Jesús Orozco Castellanos

En este espacio he comentado que soy muy aficionado al béisbol. En estos días se están jugando ya los partidos de post temporada de las grandes ligas. Los Dodgers de Los Ángeles se enfrentan a los Cachorros de Chicago en la batalla por el campeonato de la Liga Nacional, seguramente va a ser un duelazo. Ambos equipos disponen de un elenco de pitcheo de primera línea; el de los Dodgers lo encabeza el excelente lanzador Klayton Kershaw y el de los Cachorros tiene como estrellas a Jake Arrieta (de origen puertorriqueño) y al cubano Aroldis Chapman. Los Cachorros son favoritos, fueron el mejor equipo en la temporada regular. El sábado se jugó el primer partido y ganaron los Cachorros 8 a 4 a los Dodgers. En el caso de la Liga Americana, los Indios de Cleveland ya le ganaron los dos primeros juegos a los Azulejos de Toronto, a donde regresa la serie el lunes 17. Los Azulejos no han perdido en casa, veremos. El próximo 25 de octubre arranca la serie mundial. Si se llega a prolongar a seis o siete juegos, terminará en noviembre, como ocurrió en el año 2001, tras los atentados contra las torres gemelas de Nueva York. Si termina en cuatro o cinco, concluirá en octubre. Como se sabe, se reparte entre los jugadores la taquilla de los primeros cuatro juegos de la serie mundial. Así se hace para evitar cualquier tipo de arreglo entre los clubes.

Hay dos hechos que han sido comentados por los especialistas y aficionados. El primero es la muerte del lanzador cubano José Fernández, que conducía una lancha y se estrelló, junto con otras dos personas, en una roca cerca de Miami. Tenía 24 años y jugaba para los marlines de Miami, escapó de Cuba y decidió emprender carrera como jugador de béisbol. El otro hecho es el del mencionado pitcher Aroldis Chapman (de 28 años de edad) que estableció un nuevo récord de velocidad: 106.9 millas por hora, superando la marca del lanzador texano Nolan Ryan de 100.7 millas. Chapman pertenecía a la organización de los Yanquis de Nueva York y fue transferido a los Cachorros de Chicago. Es muy difícil conectar un lanzamiento a esa velocidad aunque si se logra hacer contacto, prácticamente basta con “chocar” la pelota para ponerla del otro lado de la barda, o incluso fuera del estadio. A propósito, ¿sabe usted cuánto cuesta una bola de béisbol profesional de las grandes ligas? Cerca de 25 dólares. Se utiliza un promedio de 30 pelotas por juego, estamos hablando de unos 750 dólares. Se juegan 162 partidos por temporada, de manera que el gasto en pelotas sería de unos 120 mil dólares por año. Eso es una cantidad irrisoria si tomamos en cuenta los cientos de millones de dólares que están de por medio (tal vez hasta miles de millones), los pagos por derechos de televisión son estratosféricos. Igual ocurre en el futbol americano profesional. Un comercial de 30 segundos en el supertazón cuesta varios millones de dólares; los 15 minutos del espectáculo del medio tiempo representan una fortuna, se dan el lujo de contratar a los mejores cantantes.

Ahora bien, algunos comentaristas han dicho que la marca de Chapman es la más alta de la historia. Sin embargo, es difícil constatarlo porque no sabemos cuál era la velocidad máxima de lanzadores como Warren Spahn o Sandy Koufax, dos de los grandes líderes en el capítulo de “ponches”. Koufax vive todavía y terminó su carrera antes de lo esperado por un problema de artritis. Fue una de las grandes figuras de los Dodgers de Los Ángeles en los años 60 del siglo pasado, se decía que “tiraba lumbre”. Spahn murió en el 2003 a los 82 años de edad. Jugó al final de su carrera con los Mets de Nueva York y con los Gigantes de San Francisco. Fue un pitcher zurdo de gran efectividad. Como muchos otros, se incorporó al ejército de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Fue el caso de Ted Williams, uno de los grandes bateadores de los Medias Rojas de Boston, fue piloto de avión de guerra.

Al primero que yo recuerdo midiendo la velocidad con una pistola de radar (lo vi por televisión) fue a Mike Brito, un cubano que era buscador de talentos de los Dodgers de los Ángeles y que fue justamente el que descubrió a Fernando Valenzuela. Por cierto, hay quienes creen que Valenzuela fue el primer beisbolista mexicano que jugó en las Ligas Mayores. En realidad hubo muchos otros antes que él, comenzando por Beto Ávila que fue campeón mundial de bateo en 1954, jugando para los Indios de Cleveland en la posición de segunda base. Después llegaron otros como Jorge el “Charolito” Orta, Ángel Moreno y Aurelio Rodríguez, entre los que yo recuerdo. De hecho a Rodríguez yo lo vi jugar la tercera base con los Diablos Rojos del Club México, en el parque del Seguro Social que lamentablemente fue demolido para construir allí un centro comercial. En total han participado cerca de 150 jugadores mexicanos en las grandes ligas, cantidad que representa más o menos la mitad de los provenientes de la República Dominicana. Actualmente hay doce jugadores mexicanos que participan en las ligas mayores, la gran mayoría son pitchers. Se les paga muy bien y eso es un incentivo para quienes vienen de abajo, esforzándose por llegar a los más altos niveles de éxito.

A propósito de la credibilidad en los deportes de masas, me llamó la atención que un alto dirigente de la Federación Mexicana de Futbol declaró que ya está sobre la mesa de discusión por parte de la FIFA el someter a revisión electrónica las jugadas que pueden influir en el resultado final de un partido: penales, jugadas fuera de lugar, certificación de que los balones sobrepasen completa la línea de gol. Es una buena noticia porque la FIFA siempre se había negado a implementar ese tipo de medidas, eso aligera la responsabilidad de los árbitros. Justamente a través del control de los árbitros es como se había logrado el amaño de algunos partidos.

Quienes se oponen a la revisión electrónica lo hacen bajo el argumento de que se alargan mucho los partidos. En el caso del béisbol no es así. No todas las jugadas se revisan, casi siempre se hacen a juicio del mánager. Si la jugada se presenta al final del partido y la diferencia de carreras es muy alta, generalmente no se pide la repetición. En el futbol soccer podría ocurrir lo mismo, dejando la decisión en manos de los árbitros.

Un amigo me preguntaba si han ocurrido cambios sustanciales en el béisbol a lo largo de su historia. Le contesté que en el caso de la ofensiva, las cosas se mantienen más o menos igual. Lo que sí me parece que ha cambiado es el pitcheo, se ha vuelto muy especializado. Ahora hay lanzadores de una entrada, de dos entradas. Mariano Rivera, el gran relevista panameño de los Yanquis de Nueva York, lanzaba una entrada. Hay ocasiones en que participan seis o siete relevistas, ya casi no se ven juegos en los que un pitcher lanza nueve entradas completas. Hace poco vi un juego en el que el pitcher iba lanzando un juego sin hit ni carrera y lo sacaron en la séptima entrada. Para colmo, perdieron el juego. Lo que también se ve ahora es que todos los jugadores son grandes atletas. Hace poco vi a una tercera base tomar un roletazo, a guante volteado, a unos cuatro o cinco metros detrás de la almohadilla; disparó un riflazo a la primera base y sacó el out. O será que, como dice el viejo dicho, “Dios protege a los terceras bases y a los borrachos”.