse con cuidado en el tema de los precios. Además, la acústica del recinto deja mucho que desear. En fin, como dice el refrán, cada quien habla de la feria como le va en ella. A los que les fue mal, se dice, les fue como en feria. En fin…