Jesús Orozco Castellanos

El pasado siete de junio se llevaron a cabo las elecciones federales para definir a los integrantes de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Hubo también elecciones concurrentes en nueve estados de la República para elegir gobernadores, diputados locales y presidentes municipales. Algunos municipios renovaron sus ayuntamientos, como fue el caso de Mérida y Cuernavaca, donde ganó el ex futbolista Cuauhtémoc Blanco, quien al enterarse de su triunfo, de acuerdo con el columnista Francisco Cárdenas Cruz, dijo con singular alegría: “Ya me los chingué”. ¡Vaya desfiguro! El sujeto es impresentable. El poeta Javier Sicilia, que vive en Cuernavaca, afirma que Blanco es intolerante, terriblemente irascible y profundamente ignorante. A ver cómo les va. Por lo pronto empezó mal.

Como en toda elección, hubo ganadores y perdedores. El PRI alcanzó la mayor votación, con el 29% del total. La coalición con el Partido Verde y con Nueva Alianza le permitirá tener la mayoría en la Cámara con 260 diputados (la integran 500). Sin embargo, la votación del PRI se redujo en comparación con la intermedia del 2009. En realidad es la votación más baja de los últimos 15 años. Además, perdió tres estados importantes: Nuevo León, Michoacán y Querétaro. Recuperó Sonora y se consolidó en Campeche. En San Luis Potosí ganó con una diferencia de 2% y tal vez se podría judicializar el proceso, lo mismo que en Colima, donde la diferencia con el PAN fue de 0.16% (487 votos). Con los procesos de revisión de boletas y actas y con las impugnaciones que vendrán, el escenario es impredecible. Si gana el PRI en Colima, habrá obtenido cinco de las nueve gubernaturas disputadas (Sonora, San Luis Potosí, Colima, Guerrero y Campeche). Si gana el PAN en ese estado, tendría la ventaja en tres entidades (Baja California Sur, Querétaro y Colima). El PRD ganó en Michoacán pero perdió seis de las 14 delegaciones que tenía en el Distrito Federal. En Nuevo León arrasó el candidato independiente Jaime Rodríguez Calderón, alias “el bronco”. El periodista Ciro Gómez Leyva sostiene que el presidente Peña Nieto salió “tablas” en esta elección. Yo diría que cuando mucho. El historiador Héctor Aguilar Camín dice que el triunfo de Peña es insuficiente para el despliegue del proyecto reformador. Varios analistas en Estados Unidos coinciden con esta apreciación. Personalmente pienso que la reforma energética sí puede avanzar porque va más allá de las coyunturas electorales. El mercado de los energéticos se rige por sus propias reglas, básicamente la oferta y la demanda.

La elección del siete de junio es una de las más complejas que me ha tocado presenciar. Finalmente hubo una distribución del poder muy marcada. Por ejemplo, el PAN ganó en Guanajuato, especialmente en León, pero sufrió una seria derrota en Guadalajara y su zona metropolitana, donde se impuso el candidato Enrique Alfaro, del Movimiento Ciudadano. Alfaro perdió antes la elección para gobernador frente a Aristóteles Sandoval, que ha sido acusado de actos de corrupción y de permitir la intervención indebida de su padre en los asuntos políticos de Jalisco. Alfaro se perfila como un fuerte candidato para la próxima elección de gobernador que será en el 2018.

Un claro perdedor fue el PRD, como apuntamos. En cambio, MORENA consiguió el 8.5% de la votación total y esto constituye una base más que suficiente para las aspiraciones presidenciales de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) hacia el 2018. Por eso estaba eufórico. Dijo que ese porcentaje de votos para un partido incipiente le parece un enorme logro. Por lo pronto ya tiene partido propio y nada ni nadie le impedirá ser candidato presidencial dentro de tres años, como ya lo ha dicho.

Otro perdedor fue Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Todos sus candidatos fueron derrotados. En cambio, Ricardo Monreal, alfil de AMLO, ganó la delegación Cuauhtémoc (muy importante), y en la Miguel Hidalgo (igualmente importante), contra todos los pronósticos se impuso la abanderada del PAN, Xóchitl Gálvez. Tanto Monreal como Gálvez se perfilan como posibles sucesores de Mancera.

El fenómeno de los candidatos independientes ha llamado la atención dentro y fuera de México. La más reciente reforma electoral les abrió la puerta y destaca no sólo el caso del “bronco” en Nuevo León, sino el de otros como el de Alfonso Martínez en Morelia, el de Pedro Kumamoto (un joven egresado del ITESO con sólo 25 años de edad y que ganó una diputación federal en Jalisco), o el de Manuel Clouthier Carrillo (hijo del famoso “Maquío”) que ganó la elección en un distrito de Sinaloa. En muchos casos el hartazgo de la gente frente a los partidos se está canalizando hacia los independientes. Nuevo León es el ejemplo más representativo. El gobernador Rodrigo Medina y su familia han sido señalados como responsables de hechos de corrupción, especialmente por las residencias que, de acuerdo con la voz pública, adquirieron en el sur de Texas. El descontento fue capitalizado por Jaime Rodríguez, “el bronco”, que llevó a cabo una campaña con muy poco dinero, apostándole principalmente a las redes sociales. Esto último es algo que muy probablemente volveremos a ver en los procesos electorales por venir.

Finalmente, veamos lo que pasó en Aguascalientes. Aquí ganó el PAN los distritos II y III, que corresponden básicamente a la zona urbana de la capital del estado. En el distrito I, que es el rural, ganó el candidato del PRI. Las cifras son muy importantes. En el distrito II, la candidata del PAN, Arlette Muñoz obtuvo 33,345 votos, mientras que su contrincante del PRI, María de los Ángeles Aguilera (“la china”), tuvo 32,857. Es una diferencia de 488 votos, apenas el 1.5% del total. En el distrito III la diferencia entre el primero y el segundo lugar es más amplia. Jorge López Martín, el candidato del PAN, ganó con 35,451 sufragios, en tanto que el candidato del PRI, el doctor José de Jesús Ríos Alba, tuvo 27,169. La diferencia es de 8,282 votos, que representan un 7.6% del total. En el distrito I, el candidato del PRI, Gregorio Zamarripa, obtuvo 32,168 votos, en tanto que el panista Gerardo Salas Luján quedó en segundo lugar con 31,732 votos. La diferencia es de 436 votos, el 1.4%. Este último resultado es sorprendente. Tradicionalmente ganaba el PRI ese distrito por un amplio margen. Ahora se cerró la elección. Solamente un análisis posterior nos permitiría saber qué fue lo que influyó: el perfil de los candidatos, el tipo de campañas, la difusión en medios, etc.

Creo que lo ocurrido en Aguascalientes en esta elección no representa un adelanto de lo que podría ocurrir el año próximo en la elección para definir la gubernatura. La ventaja alcanzada por el PAN, de alrededor de 7.5% de la votación total, se dio en un escenario de tres candidatos diferentes, con sus propias fortalezas y debilidades. En el 2016 cada partido contendiente tendrá un solo candidato o candidata. Estará en juego el carisma personal, el contacto con la gente, el uso de los medios, el manejo de las encuestas, la intensidad de las campañas, la situación económica local, etc. Será una batalla personal, sin treguas ni concesiones, como debe ser toda contienda democrática. Al tiempo.