Jesús Orozco Castellanos

El pasado primero de noviembre se corrió el Gran Premio de México de la Fórmula 1 en el autódromo Hermanos Rodríguez de la capital del país. De hecho el interés propiamente deportivo era escaso porque en ese momento ya estaba definido el primer lugar del año 2015 en favor del inglés Lewis Hamilton, piloto de la escudería Force India con motores Ferrari. En todo caso era interesante la competencia por los siguientes lugares. Los campeonatos del automovilismo deportivo se desarrollan a lo largo del año con carreras que se llevan a cabo en diversas ciudades; algunas son de las más importantes del mundo. Mi interés por comentar el evento no está centrado en lo deportivo, sino en el excelente nivel de organización que tuvo el Gran Premio.

La organización del evento estuvo a cargo de Alejandro Soberón, fundador y director general de Corporación Interamericana de Entretenimiento, S. A. de C.V., y de Carlos Slim Domit, hijo del magnate de las telecomunicaciones. Debo suponer que la presencia de Slim era una garantía para la convocatoria. Seguramente debe ser difícil que los astros del automovilismo mundial le tomen una llamada telefónica a cualquier hijo de vecino. Incluso es posible que no les sea familiar el nombre de Alejandro Soberón. Pero todo el mundo conoce el apellido Slim, asociado a uno de los hombres más acaudalados del planeta. Por cierto, los comentarios sobre la organización fueron muy positivos. El legendario piloto austriaco Niki Lauda (tiene 66 años de edad y ha sido ganador de varios torneos internacionales) dijo que este Gran Premio es el mejor de todos los que él ha presenciado. El periodista Joaquín López-Dóriga manifestó que el mensaje que se mandó a todo el orbe es que en México se pueden hacer las cosas cuando se quiere…y se hacen bien. O sea que, en pocas palabras, sí se puede, cuando se pone todo el empeño.

Hace 23 años que no se efectuaba el Gran Premio de México, sobre todo por razones financieras. Hacía falta mucho dinero para remodelar el autódromo Hermanos Rodríguez cuya construcción se inició en los años 50 durante el gobierno del presidente Adolfo López Mateos, aficionado al automovilismo. Finalmente, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, el doctor Miguel Ángel Mancera, aprobó una inversión de 100 millones de pesos para la construcción de dos edificios dentro del autódromo (el central y el de medios de comunicación) y para la readecuación de la pista. Todo mundo se quedó maravillado con las instalaciones. Considerando que asistieron casi 135 mil personas y que el boleto más barato costaba 2,500 pesos y los más caros, en la zona de “pits”, oscilaban entre los 12 mil y los 18 mil pesos, la inversión del doctor Mancera se recuperó con creces. Es un gran incentivo para el futuro.

Obviamente el Presidente Peña Nieto hizo un recorrido por el autódromo tres días antes del evento. El día primero de noviembre asistieron con la representación presidencial la secretaria de Relaciones Exteriores Claudia Ruiz-Massieu y el secretario de Turismo Enrique de la Madrid Cordero. El doctor Mancera no podía faltar. Estuvo presente con su familia el ex presidente Felipe Calderón Hinojosa. Solamente una persona le silbó cuando se anunció su presencia. En varias ocasiones hemos comentado que su fama como Presidente de la República fue buena. Su problema fueron los medios de comunicación. También asistió a la carrera el ex monarca español Juan Carlos de Borbón. En el evento no pudieron faltar los mariachis. Había como cinco. El himno nacional fue cantado por un coro de niños indígenas de Oaxaca.

Vinieron unos 20 pilotos con sus ayudantes, mecánicos y vehículos. Había que darles alojamiento, comida y transporte dentro de la ciudad de México. Estuvieron prácticamente una semana. Algunos pilotos fueron a Teotihuacán, otros más a Xochimilco, algunos a Garibaldi para escuchar mariachis. En fin, conocieron varios sitios emblemáticos de la Ciudad de México. Esperamos que hayan ido al Museo Nacional de Antropología, el mejor del mundo en su género. La obra arquitectónica es majestuosa. Si no lo hicieron, podría ser el año próximo. Se reportó una ocupación hotelera del 100%, algo histórico, pues casi nunca se rebasa el 80%. Además, las tarifas estaban al doble. Lo que más llamó la atención de los pilotos, según dijeron, fue la comida mexicana.

El contrato para el Gran Premio es por cinco años. Se ha comentado que para el año próximo se tiene pensado presentar una serie de espectáculos musicales en el Auditorio Nacional. Digamos que un día estaría Juan Gabriel; otro, Vicente y Alejandro Fernández; otro más, Fernando de la Mora y Ramón Vargas; al día siguiente, Eugenia León y Aída Cuevas. De ese nivel. Además, los pilotos irían a nuestras ciudades coloniales: Zacatecas, Guanajuato, Morelia, Puebla, Oaxaca. Claro que los europeos tienen ciudades medievales espléndidas pero el barroco mexicano tiene lo suyo. Sólo pensemos en la fachada de la catedral de Zacatecas, la parroquia de Guadalupe en Morelia, la capilla del Sagrario en la catedral de Puebla y la iglesia de Santo Domingo en Oaxaca, joya del barroco en América, como dijera el maestro José Vasconcelos. Se pretende, pues, en los próximos años, que los grandes ases del automovilismo mundial tengan una idea del esplendor de la cultura mexicana. Ni más ni menos. Por lo demás, el transporte no representaría problema alguno. Es enorme la flota de aviones y helicópteros de la Secretaría de la Defensa y la Marina, del Estado Mayor Presidencial, del gobierno de la Ciudad de México y del gobierno del estado de México.

  1. D. En mi artículo anterior toqué el tema del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. En 1995 se pensó en la posibilidad de construir la terminal aérea internacional en los terrenos de la base militar de Santa Lucía. El entonces Secretario de la Defensa Nacional instruyó al comandante de la base militar para que realizara un estudio de viabilidad. El comandante realizó el estudio y llegó a la conclusión de que la construcción de un aeropuerto civil en la base militar de Santa Lucía era prácticamente imposible por dos razones. La primera porque el suelo de la base militar es arcilloso debido a que antes hubo allí un lago, de manera que no soportaría las operaciones de aviones de gran tonelaje. Se producirían hundimientos importantes. La segunda razón era de seguridad nacional. El Ejército no puede compartir su principal base aérea con autoridades civiles que necesariamente se habrían de enterar, en detalle, de las maniobras de la Fuerza Aérea Mexicana. Por todo lo anterior, se desechó por completo la construcción del aeropuerto internacional de la Ciudad de México en la base militar de Santa Lucía. De cualquier forma, comentó el periodista Ciro Gómez Leyva, con la construcción del nuevo aeropuerto internacional que se tiene proyectada, el gobierno federal le estará “dando parque” a Andrés Manuel López Obrador durante casi tres años. Va a decir que el costo del nuevo aeropuerto es criminalmente alto y que sólo tiene por objeto favorecer a un grupo de empresarios, beneficiados por “la mafia del poder”. Gómez Leyva señala que él ve a AMLO cada vez más cerca de cruzarse la banda presidencial. ¿Será? Como sea, no se puede suspender una obra crucial para el desarrollo del país para no darle armas a un aspirante a Presidente.