Jesús Orozco Castellanos

Acabo de leer el libro “Orfandad. El padre y el político”, de Federico Reyes Heroles González Garza (Ed. Alfaguara, México, 2015). Se trata de un relato biográfico sobre su padre, don Jesús Reyes Heroles, quien tuvo dos hijos: Jesús y Federico. El primero es economista y ha desempeñado diversos cargos, incluyendo el de secretario de Energía durante el gobierno de Ernesto Zedillo. Federico es egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, institución en la que ha desempeñado diversos cargos. Ha publicado varios libros y escribe una columna semanal en un diario de circulación nacional. Cuenta que en alguna ocasión se encontró a su padre en esa Facultad porque allí daba clases cuando Federico era estudiante. Le dijo a don Jesús que tenía mucho sueño y que al día siguiente tendría un examen. Le preguntó con qué se le podría quitar el sueño. Le dijo que se pusiera alcohol en los testículos. Siguió el consejo y comenta que no sólo se le quitó el sueño sino también las ganas de vivir. ¡Vaya broma! Era como para dejar de hablarle. Jesús y Federico realizaron sus estudios en el Colegio Alemán, donde aprendieron inglés, francés y alemán. Una formación de primera.

El libro es muy agradable. En realidad es un anecdotario sobre el padre del autor. Pienso que don Jesús Reyes Heroles, fallecido en marzo de 1985, es una de las figuras públicas más importantes del México contemporáneo. Combinó el desempeño de cargos públicos con una intensa actividad intelectual. Es autor de un libro clásico: “El liberalismo mexicano”, publicado en tres tomos por el Fondo de Cultura Económica. Don Jesús fue diputado federal, director general de Petróleos Mexicanos, director general del Instituto Mexicano del Seguro Social, presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, secretario de Gobernación y secretario de Educación Pública.

Lo conocí más o menos de cerca, aunque no lo traté. Cuando él fue secretario de Educación Pública, de 1982 hasta su muerte, yo trabajaba en esa dependencia. Era un hombre adusto, muy exigente. Le molestaba muchísimo, por ejemplo, llegar a su oficina y encontrar al personal comiendo. Era también pulcro, muy bien vestido y de buenos modales. Difícilmente se traslucía que era una persona de carácter muy fuerte, en ocasiones intolerante. Fue también un fumador empedernido (eso le provocó la muerte), buen gourmet y bebedor fino (le gustaban los buenos vinos españoles y el whisky).

Reyes Heroles nació en Tuxpan, Veracruz, en 1921. Era más o menos contemporáneo de Luis Echeverría y José López Portillo. Sus padres eran de origen español. Eso le impedía llegar a ser presidente de la República porque el artículo 82 de la Constitución señalaba como requisito ser mexicano por nacimiento e hijo de padres mexicanos por nacimiento. Después se modificó y eso le permitió a Vicente Fox convertirse en presidente de la República en el año 2000. Nadie sabe para quién trabaja. El ex presidente Díaz Ordaz le insistió a Reyes Heroles en el tema, dándole a entender que la Constitución se podía cambiar. Le dijo que el padre del ex presidente Manuel Ávila Camacho no era mexicano, algo que Reyes Heroles desconocía, y que el padre del ex presidente Adolfo López Mateos era guatemalteco, lo que sí era del conocimiento de don Jesús, que siempre se opuso al cambio constitucional. Quien sí estaba de acuerdo en la modificación era el profesor Carlos Hank González, también impedido de llegar a la Presidencia porque su padre era de origen alemán. Por cierto, cuando López Portillo despidió a don Jesús de la Secretaría de Gobernación, el profesor Hank, que en ese entonces era regente de la Ciudad de México, invitó a don Jesús a comer en un lugar público, “para que nos vean”, le dijo el ex regente.  O sea que no renegaba de sus amigos. Eso hablaba muy bien de Hank, que era todo un experto en el tema de las relaciones públicas. Contaba don Jesús que el profesor Hank saludaba por nombre a los meseros y al personal de la cocina. Les preguntaba cómo les había ido a sus hijos con sus calificaciones en la secundaria o la preparatoria.

Pienso que don Jesús Reyes Heroles fue una de las figuras señeras en la historia reciente del país. Tenía muy claro que para terminar con lo que él llamaba el “México bronco”, el México de las guerrillas de los años 70, había que abrir la participación política a todas las fuerzas en contienda. La reforma política emprendida por él en 1977 hizo posible, entre otras cosas, la legalización del Partido Comunista Mexicano, que había venido actuando en la clandestinidad. Esa reforma fue el inicio de la democratización de México. Sin ella difícilmente se hubiera dado la alternancia en el poder a partir del año de 1997 en la Cámara de Diputados y la del año 2000 en la Presidencia de la República y en el Senado. Don Jesús no vivió para ver el resultado de la transformación iniciada por él. Cuenta Federico Reyes Heroles que para buscar los consensos que requería la reforma, su padre fue a visitar a don Gonzalo N. Santos, el famoso cacique potosino conocido como el “alazán tostado”, que se ufanaba de haber matado personalmente con su ametralladora Thomson a unos 20 partidarios del general Juan Andrew Almazán en las elecciones presidenciales de 1940. Don Gonzalo vivía en su casa del Pedregal de San Ángel. En la cocina tenía a unas mujeres indígenas de la huasteca potosina que le preparaban las tortillas como a él le gustaban. Don Jesús tuvo que ir a ver a semejante dinosaurio para tratar de convencerlo de las bondades de su reforma. Don Gonzalo, al igual que don Fidel Velázquez, era de los que decían que ellos habían llegado al poder con las armas en la mano y sólo a balazos estarían dispuestos a entregarlo. Una diferencia fundamental entre ambos personajes fue que don Gonzalo era un político profundamente corrupto y no así don Fidel, a quien conocí personalmente. Sus hijos estudiaban en la UNAM y se comportaban como cualquier estudiante de clase media, sin mayores lujos. Don Fidel era austero en la comida y en la bebida. Esto llama la atención porque estuvo al frente de la CTM, la principal central obrera del país, durante más de 40 años. Su pasión era el poder, no el dinero.

Otra característica distintiva de don Jesús Reyes Heroles era su sentido de la ética. Habiendo ocupado cargos tan importantes, lo único que tenía como patrimonio familiar era su casa de Arenal No. 13 en el sur de la Ciudad de México, su casa de Cuernavaca, su biblioteca de 40 mil volúmenes y un automóvil. Se iba todos los viernes a Cuernavaca. Llegaba a cenar al famoso restaurante “Las Mañanitas”, fundado por el norteamericano Robert Krause. Yo llegué a ir varias veces. Era espléndido. Tenía un enorme jardín con pavorreales. Allí le servían a uno el aperitivo y clavaban una especie de banderilla con el menú en la parte de arriba. Se ordenaba la comida y el mesero decía: “Su mesa estará lista a las tres con 28 minutos”. Eran muy puntuales. La comida era exquisita y el café y los postres se servían en una terraza especial. En una ocasión que iba a Cuernavaca, don Jesús pidió por teléfono que le consiguiéramos un libro: “Eminencia gris” de AldousHuxley. Lo encontramos en una librería de viejo y un compañero se lo llevó en una motocicleta. Lo alcanzó antes de llegar a Cuernavaca. Le sacamos copia. Es de antología y creo que uno de los mejores libros que he leído en mi vida.